En Azca, donde el tiempo se mide en reuniones y comidas rápidas, el éxito de un restaurante no se consigue solo con una buena ubicación. Hace falta personalidad. Y eso es precisamente lo que ha convertido a Mira Miranda en uno de los nuevos puntos de referencia del barrio; un proyecto con identidad clara, coherente y capaz de responder a una nueva forma de vivir y de comer en la ciudad.
Detrás está Diana Nieto, directora general y alma del proyecto. Abogada de formación, decidió cambiar de rumbo profesional para apostar por la hostelería, un sector que siempre había sentido cercano. “Siempre tuve vocación por la hostelería, por eso también me formé en dirección hotelera. Me apasiona la gastronomía, especialmente desde un enfoque saludable, y Mira Miranda surge de esa inquietud compartida por impulsar un proyecto diferente y con identidad”, explica.
El origen del restaurante se remonta a años de viajes, experiencias y observación. El equipo buscaba una propuesta que integrara sabor, equilibrio nutricional y adaptabilidad al ritmo urbano. En ese proceso descubrieron algo esencial: el problema no era que la gente no quisiera comer sano, sino que muchas veces no encontraba opciones que realmente apetecieran.

“Mira Miranda es un restaurante donde cuidamos mucho el producto, el detalle y la experiencia. Apostamos por una gastronomía equilibrada, con un enfoque saludable, sin renunciar al placer de comer bien”, resume Nieto. Esa declaración de intenciones se traduce en una carta que evita los clichés habituales del universo healthy. No hay bowls repetitivos ni ensaladas previsibles, sino platos inspirados en distintas tradiciones gastronómicas (libanesa, tailandesa, griega, japonesa, italiana o española) reinterpretadas con una mirada contemporánea.
El éxito de la propuesta demuestra que el público estaba preparado para ese cambio. “Cada vez hay más interés por cuidarse y comer mejor sin renunciar al sabor. Se nota especialmente en la gente joven, aunque es una tendencia general hacia el bienestar. También creo que el público valora cada vez más propuestas diferentes, donde comer sano sea realmente apetecible”, señala la experta.
El brócoli como objeto de deseo
Uno de los aspectos más llamativos del restaurante es su capacidad para transformar ingredientes sencillos en platos deseables. El ejemplo paradigmático es el brócoli, convertido en protagonista de la carta. Lo que podría parecer un ingrediente secundario es hoy la opción más pedida. “Después de muchos meses de trabajo, entendimos que lo saludable no tiene por qué ser aburrido. Creemos en una cocina que respeta el producto y encontramos la técnica y el punto de cocina para que la verdura apetezca de verdad. El brócoli es el mejor ejemplo: hoy es el plato más pedido y a la gente le encanta”, afirma.
Este fenómeno no solo habla del restaurante, sino de un cambio cultural. En ciudades como Madrid, comer bien ya no se limita al fin de semana. Forma parte de una búsqueda más amplia de bienestar, equilibrio y calidad de vida. La comida saludable deja de ser una obligación para convertirse en una elección consciente y placentera.
La clientela de Mira Miranda refleja esa evolución. Gran parte procede de oficinas cercanas, pero también hay un público que acude expresamente. “Entre semana, quien viene desde la oficina busca comer rápido y bien. Un plato completo y equilibrado que le siente bien y le permita seguir la jornada con energía. Por eso tanto nuestro menú del día como los platos de carta mantienen esa misma línea”, explica Nieto.

El menú del día ha sido clave para consolidar la fidelidad. En un entorno competitivo, ofrecer rapidez sin perder calidad es una ventaja decisiva. Pero el restaurante no se limita al mediodía. A medida que avanza la jornada, el espacio cambia de ritmo y se convierte en un punto de encuentro social.
La propuesta de tardeo y afterwork incluye picoteo para compartir, desde gildas y croquetas hasta dips y platos pensados para alargar la conversación. El interior cálido, la estética cuidada y la terraza soleada hasta el anochecer contribuyen a crear un ambiente que invita a quedarse.
Más allá de la gastronomía, el proyecto destaca también por su enfoque humano. En un sector exigente y tradicionalmente masculino en los puestos de decisión, Nieto ha construido un liderazgo basado en la naturalidad. “Es un sector muy intenso, que requiere mucha constancia y presencia en el día a día. Yo lo vivo con naturalidad: me centro en el trabajo, en el equipo y en que las cosas salgan bien. Para mí lo importante no es quién lidera, sino cómo se lidera y los resultados que se construyen”. Su experiencia, asegura, ha sido positiva. “No me he encontrado con sesgos. Siempre me he sentido valorada por mi trabajo y por el proyecto”. Y su forma de dirigir combina cercanía y exigencia: “Intento liderar desde la cercanía, pero también con claridad y firmeza cuando toca. Mantener un nivel de exigencia es parte del trabajo y una cuestión de responsabilidad y respeto hacia el equipo”.

Como muchos emprendedores, reconoce que el reto más inesperado ha sido personal. “Lo que sí me hubiera gustado saber antes de emprender es lo difícil que resulta desconectar: cuando estás al frente de un proyecto, lo tienes siempre en la cabeza, incluso fuera del trabajo”. Ese compromiso diario se percibe en cada detalle. Desde la selección de proveedores hasta el servicio en sala, el equipo trabaja con una idea clara: que el cliente se sienta cómodo. “Cada plato es el resultado de mucho trabajo previo. Hay un equipo trabajando con rigor y constancia para cuidar cada detalle y hacer que el cliente se sienta a gusto. Desde la elección del producto hasta cómo llega a la mesa, todo tiene un proceso”.
Hoy, para Nieto, el éxito no se mide solo en cifras. “Para mí el éxito es ver que la gente viene, disfruta y vuelve. Es tener un buen equipo y un restaurante que se sostiene con constancia. Y, a nivel personal, sentir que estoy donde quiero estar y disfrutando el camino”.
En un contexto en el que la restauración saludable suele parecer homogénea, Mira Miranda plantea una alternativa basada en la diversidad de sabores, el equilibrio nutricional y la experiencia. Un restaurante que encaja en la rutina diaria sin perder aspiración y que demuestra que cuidarse no es una renuncia, sino una forma de disfrutar mejor. Tal vez por eso, su eslogan resume la esencia del proyecto con sencillez: “bienvenidos a casa”.
