Francia decide si cambia el nombre de los Pirineos en una votación insólita

Pirineos Orientales vota hasta el 15 de agosto si mantiene su nombre o adopta Pirineos Catalanes o Pirineos Mediterráneos

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Vista satelital de la zona de los Pirineos.
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Los habitantes del departamento francés de Pirineos Orientales están llamados a decidir si su territorio debe conservar la denominación actual o adoptar un nombre que refleje con mayor claridad su identidad geográfica y cultural. La consulta ciudadana, impulsada por el consejo departamental, permanecerá abierta hasta el 15 de agosto y permitirá elegir entre tres opciones.

Los electores podrán mantener el nombre de Pirineos Orientales o sustituirlo por Pirineos Mediterráneos o Pirineos Catalanes. La votación no cambia el nombre de la cordillera ni afecta a la parte española de los Pirineos. Lo que está en juego es la denominación administrativa de uno de los 101 departamentos franceses.

La iniciativa resulta excepcional porque Francia rara vez modifica el nombre de sus divisiones territoriales. El resultado tampoco tendrá efectos automáticos: si vence una de las alternativas, el consejo departamental deberá elevar una petición formal al Gobierno francés y el cambio solo podrá aprobarse mediante un decreto del Consejo de Estado.

Una consulta abierta hasta el 15 de agosto

La votación comenzó de manera presencial el 22 de junio y se ampliará al formato digital a partir del 1 de julio. Podrán participar las personas inscritas en el censo electoral del departamento, cuya capital es Perpiñán y que limita al sur con la provincia de Girona.

La administración ha previsto puntos físicos de votación y un servicio de asistencia para quienes necesiten ayuda con el procedimiento electrónico. El objetivo es facilitar una participación amplia antes de que el consejo departamental adopte una posición definitiva.

La presidenta del departamento, Hermeline Malherbe, ha defendido la consulta como la culminación de varios años de debate público. El proceso participativo comenzó en 2019 bajo el nombre de Imagina los Pirineos Orientales y permitió recoger propuestas sobre el futuro, la imagen y la identidad del territorio.

El nombre actual es cuestionado porque puede confundirse con Pirineos Atlánticos y porque, según sus críticos, apenas expresa el vínculo histórico con Cataluña. El departamento comprende la mayor parte de la antigua provincia del Rosellón y una parte de la Cerdaña, territorios incorporados a Francia en el siglo XVII.

Pirineos Catalanes frente a Pirineos Mediterráneos

Francia decide si cambia el nombre de los Pirineos en una votación insólita
Pico de Midi d’Ossau, en los Pirineos franceses.
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Las dos alternativas representan formas diferentes de definir el territorio. Pirineos Catalanes subraya la lengua, la historia y las raíces culturales compartidas con Cataluña. Es la opción con una carga identitaria más evidente y la que podría generar un debate político más intenso.

Pirineos Mediterráneos pone el acento en el paisaje y en la posición geográfica del departamento, que se extiende desde las montañas hasta la costa. Sus defensores consideran que sería una denominación más útil para la promoción turística y económica, al reunir en un mismo nombre los dos grandes elementos del territorio.

Una consulta previa realizada a finales de 2025 reveló que cerca de la mitad de los participantes era partidaria de incorporar una referencia catalana. En torno al 23% prefería conservar Pirineos Orientales, aunque aquel sondeo no tenía carácter decisorio.

La opción País Catalán, popular entre determinados sectores, quedó fuera de la papeleta. Las autoridades departamentales consideraron que tendría pocas posibilidades de recibir la autorización del Estado francés, al apartarse de la tradición geográfica utilizada para denominar los departamentos.

El resultado no será jurídicamente vinculante

La consulta servirá para orientar al consejo departamental, pero no obliga al Gobierno a aceptar la opción vencedora. La legislación francesa establece que el cambio de nombre de un departamento debe solicitarlo oficialmente su consejo y aprobarse después mediante un decreto del Consejo de Estado.

Esto significa que incluso una victoria clara de Pirineos Catalanes o Pirineos Mediterráneos abriría un proceso administrativo que podría durar meses o años. El Ejecutivo tendría que valorar la oportunidad del cambio, su justificación y las posibles consecuencias institucionales.

La votación decide qué nombre defenderá el territorio, no cuál aparecerá inmediatamente en los mapas. La última palabra seguirá estando en París.

Un cambio con consecuencias prácticas y simbólicas

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Vista de parte de la cordillera desde un avión.
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Modificar la denominación obligaría a actualizar documentos, señalización, páginas oficiales, materiales turísticos y comunicaciones administrativas. El número departamental 66 se mantendría, pero la nueva identidad tendría que incorporarse progresivamente a numerosos soportes públicos.

El debate supera, sin embargo, el coste material. Para los partidarios de Pirineos Catalanes, el cambio supondría un reconocimiento institucional de una cultura visible en la lengua, las fiestas, la arquitectura y la vida cotidiana de numerosos municipios.

Quienes prefieren conservar Pirineos Orientales temen que una denominación identitaria pueda dividir a la población o simplificar un territorio más diverso. También recuerdan que el nombre actual posee más de dos siglos de historia administrativa y una fuerte implantación social.

Pirineos Mediterráneos aparece como una tercera vía: evita una referencia nacional o cultural directa y trata de reforzar la imagen exterior del departamento mediante una combinación de montaña y mar.

Francia apenas cambia los nombres de sus departamentos

Los departamentos franceses fueron creados durante la Revolución con nombres vinculados principalmente a ríos, montañas y accidentes geográficos. El objetivo era sustituir las antiguas provincias históricas por divisiones administrativas percibidas como más neutrales.

Desde entonces, las modificaciones han sido muy poco frecuentes. Uno de los ejemplos más conocidos es el de Côtes-du-Nord, que después de décadas de peticiones pasó a llamarse Côtes-d’Armor en 1990. Sus impulsores consideraban que el antiguo nombre proyectaba una imagen poco atractiva y no representaba adecuadamente la identidad bretona.

Ese precedente demuestra que el proceso puede ser largo. El consejo general había respaldado la nueva denominación décadas antes de que el Gobierno francés autorizara finalmente el cambio.

La consulta de Pirineos Orientales mezcla identidad, política y promoción territorial. No se limita a decidir qué palabras aparecen en un documento: pregunta cómo quiere presentarse un territorio situado entre Francia, Cataluña, los Pirineos y el Mediterráneo.

El 15 de agosto se conocerá la preferencia de los votantes. Después comenzará la fase verdaderamente compleja: convencer al Estado francés de que una denominación utilizada desde la Revolución debe desaparecer de los mapas oficiales.

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