Alta costura

La duquesa De Alba y la llegada de Yves Saint Laurent a España

Con un 'front-row' de 'royals' y vips en un Palacio de Liria hasta la bandera, la difunta Duquesa de Alba presentó la primera colección de Dior en España con Yves Saint Laurent al frente. Así es cómo influyó en la sociedad franquista y la moda pre-democrática, tal y como aparece en el nuevo documental sobre la figura de la Fitz-James Stuart

11 de abril de 1959. Un espléndido y primaveral día amanecía en el madrileño Palacio de Liria, pero con un contexto ligeramente diferente del habitual. Primero, porque ese día Cayetana, VIII Duquesa de Alba, no esperaba ninguna recepción al uso, ni iba camino de una de sus habituales obras de caridad de la mano de Cáritas (a pesar de que, gracias al contexto, una recaudación iría después íntegra a la beneficencia). 

En cambio, el personal de la casa estimaba unos 2.000 invitados esa tarde, liberados por un solo nombre: Dior. 

Entre todos ellos, un Yves Saint Laurent de apenas 21 años había aterrizado en la capital un par de días antes, con un despliegue que no pasó desapercibido: catorce modelos francesas, además de las costureras, estilistas y nombres clave de la maison, bajo la coordinación de la infalible directora de ventas Suzanne Luling.

No en vano, había que transportar el motivo de esta colaboración transfronteriza bajo estricto secreto; es decir, volar las 114 piezas exclusivas de la que sería una de las colecciones más destacadas de la temporada, además de la puesta de largo del diseñador francés bajo la dirección creativa de la casa francesa (tras la muerte de su fundador, Christian Dior, dos años antes). Varios baúles, portatrajes reforzados y cajas protegidas de posibles daños bajo estricto control después, la exclusiva era oficial: la duquesa iba a alojar el primer desfile de Dior en España.

No solo eso, sino que no se trataba de un desfile al uso; la Casa de Alba no escatimó en detalle y el espacio del evento no se limitó a una sola habitación, sino que ocupó la totalidad del espacio de la planta rectangular del palacio. El propio Saint Laurent se había encargado personalmente de supervisar, día y noche, cada detalle en los salones barrocos del madrileño palacio, adaptando el ritmo del desfile de la colección Trapecio (primavera/verano) a los 3.500 metros de tan monumental espacio. 

Así, y para poder acomodar a todos los invitados previstos, la pasarela se diseñó de forma continua a lo largo de la gran galería del palacio (y sus 26 salones principales), por donde las maniquíes de la firma recorrieron las estancias en fila. Bajo espacios tan emblemáticos como el Salón Goya o el Salón Italiano, algunos de los intelectuales e invitados más ilustres de la época pudieron disfrutar cómodamente de la presentación posteriormente, en lugar de aglomerarse en una sola estancia. 

Aunque quizá demasiado de pasada, el nuevo documental de Netflix (Cayetana, la duquesa de todos) documenta este acontecimiento con algunos de los nombres clave que se dieron cita; desde Carmen Franco a la infanta Alicia de Borbón-Parma, pasando por los Condes de Mayalde, Maria Cristina Baviera, hasta la marquesa de Llanzol (Sonsoles de Icaza y León, musa de Balenciaga) o Luis Martínez de Irujo (el duque consorte y co-anfitrión de la velada); el front-row de la duquesa era todo un quién es quién en la aristocracia y los círculos oficiales de una España aun pre-democrática. No en vano, todo aquel que era alguien en la alta sociedad de Madrid buscaba entradas las horas previas como hoy se busca en la reventa de Rosalía.

No solo eso, sino que todos los asistentes que pudieron contemplar el show salieron por las puertas del edificio e Plaza de España convertidos en fieles seguidores de la marca y del cerebro creativo detrás de aquel despliegue (poco común en la época) de estilo y talento. Tanto que algunas de las esposas del cuerpo diplomático presentes (así como Beatriz Lodge de Oyarzábal, hija de los embajadores de Estados Unidos en España, la princesa Tatiana de Metternich o Blanca Romanones) fueron las primeras acólitos en apuntarse en la lista de Saint Laurent.

Puede decirse que el galo conquistó a público y crítica, tal y como recuerda Mariella Paloma, estilista y curator de archivos de moda: “No he visto nunca una mejor colección de Dior’, escribió la crítica de moda del New York Herald Tribune. De repente, se esperó mucho del heredero del imperio Dior, el creador de moda más joven del mundo en ese momento”. “Lo cierto es que, en enero de 1958, con esta colección de primavera/verano, rejuveneció la Maison Dior, fascinando a la prensa y a las clientas”, explica Paloma.

“La Ligne Trapèze conservaba la elegancia de la alta costura, pero Saint Laurent la radicalizó al liberarla por primera vez de las estructuras internas de corsetería y ballenas, que permitían que un vestido se mantuviera de pie por sí solo, una de las marcas distintivas del New Look de Dior. Así, el diseñador modernizó y aligeró la silueta, la volvió más fluida, más ligera y más corta, hasta la rodilla, liberando el cuerpo sin perder sofisticación”, explica la curator y estilista detrás del archivo Mariella Castañeda, que ha trabajado con gran número piezas de YSL hasta la fecha.

No solo eso, sino que, tal y como confirma la archivista y diseñadora, “España era un destino clave para las presentaciones privadas de alta costura, y Madrid en particular contaba con una clientela muy fiel a la alta costura francesa. En ese contexto, Saint Laurent entró en contacto con la estética de la aristocracia española, la tradición, el negro, el terciopelo, la sobriedad, además el universo pictórico de Francisco de Goya que influirían posteriormente en sus colecciones”, explica.

Aunque la idea de la colección tiene su germen en el vínculo entre el fundador de la casa e Yves Saint Laurent. Tal y como explica Paloma, en 1955 un casi adolescente Saint Laurent fue contratado como asistente de estudio para Christian Dior, tras haber ganado el año anterior el Concurso Internacional de la Lana (con primer premio en la categoría de vestidos), y tras apenas haber cursado un trimestre en la École de la Chambre Syndicale de la Haute Couture parisina. “Poco antes de su muerte, Christian Dior había pedido a Yves Saint Laurent que le presentara a su madre, Lucienne; esta cuenta que fue en este encuentro cuando Dior nombró a Yves como su sucesor”.

“El 24 de octubre de 1957, Christian Dior fallece repentinamente a causa de una crisis cardíaca. Tras su desaparición, las licencias de la maison aseguraron temporalmente su estabilidad financiera, mientras que Marcel Boussac [socio de la firma] llegó a plantearse cerrar la casa Dior. Todo dependía entonces del nuevo creador; si lograba imponer una visión propia, podría seducir a la clientela, pero si simplemente continuaba el estilo de Dior sin aportar novedad, corría el riesgo de ser criticado por falta de originalidad y creatividad”, explica Mariella Paloma. 

“De visita en Orán ese mismo año, Yves Saint Laurent se encerró en su habitación para diseñar una colección. Regresó a París tres semanas después con una maleta llena de bocetos: había diseñado la línea Trapèze, una línea de vestidos ajustados en el pecho y luego evasé, que se ensanchaba alrededor del cuerpo hasta la rodilla”, recuerda la estilista y experta en diseño de moda, añadiendo que “apartir de este momento, Yves Saint Laurent adoptaría la costumbre de aislarse dos veces al año para diseñar cientos de bocetos en periodos de intensa creatividad, un ritmo de trabajo extraordinario para un joven de 21 años”. Sin embargo, ya intuía que esa primera colección de Dior lo haría célebre.“Empecé por la gloria. La gloria es halagadora, y yo ejerzo una profesión que se basa mucho en eso”, como diría Saint Laurent.

Aunque tras esto, en junio de 1959 la línea Trapecio llegó a presentarse en Plaza Roja de Moscú, donde las modelos desfilaron en el Palacio de los Soviets (y ante 11.000 invitados de la élite política y artística), el sonado triunfo fue monumental dada su repercusión en la España franquista. El evento recaudó además fondos (aproximadamente, en torno a un millón de pesetas) para la delegación española de la organización benéfica El Golfo, siendo recordado uno de los acontecimientos sociales y artísticos más importantes de toda una la época. 

No en vano, tal y como recuerda brevemente el documental, este histórico desfile es una prueba más de cómo Cayetana “desafió el inmovilismo de la época” en halas del espíritu libre y el mecenazgo cultural de la aristócrata, tal y como relata la producción. Resultó, además, toda una apertura de puertas clave no solo para impulsar la moda nacional, acercando la alta costura parisina a la élite, sino también para modernizar unos estándares de confección que inspirarían altamente a las creaciones de los modistos españoles en los albores de la democracia.

En consecuencia, las líneas vanguardistas presentadas en Liria influyeron en la forma de entender el patronaje en España, instando a adoptar cortes más sueltos y alejarse paulatinamente del estricto encorsetamiento de la posguerra en contextos formales. Además, y aunque España contaba con una tradición de grandes modistos (como Balenciaga), el desfile sirvió actuó de barómetro hacia las tendencias europeas desde una perspectiva local, y hacia una ansiada apertura de miras que posteriormente calaría en la sociedad más popular.

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