Moda

Galliano y Kate, un idilio nupcial revulsivo para la fantasía

Un vestido, un genio en la sombra y la modelo más copiada del planeta. Un hito que hizo historia en los tabloides y significó la vuelta oficial del boho-chic a las tendencias bridal

Tal y como dijo Gianni Rodari, y después reformularon Warhol y McQueen: “el mundo necesita más fantasía”. Especialmente el mundo nupcial, un universo siempre a medio camino entre el deseo y la celebración, la ensoñación y lo real, la promesa y lo eterno. Pero si hay alguien que podía permitirse la incorporar/dar vida esa fantasía a la tendencia esa era la top de las tops británicas: Kate Moss

A medio camino entre una ninfa del bosque y una aparición de la realeza, la de Croydon deslumbraba al mundo en su boda con Jamie Hince (guitarrista y cantante del duo The Kills) en 2011 en The Cotswolds, en un acontecimiento que pasaría a la historia de la moda. A pesar de que la finca en Little Farringdon donde se celebró el enlace podía resultar el escenario idílico (no en vano la modelo cuenta con una propiedad allí desde hace más de veinte años, ahora su residencia principal), todas las miradas se posaron sobre el impresionante vestido y el autor del mismo: ni más ni menos que un ciertamente denostado John Galliano. ¿El motivo? El íntimo amigo de la modelo había sufrido una drástica caída de reputación pública tras un incidente protagonizado meses antes en el parisino café La Perle y que le había costado su despido de la casa Dior. 

A sus espaldas quedaban cinco años de éxitos gracias a su perspectiva de la moda como espectáculo teatral y una consecuente (e histórica) ascensión de las ventas. Junto con iconos como el bolso Saddle, el inglés reinterpretó el New Look y vinculó la casa con una lista celebridades que incluían desde oscarizadas actrices de Hollywood hasta la princesa Diana, a quien conoció con apenas 15 años cuando empezaba a dar sus primeros pasos en la industria, entablando una relación de maestra-musa que se afianzó a lo largo de los años. No en vano, el diseñador reconoció que este encargo nupcial (que se hizo en secreto) fue su “rehabilitación creativa” en uno de sus momentos más oscuros.

Quizá por eso quiso plasmar su magia en hacer de este diseño algo tan único como característico de su estilo; un “clásico Galliano” de corte al bies típico de los años 30 y la fantasía que rodea su universo.

De hecho, si hay algo por lo que llama la la atención a simple vista el vestido nupcial de Moss es por su estilo bohemio y retro, como una extensión de la modelo y empresaria. Inspirado en la silueta fluida y alargada de los años 30, Galliano optó por una corte que realzase la naturalidad y la originalidad frente a los vestidos más tradicionales que, desde los años 50, se enfocan en el corte de la cintura.

En una simbiosis entre la decadencia del rock-and-roll que caracterizaba a la top con la fragilidad de la época del jazz, Galliano dijo haberse inspirado en Zelda Fitzgerald para visualizar a Kate caminando hacia el altar. De hecho, el anillo de compromiso que la top lució en su dedo hasta ese día destaca por su marcado estilo Art Déco. Casualidad o no, el proceso fue toda una obra de alta costura, para el que se necesitaron 270.000 lentejuelas doradas y cuentas preciosas cosidas a mano sobre la caída y hombros del sobrevestido de Moss. 

La idea, según relató Galliano en primera persona en su documental, era que el outfit irradiase un brillo sutil que (al estilo ninfa) “pareciera emanar de la de la propia piel de la modelo”. Aunque todos parecieron satisfechos con el resultado, y solo se han documentado cuatro pruebas con la modelo previas al enlace, Galliano llegó a crear hasta veinte variaciones del diseño antes de estar conforme con el definitivo.

Como resultado, su diseño icónico no solo cambió el rumbo de la moda nupcial en la década de 2010; donde antes predominaban los vestidos voluminosos, con vuelo y más estructurados, tras el enlace de Moss se popularizaron las siluetas ligeras, fluidas y naturales en desfiles y editoriales, convergiendo en el auge del estilo bohemio chic también en el plano bridal. En parte, esto también se debió a la estética relajada de la modelo, que apostó por romper con la imagen de novia más pulida y, siguiendo su estilo habitual, apostó por el pelo suelto (con un velo ‘estilo romano’ y más corto por delante), un maquillaje suave y su inconfundible actitud relajada. 

La influencia cultural de esta novia más auténtica, con actitud relajada y en el campo, ha sido registrada en numerosos volúmenes; desde Mario Testino que se encargó de las fotos (en Kate Moss Wedding Book, que se editó con fines benéficos) hasta el museo V&A (de cuya muestra formó parte en 2015). Pero, más importantemente, denostó temporalmente los enlaces de las celebrities más posadas y los royals más televisivos (como es el caso de Kate Middleton) para dar paso a lo que la prensa especializada definió como un “soplo de aire fresco”; publicaciones como Vogue interpretaron el vestido como “un retorno al romanticismo vintage en clave moderna”, mientras que generalistas británicos como The Independent, subrayaron el carácter histórico del diseño sin olvidarse de la originalidad como “símbolo de una novia contemporánea más libre y menos normativa” y un hito en la “narrativa editorial de moda”, según la edición británica de Harper’s Bazaar.

Como resultado, el auge del estilo bohemio-chic dejó las calles, los pantalones de pitillo, las botas de flecos y las camisetas rotas para transformarse en una aspiración vital gracias a la actitud de estos protagonistas. “El vestido de novia es una construcción cultural que refleja las normas sociales y los ideales estéticos de su tiempo”, dice Valerie Steele en su ensayo The Berg Companion to Fashion. “Dentro de esto, el uso de referencias históricas en la moda no es reproducción, sino reinterpretación”.

Así Moss, que en los 90 encarnase el epítome del minimal chic, ahora era la reina boho de la capital británica por excelencia y reinterpretaba mejor que nadie esta tendencia de la mano del diseñador de origen gibraltareño. Prácticamente de un día para otro, Galliano y Moss hicieron historia con la máxima de hacer realidad su idea (“me retó a volver a ser yo mismo de nuevo”, dijo el diseñador tras el enlace) y también que el mundo tuviera algo más de esa fantasía preservada, especialmente durante la celebración del día “más importante” para muchas.

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