Moda rebelde

Vivienne Westwood: moda, provocación y una forma de entender el mundo

La moda puede incomodar, reivindicar, cuestionar lo establecido y expresar con enorme precisión quiénes somos y en qué creemos. Palabra de Vivienne Westwood

Pocas diseñadoras han entendido tan bien como Vivienne Westwood que vestirse puede ser mucho más que elegir qué ponerse por la mañana. Para ella, la ropa era lenguaje, provocación, cultura y, muchas veces, una auténtica declaración de intenciones. Su nombre está inevitablemente unido al punk británico, pero reducirla a la diseñadora de imperdibles, tartán y camisetas provocadoras sería quedarse en la superficie. Westwood fue también una apasionada de la historia del traje, una extraordinaria conocedora de la corsetería, una defensora del medio ambiente y una mujer que convirtió la moda en una herramienta para cuestionar las convenciones sin renunciar nunca al espectáculo, a la belleza ni a un particular sentido del humor.

Nacida en Derbyshire en 1941, Vivienne Isabel Swire creció lejos del glamour de las grandes capitales de la moda y se trasladó con su familia a Londres siendo adolescente. Estudió arte durante un breve periodo y terminó formándose como profesora de primaria, una profesión que ejerció antes de que su vida tomara otro rumbo. El gran punto de inflexión llegó con Malcolm McLaren, con quien inició una relación personal y creativa que terminaría influyendo profundamente en la estética de la segunda mitad del siglo XX. En 1971 comenzaron a trabajar en una tienda situada en el número 430 de King’s Road, en Londres, un espacio que fue cambiando de nombre y de identidad a medida que evolucionaban sus inquietudes: Let It Rock, Too Fast to Live, Too Young to Die, SEX, Seditionaries y, finalmente, Worlds End.

Naomi Campbell sobre las plataformas de Vivienne Westwood, 1993

Aquella pequeña tienda se convirtió en uno de los grandes laboratorios de la contracultura londinense. Allí podían encontrarse camisetas rasgadas, cuero, cadenas, cremalleras, referencias al fetichismo, pantalones bondage y mensajes deliberadamente incómodos que pronto quedarían asociados al nacimiento del punk y, especialmente, a los Sex Pistols, grupo del que McLaren fue representante. Sin embargo, Westwood no diseñaba el uniforme de una tribu urbana, más bien exploraba la idea que la ropa podía desafiar las normas de la misma manera que una canción, un libro o una obra de arte. Sus prendas obligaban a mirar, pero también a reaccionar, y esa mezcla entre moda y provocación terminaría convirtiéndose en uno de los grandes hilos conductores de toda su carrera.

Del punk al corsé, la historia de la moda pasada por el filtro Westwood

Lo más fascinante de Vivienne Westwood quizá sea que, después de convertirse en uno de los grandes símbolos de la rebeldía punk, comenzó a mirar precisamente hacia aquello que parecía situarse en el extremo contrario… la tradición. Se interesó cada vez más por la pintura, los retratos aristocráticos, la construcción de los vestidos de los siglos XVII y XVIII, la sastrería inglesa, los corsés y las grandes estructuras de la indumentaria histórica. En lugar de reproducirlas de forma literal, las desmontaba, exageraba y reinterpretaba hasta convertirlas en algo inesperadamente contemporáneo. Ese diálogo entre el pasado y la provocación acabaría siendo una de sus señas de identidad más reconocibles.

Colección Pirate, 1981. El momento en que Westwood comenzó a dejar atrás el punk más literal para explorar la historia del traje y nuevas siluetas

Su colección Pirate, presentada en 1981 junto a Malcolm McLaren, marcó uno de esos momentos decisivos. Camisas voluminosas, pantalones amplios, botas y siluetas inspiradas en piratas y dandis históricos demostraron que su universo podía evolucionar mucho más allá del punk. A partir de ahí llegarían algunas de sus ideas más célebres. En 1985 presentó el Mini-Crini, una mezcla tan ingeniosa como irreverente entre la minifalda y la crinolina victoriana. La gran estructura que había definido la silueta femenina del siglo XIX se transformaba en una falda corta, abombada y ligera, con un punto teatral que resumía muy bien su manera de trabajar… tomar algo aparentemente solemne y devolverlo a la calle cargado de humor.

Poco después recuperaría también el corsé, aunque con una intención muy distinta a la que había tenido históricamente. En lugar de esconderlo bajo la ropa, Westwood lo convirtió en protagonista y lo llevó al exterior, donde adquiría una nueva lectura. Hoy estamos acostumbradas a ver corsés y bustiers sobre vestidos, camisas o camisetas, pero en los años ochenta aquella decisión resultaba mucho más radical. La diseñadora tomaba una prenda tradicionalmente vinculada a la disciplina del cuerpo femenino y la transformaba en un elemento visible, sensual y deliberadamente poderoso. La operación era muy Westwood: rescatar algo del pasado, cambiar su significado y devolverlo al presente con una energía completamente nueva.

Kate Moss en Anglomania, otoño-invierno 1993-94. Tartán, corsetería y volumen en una de las imágenes que mejor resumen el universo creativo de Westwood en los años noventa

Ese mismo juego de apropiación y transformación explica también su fascinación por el tartán, el tweed y la sastrería británica. Westwood estaba profundamente interesada en los códigos del establishment: la monarquía, los uniformes, Savile Row, la campiña inglesa y las tradiciones escocesas. Pero nunca los utilizaba con reverencia. Los mezclaba, exageraba y descontextualizaba hasta convertirlos en otra cosa. En colecciones como Anglomania, de 1993, el tartán convivía con corsés, plataformas, volúmenes imposibles y una teatralidad que conseguía que una referencia centenaria pareciera extrañamente moderna.

Precisamente en 1993 protagonizó uno de los momentos más recordados de la historia de las pasarelas. Naomi Campbell desfilaba con unas plataformas Super Elevated Gillie de más de 30 centímetros cuando cayó en plena pasarela. La modelo se levantó entre risas y continuó caminando, mientras la imagen daba la vuelta al mundo y aquellas plataformas se convertían en una de las piezas más reconocibles de la firma. La escena resume bastante bien el universo de Westwood: riesgo, espectáculo, humor y una cierta voluntad de llevar la moda hasta el límite, incluso cuando ese límite podía ser literalmente perder el equilibrio.

Su reconocimiento institucional estuvo lleno de ironías. La mujer que había utilizado la ropa para cuestionar el establishment británico fue elegida British Designer of the Year en 1990 y 1991, recibió la distinción de Officer of the Order of the British Empire en 1992 y, en 2006, fue nombrada Dame. La antigua agitadora de King’s Road entraba así en las instituciones que durante años había provocado, pero sin abandonar por ello su capacidad crítica. De hecho, cuanto mayor era su prestigio, mayor parecía también su voluntad de utilizarlo como altavoz para hablar de cuestiones que iban mucho más allá de la moda.

Mini-Crini, 1985. La diseñadora reinterpretó la crinolina victoriana y la convirtió en una falda corta, ligera y deliberadamente provocadora

Moda, activismo y una idea de consumo que hoy resulta más actual que nunca

Con el paso de los años, la protesta de Vivienne Westwood cambió de escenario. Las provocaciones políticas, sociales y sexuales de los setenta fueron dejando espacio a una preocupación creciente por el cambio climático, el consumo excesivo y el futuro del planeta. La diseñadora empezó a utilizar sus desfiles, entrevistas y apariciones públicas como plataformas de activismo y defendió con especial insistencia la necesidad de cambiar nuestra relación con aquello que compramos. En 2012 lanzó Climate Revolution, una iniciativa destinada a llamar la atención sobre la emergencia climática, y un año después diseñó la imagen de la campaña Save the Arctic de Greenpeace, además de participar en numerosas acciones vinculadas a la protección medioambiental.

Westwood no proponía dejar de interesarse por la ropa, sino volver a concederle valor, apreciar el trabajo que hay detrás de una buena chaqueta, conservar un vestido durante años, arreglar lo que se estropea y evitar esa relación impulsiva con las tendencias que convierte las prendas en objetos casi desechables. Su famosa defensa de la idea de comprar menos, elegir mejor y hacer que las cosas duren encajaba, en realidad, con toda su trayectoria: frente a la velocidad y la uniformidad, cultura, criterio y personalidad.

Vivienne Westwood con la camiseta Save the Arctic

También por eso hablaba tanto de educación, literatura, arte e historia. Westwood estaba convencida de que desarrollar pensamiento crítico era una forma de resistencia frente a una sociedad marcada por el consumo rápido y la información superficial. Sus colecciones reflejaban esa visión de manera constante: un vestido podía partir de un retrato del siglo XVIII, una chaqueta podía recordar a la sastrería de Savile Row, una falda podía reinterpretar una estructura victoriana y una camiseta podía funcionar prácticamente como una pancarta política. En su universo, moda, música, pintura, literatura, política, sexo, historia y ecología nunca fueron compartimentos separados, sino partes de una misma conversación cultural.

Vivienne Westwood murió el 29 de diciembre de 2022, a los 81 años, dejando una de las trayectorias más influyentes de la moda británica. Su marido y colaborador durante décadas, Andreas Kronthaler, continúa desarrollando el universo creativo de la firma, pero su legado va mucho más allá de una marca. Está en la recuperación del corsé como prenda exterior, en el uso irreverente del tartán, en las plataformas extremas, en la mezcla de referencias históricas y cultura callejera y, sobre todo, en una forma de entender la moda como algo que puede tener opinión y participar activamente en las conversaciones de su tiempo.

 

La diseñadora sabía que la ropa puede ser bella, divertida y deseable, pero también puede incomodar, reivindicar, cuestionar lo establecido y expresar con enorme precisión quiénes somos y en qué creemos. Que una colección podía ser al mismo tiempo un ejercicio de diseño y una declaración cultural, y pocas personas han sabido sostener esa tensión con tanta personalidad durante tantos años. Por eso, incluso después de su muerte, su influencia continúa resultando extraordinariamente actual… porque antes que diseñar para seguir las reglas, Westwood diseñaba para preguntarse por qué existían.

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