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Gabriela Hinojosa: “Cuando tienes claro qué es lo importante, todo lo demás acaba encontrando su sitio”

La chef Gabriela Hinojosa atraviesa una etapa de plenitud en la que la familia, la cocina y los nuevos proyectos marcan el rumbo de su vida

Cambió los mercados financieros por los fogones y convirtió su mayor afición en una profesión. Hoy, Gabriela Hinojosa se siente afortunada por dedicarse a la cocina sin renunciar a su principal prioridad, su familia. Madre de tres hijos, reparte su vida entre la luz mediterránea de Valencia y la inspiradora cultura gastronómica de San Sebastián, mientras aprende a conciliar el trabajo, la maternidad y esos momentos cotidianos que dan verdadero sentido a los días.

Lejos de la imagen de mujer que llega a todo, reconoce el cansancio, las dudas y la necesidad de parar, pero también reivindica la organización, la claridad de prioridades y el valor de atreverse a salir de la zona de confort. En esta entrevista habla de las sobremesas familiares, de las recetas que saben a hogar, de sus veranos en El Puerto de Santa María y de un sueño profesional que empieza a tomar forma… poner en marcha su propio catering. Hablamos con ella.

Gabriela, ¿en qué momento personal y profesional te encuentras ahora mismo?

Personalmente, creo que estoy viviendo uno de los mejores momentos de mi vida. Me siento muy plena porque he conseguido lo que siempre fue mi gran prioridad: formar una familia. Tengo tres hijos maravillosos y sanos, un marido al que adoro y, sinceramente, me considero una persona muy afortunada.

En el plano profesional también puedo decir que soy una privilegiada. Me dedico a lo que siempre soñé hacer: la cocina. Es mi profesión porque vivo de ello, pero, en realidad, sigue siendo mi pasión y mi mayor hobby. Tener la suerte de convertir aquello que más te gusta en tu trabajo es un regalo.

Después de una etapa tan intensa, ¿cómo ha cambiado tu vida? ¿Qué parte de tu antigua rutina echas de menos?

Mi vida ha cambiado por completo. Pasé de dedicarme al mundo financiero, para el que estudié y en el que me licencié —banca, fondos de inversión, mercados…— a vivir rodeada de fogones. Es un giro de 180 grados.

Si tuviera que decir qué echo de menos de aquella etapa, probablemente sería la rutina. Tener un horario fijo, levantarme, salir de casa para ir a trabajar, compartir el día con compañeros… Soy una persona bastante organizada y estructurada, y esa parte tenía su encanto. Aunque, siendo sincera, hay días en los que lo echo de menos y otros en los que pienso que soy una auténtica afortunada por poder gestionar mi tiempo con mucha más libertad.

¿Qué te gustaría que las lectoras descubrieran de ti que no se ha visto en televisión? ¿Cómo eres cuando se apagan los focos?

Muchas veces, cuando hablo con mis seguidores, tengo la sensación de que creen que soy una especie de “superwoman”: que llego a todo, que nunca me canso y que no tengo malos días. Y no es así.

Me canso como cualquier madre que intenta conciliar el trabajo, la casa, la educación de los hijos,encontrar tiempo para sentarme a hablar con mi marido sin niños gritando de fondo, los amigos… Hay momentos en los que siento que no llego a todo y necesito parar. Luego, al final, normalmente sale adelante, pero creo que la clave está en gestionar bien el tiempo y, sobre todo, tener claras las prioridades. El estrés no lleva a ningún sitio.

En cuanto a mi forma de ser, creo que soy exactamente igual delante de una cámara que cuando se apagan los focos. Quizá lo que más sorprende a la gente es que soy bastante tímida. Hay situaciones que todavía me dan mucha vergüenza y sigo esforzándome por salir de mi zona de confort.

 Tu vida se reparte ahora entre Valencia y San Sebastián, dos ciudades con una personalidad y una cultura gastronómica muy diferentes. ¿Qué te aporta cada una?

Valencia me aporta calidad de vida, luz, mar y una manera muy mediterránea de disfrutar del día a día. Es una ciudad donde mi familia y yo somos felices.

San Sebastián, en cambio, es inspiración. Cada vez que voy disfruto muchísimo de su cultura gastronómica, del respeto absoluto por el producto y de cómo entienden la cocina. Son dos lugares muy distintos, pero ambos forman parte de mi vida y cada uno me aporta cosas que el otro no tiene.

Eres madre de tres hijos. ¿Qué te han enseñado sobre la paciencia, la ambición y la manera de disfrutar de la vida?

Mis hijos me han enseñado que todo es compatible: ser madre, trabajar y disfrutar de la vida. No siempre es fácil, requiere organización, esfuerzo y mucha dedicación, pero creo que la clave está en no perder nunca la perspectiva y saber cuáles son tus prioridades. Cuando tienes claro qué es lo importante, todo lo demás acaba encontrando su sitio.

¿Qué recuerdos te gustaría que tus hijos conservaran de las comidas y los veranos en familia?

Me gustaría que vivieran lo mismo que yo viví de pequeña. Esos momentos en los que toda la familia se sienta alrededor de una mesa, sin móviles, con buena comida y una conversación que fluye sin prisas.

En esas sobremesas se cuentan alegrías, preocupaciones, anécdotas… y se crean recuerdos que duran toda la vida. Me parece muy importante que crezcan con esa sensación de pertenecer a una familia que siempre estará ahí, tanto en los buenos momentos como en los difíciles.

Como mujer, madre y profesional que ha decidido reinventarse, ¿qué significa para ti hoy el feminismo y qué barreras crees que todavía tenemos que romper?

Creo que el feminismo tiene muchas interpretaciones. Yo defiendo plenamente el que busca que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres en el ámbito laboral y en cualquier otro. Somos igual de válidas y debemos tener las mismas opciones.

Lo que no comparto son los extremos ni los discursos que enfrentan a hombres y mujeres. No creo que sean enemigos, sino compañeros. Me gusta pensar que avanzamos mucho más cuando caminamos juntos. Afortunadamente, hoy las mujeres tienen un papel mucho más fuerte y visible que hace años, y creo que eso era absolutamente necesario.

¿Qué plato cocinas cuando quieres celebrar algo y cuál preparas cuando necesitas sentirte en casa?

No tengo un plato concreto para celebrar. Me dejo llevar mucho por el producto de temporada. Si el producto es bueno, fresco y se cocina con respeto, ya tienes medio camino hecho.

Pero si hay un plato que siempre me lleva a casa es el cocido madrileño de mi madre. Cada vez que lo preparo es un éxito absoluto y, para mí, sigue siendo insuperable.

¿Existe alguna receta familiar que nunca cambiarías, por mucho que hayas aprendido sobre cocina?

Sin duda, el cocido madrileño de mi madre. Hay recetas que no necesitan reinterpretaciones porque ya son perfectas. Esa es una de ellas.

¿Cuál es ese restaurante al que siempre te apetece volver y qué nuevo descubrimiento recomendarías para una comida o cena de verano?

Siempre volvería a la Venta Rufana, en El Puerto de Santa María. No solo por la comida, que me parece espectacular, sino por todo lo que representa para mí. Allí he vivido muchas noches de verano con mis padres y mis hermanos, cenando, riendo y alargando la sobremesa hasta que cerraban. Son recuerdos que hacen que un sitio sea especial.

Si tuviera que recomendar un restaurante, dependería mucho de la ciudad. Pero uno que siempre me ha fascinado es El Campero, en Barbate.

¿Cómo sería tu noche perfecta de verano?

En el jardín de mi casa, rodeada de toda mi familia: mis padres, mis hermanos, mis sobrinos, mis hijos… Los niños corriendo por el jardín, los mayores alrededor de la mesa, un buen marisco recién comprado en la lonja o en el mercado, cocinado en casa, una copa de vino blanco bien frío y muchas horas de conversación. Para mí, no existe un plan mejor.

¿Qué planes tienes para este verano y qué lugar te gustaría descubrir o volver a visitar?

Como todos los veranos, pasaré una buena parte del tiempo en El Puerto de Santa María. Allí crecí, mis hijos tienen su pandilla y yo conservo la mía. Es uno de esos lugares a los que siempre quiero volver porque me hace sentir en casa.

Y si pienso en un destino pendiente, no tengo ninguna duda: Japón. Es un viaje que llevo mucho tiempo soñando hacer y me encantaría que coincidiera con nuestro décimo aniversario de boda. Ojalá pueda cumplirlo.

Entre la familia, la cocina y el trabajo, ¿qué pequeño ritual de belleza o bienestar te ayuda a cuidarte?

Me encantaría decir que dedico mucho tiempo al autocuidado, pero la realidad es que soy bastante desastre. Entre el trabajo, los niños y el cansancio, muchas veces el día no da para más.

Eso sí, hay algo que nunca perdono: desmaquillarme bien, lavarme la cara y aplicarme una buena crema antes de dormir. Es mi pequeño momento para mí.

¿Cuál es tu uniforme de verano?

En verano vivo prácticamente en bikini y pareo. Es mi uniforme oficial. Bueno… y un delantal cuando me toca cocinar, que tampoco me lo quito demasiado.

Y por la noche, después de un buen día de playa, me encanta ducharme, ponerme mis cremas, arreglarme un poco —muy poco, porque el moreno ya hace mucho—, ponerme un vestido bonito y salir a cenar. Y si después hay música y se puede bailar, muchísimo mejor. Me encanta bailar.

Para terminar, ¿qué sueño personal o profesional te gustaría haber cumplido cuando llegue el próximo verano?

Me encantaría poder decir dentro de un año que he puesto en marcha mi propio catering. Sé que, con el ritmo de vida que llevo, no será fácil, pero también sé que cuando algo se me mete entre ceja y ceja hago todo lo posible por conseguirlo.

Quizá no llegue tan rápido como me gustaría, pero prefiero intentarlo y quedarme a medio camino que no haber dado nunca el paso. Al final, los sueños también se construyen poco a poco.

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