A más de 8.000 kilómetros de Colombia, la segunda vuelta presidencial también se vive con intensidad. En grupos familiares de WhatsApp, llamadas a medianoche para comentar las últimas noticias y conversaciones entre compatriotas en España, la elección entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella ocupa un lugar central. Aunque hace años, o apenas unos meses, que dejaron el país, miles de colombianos residentes en España siguen pendientes del futuro de una nación que continúa marcando sus vidas.
La campaña llega a su recta final marcada por una fuerte polarización. Mientras Cepeda ha centrado buena parte de su discurso en la defensa de los derechos sociales, la implementación de los acuerdos de paz y la continuidad de algunas de las reformas impulsadas durante los últimos años, De la Espriella ha construido su candidatura alrededor de la seguridad, el crecimiento económico y una línea más dura frente a la criminalidad. La contienda también ha tenido eco fuera de Colombia, especialmente después de que presidentes de otros países como Javier Milei de Argentina o Donald Trump de Estados Unidos expresaran públicamente su respaldo al candidato conservador, un gesto que ha alimentado el debate político dentro y fuera del país.
Pero más allá de los discursos, los sondeos y las redes sociales, estas elecciones también se viven desde historias personales. Entre quienes observan la campaña desde España están Jimena, Ximena y Alejandra. Sus trayectorias son muy distintas, pero las tres siguen con atención una campaña que consideran decisiva para el futuro de Colombia. Aunque comparten la preocupación por el rumbo del país, sus diagnósticos sobre lo que está en juego son radicalmente diferentes.
El país que no dejaron atrás

Hace 21 años que Jimena (49 años) llegó a España para cursar una maestría en la Universidad Complutense. Lo que comenzó como un proyecto académico terminó convirtiéndose en una vida construida lejos de Colombia. Politóloga de formación y vinculada durante años a diferentes causas sociales, reconoce que vivir fuera le ha permitido observar su país desde otra perspectiva.
“La distancia y conocer otros contextos me ha permitido reflexionar sobre ciertas cuestiones sociales y políticas de Colombia, sobre el funcionamiento del Estado, las políticas públicas o la economía. Pero mi mirada sigue siendo crítica y sigue aspirando a un modelo más justo y equitativo para los sectores populares”, explica.
Las preocupaciones que tenía cuando vivía en Colombia siguen acompañándola hoy. La desigualdad, la violencia y la garantía de derechos continúan ocupando el centro de sus reflexiones. Cuando piensa en el futuro, además, lo hace desde una dimensión familiar.
“Me gustaría que mi único sobrino pudiera vivir en un país distinto al que me tocó vivir a mí”.
La experiencia de Ximena es muy diferente. Tiene 33 años, llegó a Madrid hace apenas diez meses para cursar un máster en Estudios Avanzados en Derechos Humanos en la Universidad Carlos III y dentro de unas semanas regresará a Colombia. Son las primeras elecciones presidenciales que vive desde el extranjero.
Cada mañana escucha emisoras colombianas, consulta medios de comunicación y sigue el debate político en redes sociales. Pensó que la distancia la alejaría de la intensidad de la campaña, pero ocurrió justo lo contrario.
“Creí que al estar aquí me iba a llegar menos la avalancha electoral, pero ha sido imposible escapar de ella”, reconoce.
Alejandra Cepeda, enfermera de 34 años, llegó a España hace un año y medio. Lo hizo para reunirse con su hija, que ya vivía aquí, y después de comprobar que, pese a tener una profesión cualificada, cada vez era más difícil mantener una estabilidad económica en Colombia.
“Siendo enfermera y ganando más del salario mínimo, la situación ya se me estaba haciendo complicada“, recuerda.
Habla de su país con nostalgia. Extraña la familia, la comida, las costumbres y la cercanía de la gente. “Extraño todo“, resume. Pero insiste en que emigrar no la ha desconectado de la realidad colombiana “Estoy informada al cien por cien de lo que pasa en Colombia”.
Una campaña seguida desde la distancia
Las tres coinciden en algo: vivir fuera no ha reducido su interés por la política colombiana. En algunos casos, incluso lo ha reforzado.
Jimena sigue la campaña con preocupación. No solo por el resultado electoral, sino por la forma en que se está desarrollando el debate público. Le inquieta el papel que están desempeñando las redes sociales, la inteligencia artificial y la circulación de contenidos diseñados para movilizar emociones más que para informar.
“He seguido la campaña de cerca. Me preocupa bastante el avance de la inteligencia artificial y la consolidación de las redes sociales. La influencia de actores externos que movilizan las emociones del electorado creando realidades artificiales y la falta de regulación sobre estas nuevas formas de comunicación”.
A su juicio, la rapidez con la que circula la información está dificultando el análisis de las propuestas y desplazando las discusiones de fondo “La razón y la verdad parecen ser cuestiones accesorias. La rapidez en la transmisión de la información impide hacer una reflexión profunda sobre cuestiones relevantes como los programas de cada campaña”.
También cree que buena parte de la conversación pública se está construyendo desde emociones como el miedo, la rabia o el odio. “Cuando la gente se guía por estos estados de ánimo es más fácil manipularla, recortar derechos y convertir al otro en un enemigo“.

Para Ximena, la sensación dominante también es el miedo, aunque por motivos diferentes. “La principal sensación que tengo es miedo“, admite.
No cree que Colombia esté necesariamente más dividida que en otros momentos de su historia. Al contrario, recuerda que el país ha convivido durante décadas con profundas fracturas políticas y sociales. Sin embargo, sí percibe una confrontación creciente entre proyectos de país muy distintos.
“Lo que me preocupa es que muchas personas están buscando respuestas inmediatas para problemas muy complejos“.
Un país “completamente dividido”
La visión de Alejandra contrasta con la de las dos votantes de Cepeda. Mientras ellas ponen el foco en los riesgos que perciben para los derechos o las instituciones, la enfermera habla sobre todo de incertidumbre. A su juicio, esta segunda vuelta ha dejado al descubierto una fractura que nunca había visto tan claramente.
“El país está completamente dividido. En todo el tiempo que viví en Colombia, creo que es la primera vez que veo algo así, tan evidente y tan visible”, asegura.
Jimena coincide en que la polarización es una de las grandes protagonistas de esta campaña, aunque rechaza la idea de que se trate de un fenómeno nuevo. Considera que la historia política colombiana ha estado marcada durante décadas por la exclusión de proyectos alternativos y por la violencia contra quienes defendían determinadas ideas.
“Pensar diferente no debería implicar la eliminación física o simbólica del otro“, afirma.
Pese a sus diferencias ideológicas, hay una respuesta en la que las tres coinciden casi palabra por palabra. Cuando se les pregunta qué le dirían a alguien que está pensando en votar por el candidato contrario, ninguna habla de convencer, atacar o desacreditar al otro.
Las tres apelan a la misma idea: informarse.
Jimena dice que invitaría a esa persona a leer, contrastar información y conversar sobre los modelos de país que representan los candidatos. Ximena insiste en la importancia de mirar más allá de las redes sociales y de las emociones que dominan buena parte del debate público. Alejandra, por su parte, asegura que pediría a cualquier votante que investigue las propuestas y no se quede únicamente con los mensajes que circulan durante la campaña.
Tres votos distintos, tres formas de entender el futuro
Aunque las dos apoyarán a Iván Cepeda, Jimena y Ximena llegan a esa decisión desde lugares distintos.
Para Jimena, el voto está ligado a cuestiones como la defensa de los derechos humanos, la justicia social, la sostenibilidad ambiental y la construcción de paz. Explica que siempre ha apoyado opciones políticas comprometidas con esos principios y asegura sentir un profundo respeto por la trayectoria del candidato.
“Tengo un profundo respeto por su trayectoria de vida, su integridad y su compromiso con la paz. Es una persona que conoce el país y ha recorrido los territorios”.
También le preocupa especialmente el acercamiento de De la Espriella a figuras como Donald Trump. “Me preocupa la cercanía del candidato con Estados Unidos y con Trump, que ha tratado como basura a las personas migrantes”.
Ximena reconoce que tuvo dudas durante la primera vuelta y que mantiene críticas hacia algunas decisiones del actual Gobierno. Sin embargo, terminó inclinándose por Cepeda porque considera que ofrece mayores garantías democráticas y una trayectoria política que le inspira confianza. “Confío mucho en su temperamento y en su historial político”.
La visión de Alejandra es muy distinta. Votará por Abelardo de la Espriella porque considera que Colombia necesita una respuesta más contundente frente a problemas como la inseguridad y el deterioro económico.

“Me gustan mucho sus propuestas, especialmente las relacionadas con la seguridad y la economía“.
Su apoyo al candidato conservador no nace únicamente de una cuestión ideológica. También está atravesado por su propia experiencia migratoria y por la sensación de que muchas personas han dejado de encontrar oportunidades en Colombia. “Hay que darle la oportunidad a quienes nunca han estado ahí”, sostiene.
Ella considera que el país necesita recuperar estabilidad y generar condiciones para que quienes se marcharon puedan plantearse volver. “Más que dar un giro a la derecha, Colombia debería haberse quedado en la derecha“, sostiene.
Sin embargo, su apoyo a De la Espriella no es incondicional. Cuando imagina qué le diría si lo tuviera delante durante unos segundos, no habla de admiración ni de consignas políticas. Habla de responsabilidad.
“Le preguntaría qué quiere realmente para Colombia. Si de verdad va a cumplir lo que promete, si va a ser honesto cuando llegue al poder”, asegura.
Más que una conversación, imagina una mirada directa, casi desafiante. Dice que le recordaría el peso de gobernar un país marcado por la desigualdad, la violencia y la emigración. “Le entregaría Colombia en sus manos y le pediría que obrara según la voluntad de Dios”, añade.
Cuando habla de sus temores, aparece una referencia constante: Venezuela. “Yo viví la experiencia en Venezuela y es fuerte. Quien lo vive sabe realmente lo que pasó allí”.
Aun así, insiste en que sigue teniendo esperanza. “Si Colombia mejora y veo que económicamente estoy mejor allí que en España, volvería al cien por cien“. Dice con firmeza.
Las mujeres en el centro del debate
La situación de las mujeres es otro de los temas que separa a las entrevistadas. Para Jimena y Ximena, estas elecciones también son una decisión sobre el modelo de derechos que tendrá Colombia durante los próximos años.
Jimena asegura que una de las razones por las que apoya a Cepeda es su compromiso con la igualdad, los derechos sexuales y reproductivos y la protección de las diversidades.
“Voto por una opción política que reconozca y garantice los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTIQ+”, explica Jimena.
Ximena comparte esa visión. Considera que el candidato del Pacto Histórico ha demostrado una preocupación real por las mujeres y destaca medidas como el Sistema Nacional de Cuidados como una de las propuestas que más valora.
Sin embargo, ambas expresan reservas sobre un eventual Gobierno de De la Espriella. Temen que algunas de sus posiciones puedan traducirse en retrocesos en materia de igualdad y derechos.
Alejandra observa la cuestión desde una perspectiva completamente distinta. Para ella, el candidato conservador representa una oportunidad para fortalecer el papel de las mujeres en la sociedad y ampliar sus oportunidades.
“Siento que es un candidato igualitario, que quiere empoderar más a la mujer y darle más oportunidades para que sea más visible en la sociedad”, sostiene.
La Colombia que imaginan
Las diferencias entre ellas son evidentes. Jimena teme un retroceso en derechos y libertades y le preocupa el auge de discursos que, a su juicio, alimentan la confrontación política. Ximena teme que la frustración acumulada por años de desigualdad y violencia empuje a parte de la sociedad hacia soluciones simples para problemas complejos. Alejandra, por su parte, mira con inquietud la situación económica del país y teme que Colombia siga perdiendo oportunidades, obligando a cada vez más personas a buscar fuera el futuro que no encuentran en casa.
Sin embargo, más allá de sus diferencias ideológicas, hay algo que atraviesa los tres testimonios: ninguna ha dejado de pensar en Colombia. La distancia no ha roto el vínculo con el país que dejaron atrás. Siguen las noticias a diario, conversan con familiares y amigos sobre política y viven esta campaña con una intensidad que sorprende incluso a algunas de ellas.
Las tres imaginan una Colombia mejor, aunque discrepan profundamente sobre el camino para alcanzarla. Jimena sueña con un país más justo, menos desigual y comprometido con la defensa de los derechos humanos. Ximena espera una sociedad capaz de debatir sin convertir al adversario político en un enemigo y de afrontar sus problemas sin renunciar al diálogo democrático. Alejandra imagina una Colombia más segura, con estabilidad económica y oportunidades suficientes para que quienes emigraron puedan plantearse regresar.
Jimena, Ximena y Alejandra depositarán papeletas distintas. Pero detrás de cada voto hay una misma preocupación por el futuro de Colombia. Aunque hoy la observan desde España, las tres siguen sintiéndola como propia.

