La nueva regulación de la moda en España y cómo afectará a las grandes marcas

Prevención obligatoria, nuevos objetivos de recogida, reciclaje hasta 2040, control del comercio online y responsabilidad del productor

Industria de la moda en España - Economía
Una mujer pasa delante de un escaparate en rebajas.
EFE

La nueva regulación de la moda en España está a punto de cambiar el tablero para las firmas de ropa y calzado. El Ministerio para la Transición Ecológica trabaja en un proyecto de real decreto centrado en los residuos textiles y del calzado, un texto que ha sido retocado a fondo tras el periodo de información pública, en el que se presentaron más de 2.100 alegaciones. No es un matiz técnico: el borrador reordena obligaciones, ajusta objetivos y acota a quién afecta, con impacto directo en cómo diseñan, venden y se responsabilizan las marcas de lo que ponen en el mercado.

El trasfondo que empuja la nueva regulación de la moda en España es conocido. La moda rápida y ultrarrápida acelera el consumo y acorta la vida útil de las prendas. Y el sistema de gestión de residuos, hoy, no absorbe el volumen real que se genera. El resultado es una paradoja incómoda: se compra más, se usa menos y, en la práctica, la mayor parte termina fuera del circuito de reutilización o reciclaje.

Un golpe directo al diseño: prevención obligatoria para las marcas “grandes”

Una de las novedades más relevantes de la nueva regulación de la moda en España es la obligación de implantar programas empresariales de prevención para reducir residuos. No se aplicaría a todas las compañías por igual. El borrador señala a las marcas de textil y calzado que superen una cuota anual del 2,5% del mercado, que deberán adoptar estos programas.

El enfoque es claro: intervenir antes de que el residuo exista. Igual que en sectores como envases o neumáticos, la idea es que el diseño de la prenda incorpore criterios que alarguen su vida útil o faciliten la reutilización y el reciclaje. Para las grandes marcas, la nueva regulación de la moda en España deja de ser una cuestión de “recoger lo usado” y pasa a ser una cuestión de “fabricar distinto”.

Por qué el textil es un problema: vertedero, mezcla de materiales y recogida limitada

El diagnóstico que justifica la nueva regulación de la moda en España es duro. Cerca del 90% de la ropa usada acaba en el vertedero y, muchas veces, reciclarla es inviable por la mezcla de materiales. A eso se suma otro cuello de botella: en España apenas se recoge un 10% de estos desechos, que a menudo se derivan a tiendas de segunda mano o a terceros países. Y en no pocos casos, ese flujo termina convertido en montañas de ropa con impacto ambiental.

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Una tienda de Mango.

La norma pretende empujar una transición real, pero parte de una fotografía en la que la cadena actual está tensionada en todos sus puntos: consumo, recogida, clasificación y tratamiento.

A quién afecta: exclusiones, pero también un foco en el comercio online

El borrador de la nueva regulación de la moda en España también define fronteras. Por un lado, especifica que no se aplicaría a la ropa de uso profesional que pueda implicar riesgos para la seguridad o la salud, como la de militares o sanitarios.

Pero, al mismo tiempo, amplía el perímetro hacia un fenómeno muy actual: incluye cualquier prenda vendida por marcas extranjeras a través del comercio online. En la práctica, este punto conecta con una de las principales vías de entrada de la moda ultrarrápida. Y adelanta un cambio relevante: el mercado digital no quedaría al margen por el hecho de vender “a distancia”.

Objetivos revisados: menos presión en recogida, más estructura en reutilización y reciclaje

Otro de los grandes giros de la nueva regulación de la moda en España está en los objetivos cuantitativos. El borrador anterior hablaba de metas más ambiciosas en recogida separada: 50% en 2030 y 70% en 2035. La versión revisada rebaja y desplaza el calendario: 30% en 2030, 50% en 2035 y 70% en 2040.

En reutilización, la lógica cambia: antes se planteaba reutilizar al menos un 20% en 2030 y un 35% en 2035. Ahora, la meta sube en el primer tramo (30% en 2030) y fija el 35% en 2040. Es decir, la nueva regulación de la moda en España refuerza el peso de la reutilización como primera opción, pero reordena los plazos de forma distinta.

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La vicepresidenta y ministra de Medio Ambiente de España, Sara Aagesen.
EFE/EPA/OLIVIER MATTHYS

Además, desaparece una obligación polémica: ya no se incluye el requisito de que los comercios de más de 400 metros cuadrados deban disponer de espacio de venta de ropa de segunda mano. Ese punto había generado críticas y suprimirlo suaviza el impacto directo sobre el retail físico.

Reciclaje y “fracción resto”: nuevas metas difíciles de cumplir

Por primera vez, la nueva regulación de la moda en España incorpora objetivos explícitos de reciclaje: 25% de los residuos recogidos separadamente en 2030, 30% en 2035 y 35% en 2040. No es solo recoger: es transformar ese material en algo aprovechable.

También se introduce un objetivo mínimo especialmente complejo: recuperar parte del textil y calzado que hoy acaba en la basura mezclada, la llamada fracción resto. El plan plantea alcanzar un 5% en 2032 y un 10% en 2035. Es un reto enorme por la propia naturaleza del residuo mezclado, donde la calidad del material suele caer y el coste de clasificación se dispara.

El texto, además, prioriza el orden de tratamiento: si un artículo no es apto para reutilización, deberá destinarse a remanufactura o reciclaje, y cuando la tecnología lo permita, reciclaje fibra a fibra, dando prioridad a la remanufactura.

Quién paga: responsabilidad del productor, con pymes y plataformas dentro

La nueva regulación de la moda en España refuerza el principio de que los productores deben financiar la gestión de lo que venden cuando se convierte en residuo. No se limita a grandes marcas. Incluye pymes y comercializadores a distancia, como plataformas digitales. Y deja fuera perfiles concretos: sastres y modistas autónomos que fabrican a medida, así como quienes suministran prendas reutilizadas.

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El cartel de entrada de una tienda de Zara.
Licencia Unsplash

La norma no impone un único sistema de recogida. Abre la puerta a que convivan modelos, promovidos por marcas o por empresas de economía social (siempre que sean gestores de residuos). Y añade un matiz importante: ciertos productos textiles o de calzado usados no tendrán condición de residuo si el usuario los entrega personalmente a operadores de reutilización y se clasifican de inmediato como aptos para reutilización en el punto de recogida.

Si coexisten varios sistemas colectivos, la nueva regulación de la moda en España prevé una oficina de coordinación. Y fija porcentajes mínimos de inversión: al menos un 10% de los ingresos a I+D+i y un 5% a actuaciones de prevención.

Exportaciones: separar “producto reutilizable” de “residuo”

Por último, el proyecto detalla requisitos y controles para el envío de ropa a terceros países. La nueva regulación de la moda en España busca distinguir entre traslados de productos usados aptos para reutilización y traslados de residuos textiles y de calzado. Si son residuos, pueden exportarse si cumplen el reglamento europeo de traslado de residuos. Si se determina que son aptos para reutilización, dejan de ser desechos y vuelven a considerarse productos.

En conjunto, el borrador dibuja un cambio de época: más obligaciones para quien produce, más trazabilidad en los flujos y un intento de empujar el sistema hacia la reutilización real, no solo hacia el vertedero con otro nombre.

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