La figura de Philippe Junot vuelve a ocupar titulares tras conocerse su fallecimiento a los 85 años en Madrid, una ciudad que había convertido en su refugio personal en los últimos años. La noticia fue comunicada en la madrugada de este viernes por su hija mayor, Victoria Junot, a través de un mensaje emotivo en redes sociales en el que confirmaba que su padre murió el 8 de enero de 2026, en paz y rodeado de su familia.
Durante décadas, Philippe Junot fue un nombre inseparable de la crónica social europea. Su breve pero explosivo matrimonio con la princesa Carolina de Mónaco lo convirtió en un personaje habitual de revistas, tertulias y columnas de sociedad, en una época en la que el glamour y el escándalo caminaban de la mano.
El adiós de una hija
El comunicado de Victoria Junot ha sido el primer testimonio público sobre la muerte de Philippe Junot. En él, su hija mayor habla de una vida “larga, hermosa y llena de aventuras”, subrayando la imagen de un hombre carismático, inquieto y profundamente unido a su familia. Aunque no se ha revelado la causa del fallecimiento, el mensaje deja claro que su último tramo vital transcurrió en calma, lejos del foco mediático que lo acompañó durante años.
Para Victoria, fruto del matrimonio de Philippe Junot con la danesa Nina Wendelboe-Larsen, su padre fue una figura casi legendaria. Alguien que les enseñó a mirar el mundo con curiosidad y sin miedo. Esa faceta íntima contrasta con el retrato público que se forjó en los años setenta y ochenta.
Antes de ser conocido por su relación con la realeza, Philippe Junot ya arrastraba un linaje que pesaba como una biografía en sí misma. Era hijo de Michel Junot, político y millonario francés, y descendiente directo de Jean-Andoche Junot, duque de Abrantes y general de Napoleón. Su apellido figura inscrito en el Arco del Triunfo de París. Un símbolo de una herencia aristocrática que marcó su identidad.
Sin embargo, ni ese pedigrí histórico fue suficiente para convencer al príncipe Rainiero y a Grace Kelly de que Philippe Junot era el hombre adecuado para su hija Carolina. Desde el principio, la relación estuvo rodeada de reservas y suspicacias dentro del Palacio de Mónaco.
El romance que sacudió Mónaco
La historia de Philippe Junot y Carolina de Mónaco comenzó en 1977, en el ambiente sofisticado de las grandes fiestas parisinas. Ella tenía solo 19 años; él, 37 y una reputación de seductor cosmopolita. El flechazo fue rápido y, en apenas unos meses, se transformó en un compromiso que sorprendió a media Europa.
La boda, celebrada el 28 de junio de 1978, fue uno de los grandes acontecimientos sociales de la década. Casi 800 invitados, entre ellos figuras como Ava Gardner, acudieron a un enlace que consolidó a Philippe Junot como protagonista absoluto de la crónica rosa internacional.

El cuento de hadas duró poco. Dos años después, en 1980, se anunciaba la separación de Carolina de Mónaco y Philippe Junot en medio de rumores de infidelidad y una creciente distancia entre ambos. El propio empresario llegó a declarar entonces que todo había terminado y que cada uno era libre de hacer su vida.
Aquella ruptura marcó el final de su etapa más pública. Pero también selló su lugar en la historia de la familia Grimaldi. Desde entonces, el nombre de Philippe Junot quedó ligado para siempre a una de las relaciones más polémicas de la realeza europea.


