Que una de las tendencias de belleza para la primavera-verano 2026 sea, precisamente, la ausencia de ellas, no deja de resultar curioso. La redundancia que esconde su significado lo hace bajo el precepto de inscribirse en un movimiento más amplio que prioriza la naturalidad y el denominado no-makeup makeup (o lo que es lo mismo: maquillaje sin maquillaje). Dentro de este fenómeno, el término con mayor calado viral ha sido (desde que surgiese como nicho el verano pasado) el de la falta de pestañas visibles al ojo con la explosión del concepto de ghost lashes (literalmente, pestañas “fantasma”).
En esencia, estas nuevas pestañas consisten en un acabado casi imperceptible que realza la mirada sin recurrir al uso intensivo de máscara de pestañas. Popularizado especialmente entre la Generación Z y ampliamente difundida en redes sociales, pasarelas y alfombras rojas, este término propone una ruptura con el canon dominante décadas: pestañas densas, oscuras y altamente voluminosas.
Ya sea en bandera de abrazar la autenticidad o en un concepto lógico que aboga por la practicidad, lo cierto es que el minimalismo cosmético a nivel maquillaje es una noticia que celebrar por muchos motivos. El primero, es la idea (casi el ideal) de que el maquillaje deja de ser un elemento transformador para convertirse en un recurso esencial, que acompaña y potencia los rasgos propios sin ocultarlos. En este sentido, las ghost lashes permiten que otros elementos del rostro (como la piel luminosa o los labios) adquieran mayor relevancia, contribuyendo a una estética más equilibrada y menos recargada.
Además, el nuevo pacto tácito hace lo propio (y más práctico) con la subida de las temperaturas, desdeñando la máscara de pestañas por productos más prácticos o en menor medida, en favor de la ausencia de ellos. “El objetivo no es eliminar completamente la definición ocular, sino lograr un equilibrio en el que las pestañas aparecen cuidadas, separadas y ligeramente curvadas, pero sin protagonismo evidente. Esta técnica se centran en realzar las pestañas naturales de forma casi imperceptible”, dice el maquillador Manuel Espinoza, relacionándola directamente con el concepto minimalista más noventero.
Así, el quiz de la cuestión (y de la tendencia) está en cómo alcanzar este efecto con una pátina de resplandor y prescindiendo del rímel. En este caso, los expertos coinciden en que la clave reside en sustituirlo por alternativas más sutiles como máscaras de pestañas transparentes (como las que muchas usábamos en la adolescencia) en fórmulas tipo sérums, o directamente cambiar los tonos más oscuros por tonos marrones y topo, más cercanos al color de la pestaña natural y que aporten la fijación necesaria sin añadir dramatismo.
“Como alternativa a prescindir del rímel, puedes usar uno marrón que tenga una fórmula ligera, que aporte forma y curvatura, pero no en exceso y que tampoco aporte demasiado color ni volumen. Es importante que no sea densa ni waterproof para no recargar el ojo ni haga más rígidas las pestañas”, tal y como explica la maquilladora Paula Aroca.
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Definir (y recuperar) una mirada mas saludable
El objetivo en esta tendencia es, según Aroca, el de “crear una mirada luminosa, abierta y muy natural, que no esté definida únicamente por el rímel”. “Se trata de una forma de maquillaje minimalista, que conecta mucho con estéticas como la Clean Girl o el Makeup no-makeup”, cuenta la experta y embajadora de Druni. Eso sí, la experta aclara que esta tendencia no implica renunciar al maquillaje por completo. “No es lo mismo que ir sin maquillar; el Ghost Lash consiste en dar protagonismo a otras zonas del rostro, como el embellecimiento de la piel o los labios, y suavizar la mirada para que parezca que llevas cero producto, aunque en realidad haya una intención y una técnica detrás”, añade la maquilladora.
Además de esta dimensión estética, existe otra ventaja práctica de la tendencia. “Al reducir o eliminar el uso de productos cosméticos en las pestañas, se minimizan problemas habituales como el apelmazamiento, el borrado del maquillaje o la irritación ocular”. Asimismo, muchos otros expertos señalan que esta práctica puede favorecer la salud de las pestañas, al permitirles “descansar” y crecer con mayor fortaleza.
Junto a todas estas cuestiones, el éxito del make up no make up responde deseo de naturalidad que cada vez se impone más en belleza. “Muchas mujeres están cansadas de lidiar con grumos, manchas de rímel, fórmulas que resecan o debilitan las pestañas. Con esta tendencia lo que se pretende es descansar de todo lo anterior y fortalecer la mirada desde una estética más sencilla”, cuenta Aroca. Y no solo es una máxima estética de fácil cumplimiento y mantenimiento, sino que también aboga por recuperar la salud de las pestañas (en caso de estar debilitadas). “Si estás acostumbrada a usar pestañas postizas, extensiones o máscaras muy pesadas, este cambio puede ser un respiro para tu mirada. Dejar las pestañas al natural favorece su crecimiento, su flexibilidad y su caída natural”, añade la experta.
Modo de uso y consejos de pro
En cuanto a la aplicación con producto, el enfoque es deliberadamente sencillo: basta con rizar las pestañas, peinarlas o aplicar tratamientos nutritivos puramente, priorizando siempre un resultado limpio y natural. “La clave está en dar definición sin dramatismo. Puedes trazar una línea muy fina con un lápiz de ojos marrón o aplicar una sombra suave en la raíz de las pestañas superiores”, indica Aroca. “Eso da estructura al ojo, pero sin endurecer la expresión”. También es posible difuminar el producto con la ayuda de un pincel para que se integre bien y quede “lo más natural posible”, aconseja.
Aunque rizar las pestañas parezca un gesto menor, puede marcar la diferencia en este ritual. “El rizador es esencial si no vas a usar máscara. Te ayuda a abrir el ojo, levantar la mirada y dar la sensación de que las pestañas son más largas. Y al no haber producto, se ven más ligeras, más naturales y sutiles”, señala la experta. Otra clave, según la maquilladora, es controlar la cantidad de producto que apliquemos, de forma que quede casi imperceptible en un primer vistazo. “Puedes aplicar una capa finísima y luego peinar las pestañas con un goupillon limpio, sin producto, para retirar el exceso. Así se consigue un efecto más definido, pero sin que se note que vas maquillada”, aconseja.
Como tercer y penúltimo paso, Aroca recomienda la utilización de un sérum con péptidos o ingredientes que estimulen el crecimiento de las pestañas y aportar, ya de paso, ese acabado brillante y peinado que “hace que parezcan cuidadas, aunque no estén maquilladas”. “Hay sérums maravillosos con activos que potencian el crecimiento y la densidad de las pestañas”, explica.
Para terminar, la clave para practicar correctamente el look Ghost Lash está en compensar la sencillez de los ojos con otros elementos. “Puedes usar un colorete cremoso que aporte frescura al maquillaje y un labial semimate con acabado aterciopelado en tonos rosados o rojizos, que capten la atención. Así el foco no está en los ojos, pero la armonía del rostro se mantiene”, surgiere Aroca.
Sobre todo, y más allá de una tendencia viral ansiada por muchos y cuestionada por otros, este cambio de paradigma oficializa también un nuevo rumbo en los ideales de belleza contemporáneos, más alejados de la tiranía de los flashes y las pantallas, y más cercanos conjuntamente a la naturalidad, la autenticidad y, sobre todo, el auto-cuidado.
