Nieves Barrasa (38, La Habana) vive en España. Conoció a su marido cuando con tan sólo 22 años abandonó Cuba y decidió exiliarse en Panamá. Allí estudió por fin en la Universidad y, por primera vez, le dejaron trabajar. “Llegó un momento en el que me di cuenta de que por mucho que quisiera estudiar, si no pertenecía al grupo castrista no iba a llegar a nada. Siempre había un tope. Cuando salí es cuando me di cuenta de cómo realmente funciona Cuba y todas las verdades que el régimen no te contaba. Empecé a abrir los ojos. Es cómo si no conocieras la otra parte de la historia que nunca te contaron”, explica a Artículo14.
Barrasa nació en 1988, sólo dos años antes de la caída de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y de que en Cuba comenzara el denominado Periodo Especial. Durante la década de los 90, mientras en una parte del mundo se celebraba el final de la guerra fría y se derribaban, literalmente, los muros; en la otra mitad, la de los aliados soviéticos, se vivió una de las crisis económicas más importantes de la historia.
Cuba, principal socio económico de la URSS, vivió años complicados. Faltaba gasolina, había apagones, no había medicamentos y el sistema de transportes se desmanteló por completo. Pero “la situación ahora está mucho peor”, comenta Nieves. Cuesta imaginar lo que se está viviendo en Cuba, pero ella me lo intenta explicar. “Desde hace meses ponen luz sólo cuatro horas. Lo hacen entre las 12 y las 6 de la mañana. Yo tengo a mis padres allí y no pueden ni descansar. A esas horas toca poner lavadoras, ducharse, cocinar, hacer lo que haga falta para poder subsistir el resto del día”, explica.

El colapso económico
La economía cubana lleva décadas paralizada, pero nunca había alcanzado el nivel de colapso actual. Al régimen de Díaz-Canel ya no le quedan aliados. Y mientras se celebran multitudinarias y obligadas marchas, a Cuba ya sólo le quedan dos opciones: o el colapso o la transición. Nieves conoce bien su país. Ella apuesta por la primera opción.
“No creo que Donald Trump pueda llegar a intervenir en la isla. Ellos están aplicando la famosa ley de la fruta madura: están exprimiendo todas las fuentes para que Cuba colapse desde dentro y que entre ellos mismos se levanten las cabezas”, comenta.
Algunos expertos opinan lo contrario. Creen que la acusación formal contra Raúl Castro, de 94 años y ya retirado, no es más que el precedente para una intervención; algo parecido a lo que sucedió en Venezuela. Sin la ayuda petrolera de su principal socio y con Rusia centrada en otras guerras, Cuba se ha quedado sola en el mapa.

La realidad de Cuba
A Nieves también le pregunto qué opina de nuestro trabajo; si cree que contamos las cosas como son. “Yo creo que aquí las noticias son algo vagas”, y me pone un ejemplo: “Para comprar un cartón de 30 huevos son 5.000 pesos. La pensión de una persona mayor son 1.300-1.500 pesos. Como muchísimo”.
La situación económica ha alcanzado tal nivel, que la demografía de la isla se ha desplomado. Sólo durante el mandato de Joe Biden como presidente de Estados Unidos, más de un millón de cubanos abandonaron la isla. Aquella fue la mayor ola migratoria de la historia en un país de apenas 9 millones de habitantes. “Tienen a una población en medio de supervivencia. Hay personas que literalmente hoy, siglo XXI, se están muriendo de hambre. Ya no hablamos de unas horas de apagón, hay gente que lleva meses sin luz”, explica.

Desde la distancia
Desde España, Nieves intenta ayudar, aunque reconoce que el régimen se lo pone complicado. “Siento mucha impotencia. No puedes ayudar porque pueden incluso tomar represalias contra tu familia. Esa es, por cierto, su forma favorita de actuar”.
Y continúa. “Estoy viviendo una vida aquí…”. Pero se rompe a llorar. “… que no la puedo disfrutar porque pienso en lo mal que lo está pasando mi familia”. La conversación ya está a punto de acabar, así que le pregunto qué cree que puede pasar. Nieves, en una encrucijada, me responde: “No quiero que Trump entre en Cuba, pero necesitamos que pase algo inmediatamente”.

