La depresión sigue siendo una de las enfermedades mentales más incomprendidas y estigmatizadas, pese a su alta prevalencia. Durante décadas, muchas personas han vivido su sufrimiento en silencio, con sentimientos de culpa, vergüenza o miedo al juicio social. Sin embargo, algo está cambiando y cada vez más personas, también desde el ámbito público, hablan de salud mental en primera persona.
Artistas como Ricky Martin, Aitana o Dani Rovira han compartido sus experiencias con la depresión en entrevistas, documentales o incluso sobre los escenarios. Para Paloma García Zubieta, psicóloga sanitaria de Clínicas Origen, este tipo de testimonios cumplen una función clave en la sociedad: “Cuando alguien reconocido y socialmente exitoso habla de su sufrimiento, ayuda a normalizar algo que durante muchos años se ha vivido en silencio, con culpa y vergüenza”.
El efecto espejo
Hablar de depresión en público ayuda. Según explica la experta, escuchar a una figura admirada describir emociones similares a las propias puede resultar profundamente transformador para quien atraviesa un episodio depresivo. “La persona se reconoce en el relato y entiende que lo que le ocurre tiene nombre, explicación y tratamiento”, señala García Zubieta.
En consulta, esta identificación se traduce en una mayor facilidad para pedir ayuda. Muchas personas llegan con preguntas como “¿esto es normal?” o “¿le pasa a más gente?”, y encuentran alivio al descubrir que no están solas. La visibilidad que aportan los personajes públicos sensibiliza, legitima el dolor emocional y abre conversaciones que durante mucho tiempo han sido evitadas.
Además, estos testimonios contribuyen a reducir uno de los sentimientos más dolorosos asociados a la depresión: el aislamiento. El mensaje implícito es claro: pedir ayuda es una forma de cuidarse (y no un fracaso).
Hablar ayuda, pero no sustituye a la terapia
Para los propios artistas, compartir su experiencia puede ser también un proceso liberador. Poner palabras al dolor y dejar de ocultar una parte importante de su historia puede generar alivio y coherencia emocional. No obstante, la psicóloga recuerda que hablar públicamente de la depresión no sustituye un tratamiento profesional.
“Del mismo modo que una persona puede hablar de una enfermedad física y sentirse aliviada, pero necesita un médico para diagnosticar y tratar, en salud mental la palabra compartida ayuda, pero el tratamiento profesional es lo que marca la diferencia en el pronóstico de mejora”, subraya García Zubieta.
Cuando estos relatos se realizan desde un proceso personal trabajado, el impacto suele ser positivo tanto para quien habla como para quien escucha, generando identificación, alivio y sensación de acompañamiento.
Seis claves para hablar de depresión sin dañar
Reducir el estigma no depende solo de las figuras públicas. También empieza en las conversaciones cotidianas: en casa, con amistades, en el trabajo o en redes sociales. Con ese objetivo, la experta propone seis claves fundamentales para hablar de depresión con empatía y responsabilidad.
- Validar el dolor emocional, entendiendo que el sufrimiento es real y no un fallo personal.
- Evitar simplificaciones dañinas, como “todo pasa” o “hay que ser positivo”, que aumentan la incomprensión.
- No culpar ni responsabilizar a la persona de su estado emocional.
- Romper mitos y estigmas, recordando que la depresión puede afectar a cualquiera, independientemente de su éxito o circunstancias.
- Hablar de procesos, no de soluciones rápidas, transmitiendo expectativas realistas.
- Transmitir esperanza, dejando claro que la depresión se puede tratar y que pedir ayuda es un acto de valentía.
Con motivo del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, García Zubieta recuerda que la depresión no define a la persona. Cambiar la mirada -del juicio al cuidado y de la exigencia a la comprensión- es un paso imprescindible para que quienes sufren dejen de esconderse y empiecen a pedir ayuda. Hablar con respeto, información y empatía reduce el estigma, pero también puede salvar vidas.


