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El verdadero precio de ser mujer soltera en España

El cine nos enseñó que vivir sin pareja significaba zapatos, cócteles, amigas y una agenda sentimental entretenida. Las estadísticas españolas añaden detalles como pagar sola el alquiler y la luz

Durante seis temporadas, Sexo en Nueva York consiguió convencernos de que la principal dificultad económica de una mujer soltera consistía en decidir si podía permitirse otros Manolo Blahnik. Carrie Bradshaw vivía sola en Manhattan, escribía una columna semanal y tenía presupuesto para cenar fuera varias noches por semana. Sus amigas tampoco parecían excesivamente preocupadas por la tarifa de la luz.

Después llegó Bridget Jones para democratizar un poco el asunto. Menos alta costura, más vino blanco y una angustia considerable ante la posibilidad de morir sola y ser devorada por un pastor alemán. Y más recientemente, Materialistas, la película de Celine Song protagonizada por Dakota Johnson, Pedro Pascal y Chris Evans, ha actualizado la soltería para la época de las aplicaciones y ha convertido la búsqueda de pareja casi en una operación de mercado. Lucy es una casamentera profesional de Nueva York atrapada entre el candidato perfecto y rico y el exnovio imperfecto.

La ficción ha evolucionado y también las facturas. ¿Cuánto cuesta la soltería? Según el Censo Anual de Población, el 34,9% de la población española es soltera. Alrededor de 6,5 millones de mujeres civilmente solteras, aproximadamente una de cada cuatro residentes. Soltera significa que no se ha casado; no que carezca necesariamente de pareja, hijos o convivencia.

Lo que sí está aumentando es el hogar de una sola persona. España partía de unos 5,4 millones de hogares unipersonales en 2024 y la última proyección del INE calcula que en 2041 habrá 6,7 millones, el 30,6% de todos los hogares. Serán entonces el tipo de hogar más frecuente. Entre las mujeres mayores pesan especialmente la viudedad y la mayor longevidad; en edades jóvenes y medias, la distribución por sexo está más equilibrada.

La mayoría de los ciudadanos no comprenden todos los conceptos que aparecen en la factura de la luz.
Una persona consulta sus facturas.

Habitación propia, mando a distancia propio y nadie preguntando por qué hay que tener cinco cojines encima de la cama. Hasta aquí, estupendo. El problema empieza cuando llega el recibo. El INE calcula el gasto por hogares y no permite establecer que toda persona sola pague una cantidad idéntica de más. Pero la aritmética doméstica es sencilla. Una nevera cuesta prácticamente lo mismo para una persona que para dos.

La Encuesta de Presupuestos Familiares del INE situó en 2025 el gasto medio en 34.044 euros por hogar y 13.626 euros por persona. Un estudio comercial de Raisin difundido en 2025-2026 intentó poner cifra al fenómeno y calculó una diferencia de unos 760 euros mensuales, que podría superar los 930 euros de ingresos adicionales si se pretende mantener un nivel de vida equivalente al de una persona que comparte gastos en pareja. No es un dato oficial y depende de la vivienda, la ciudad y la renta.

La vivienda es precisamente donde el romanticismo empieza a resultar rentable. Alquiler o hipoteca: una persona paga el 100%; dos pueden repartirlo. Electricidad, Internet o seguros contienen cuotas fijas que pueden dividirse. Lo mismo ocurre cuando se rompe la lavadora, hay que cambiar la caldera o comprar un sofá. Incluso el supermercado conserva cierta querencia por la familia: envases grandes, formatos ahorro y productos pensados para varios consumidores. Viajar sola puede implicar suplementos individuales y nadie comparte contigo taxi, gasolina o habitación.

Para los hogares unipersonales menores de 65 años y con renta baja, EsadeEcPol calcula que el coste residencial se aproxima o supera el 60% de los ingresos en los grandes países europeos estudiados, muy por encima del 40% que se utiliza como umbral europeo de sobrecarga.

La mítica serie noventera, "Sexo en Nueva York"
El reparto de ‘Sexo en Nueva York’.
HBO

El banco no ama a la mujer soltera

No existe ninguna penalización legal por presentarse soltera ante el director de un banco, pero tampoco una hipoteca para solteronas con interés especial. Las entidades analizan ingresos, empleo, ahorro, patrimonio, gastos y deudas. El Banco de España utiliza como referencia prudente que el endeudamiento total no supere aproximadamente el 40% de los ingresos netos mensuales.

La dificultad es matemática: una sola nómina concentra todo el riesgo. Una pareja puede aportar dos salarios, dos trayectorias laborales y mayor capacidad para soportar un despido o una baja. Una compradora sola puede, por tanto, obtener una hipoteca menor, necesitar más entrada o requerir un aval. El banco no castiga la soltería, pero premia disponer de dos ingresos.

El perfil de quien consigue comprar sola da una pista. Según iAhorro, en 2025 tenía de media 38,2 años, unos ingresos netos de 3.060 euros mensuales y 86.684 euros ahorrados. Fotocasa, por su parte, estimó que los compradores en solitario habían pasado del 25% en 2023 al 32% en 2025, aunque comprar solo tampoco significa necesariamente estar soltero.

¿Y ellas realmente quieren estar solas?

Aquí también conviene desmontar otra película. Ni millones de españolas están esperando desesperadamente a Mr. Darcy, ni se ha producido una insurrección nacional contra los hombres. Lo que sí ocurre es que una mujer con independencia económica puede permitirse decidir que una mala relación es peor negocio que ninguna. Especialmente cuando implica asumir una parte desproporcionada de cuidados, tareas domésticas o carga mental. A pesar de todo, según un estudio del CIS de marzo de 2026, el 73,5% de los españoles considera importante tener una relación sentimental para ser feliz y el 69,2% declara tener pareja.

Pero si cada vez hay más hogares de una persona, ¿por qué seguimos organizando económicamente la vida como si todo adulto tuviera que formar pareja? Empiezan a crecer fórmulas como el cohousing, las cooperativas en cesión de uso y el coliving de larga estancia. Y aparece una alternativa especialmente significativa: comprar vivienda con una amiga o un familiar, sumando entrada e ingresos sin que exista relación sentimental. También se organizan redes de cuidados entre amigas, coparentalidades planificadas y servicios compartidos.
Las mujeres no han dejado de querer el amor. Lo que han dejado de aceptar es que sea condición indispensable para construir una vida adulta. El problema es que la sociedad ya ha aprendido a vivir con la soltería, pero la economía todavía no.

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