Reino Unido

Hannah Spencer, la fontanera británica que bloquea al Laborismo

La joven británica vence en unos comicios para un asiento en Westminster planteados como un referéndum sobre el Gobierno de Keir Starmer

La candidata ganadora del Partido Verde, Hannah Spencer, se toma una selfie con sus seguidores.
EFE/EPA/ADAM VAUGHAN

El primer ministro británico tiene un problema llamado Hannah Spencer. La flamante nueva diputada de los Verdes en el Parlamento ha arrebatado al Laborismo una de las plazas más seguras con las que contaba en el Palacio de Westminster, confirmando los temores más pesimistas de un partido que, tras 20 meses en el poder, aparece profundamente tocado y prácticamente hundido por una grave crisis de liderazgo que ha disparado el recelo sobre la continuidad de Keir Starmer en Downing Street. De 34 años de edad y fontanera de profesión, a frente de la compañía fundada por ella misma cuando no llegaba al cuarto de siglo, las primeras palabras de Spencer tras su victoria fueron para sus clientes: “Creo que voy a tener que cancelar el trabajo que habíamos acordado, porque me voy al Parlamento”.

Hasta ahora, el principal quebradero político para Starmer parecía ser Reforma, el partido del ultra Nigel Farage que, con su retórica populista y su capacidad de galvanizar el creciente descontento en la calle, está logrando maximizar apoyos entre la clase trabajadora, bastión tradicional laborista. Sin embargo, el empuje de los Verdes desde el ascenso de Zack Polanski como líder en septiembre amenaza con movilizar al sector de la izquierda desencantado con cómo Starmer y compañía han ejecutado la transformación de oposición a gobierno.

La candidata ganadora del Partido Verde, Hannah Spencer, pronuncia un discurso después del recuento de votos
EFE/EPA/ADAM VAUGHAN

Si el Laborismo y, de paso, los conservadores, el otro gran protagonista del hasta hace poco hegemónico bipartidismo británico, necesitaban una prueba de la reescritura del mapa electoral, no tienen más que analizar los resultados de los comicios parciales (‘by election’, en inglés), celebrados este jueves en la circunscripción de Gorton and Denton, al sur de Manchester, de los que Spencer salió como vencedora. Tras el triunfo de quien hasta hace apenas un mes era una completa desconocida se colocó el candidato de Reforma. Y tras ellos, en un extraordinario realineamiento de fuerzas en una de las democracias decanas en Europa, el Partido Laborista quedó de tercero y los ‘tories’, históricamente una máquina de ganar en Reino Unido, aunque con menos tirón en el fuerte meridional inglés, resultaron cuartos.

La de este jueves era más que una mera votación para cubrir un escaño. Convocada por la renuncia del parlamentario anterior por motivos de salud, las acabó convertida en un referéndum sobre el primer ministro en particular y, como suele ocurrir en el Reino Unido con estas elecciones parciales, en un voto de castigo para el ejecutivo de turno. Para Starmer fueron un mal trago desde el principio, cuando, junto al resto de la cúpula laborista, optó por vetar al alcalde de Manchester, Andy Burhham, como aspirante, después de que este expresase pública y formalmente su deseo de regresar a la Cámara de los Comunes. Tipificado como potencial líder laborista, contar con un escaño le hubiera dado a Burnham vía libre para presentarse como candidato alternativo en caso de que el ruido de espadas que desde hace tiempo ronda al primer ministro se materializase en un desafío oficial a su continuidad.

La candidata del Partido Verde, Hannah Spencer, y el líder del Partido Verde, Zack Polanski
EFE/EPA/ADAM VAUGHAN

Burnham, sin embargo, es increíblemente popular en la región y el cálculo de sus partidarios es que, con él de candidato el jueves, el Laborismo hubiera barrido en Gorton and Denton. La jugada era arriesgada, pero llevar a Westminster a un regidor que disfruta de una ola de popularidad inversamente proporcional al desencanto que genera el primer ministro podría haber supuesto un peligro mayor para Starmer a largo plazo. En su precaria situación actual, la mejor opción se restringía exclusivamente a elegir el mal menor, aunque la decisión haya supuesto poner en bandeja a los Verdes su primer asiento por el norte de Inglaterra, el granero histórico de votos para el Laborismo.

De momento, los de Polanski suman cinco diputados en la Cámara de los Comunes, pero junto a la primera pica en el correoso norte inglés, este jueves rubricaban un segundo hito: su primera victoria en unos comicios parciales, un logro obtenido a base de patear el terreno y convencer de que son una alternativa creíble desde la izquierda. Spencer, quien había irrumpido en política apenas en 2023, recorrió cada palmo de la circunscripción, únicamente interrumpiendo su campaña los jueves por la noche, cuando su agenda tenía marcado en rojo el curso de enlucido al que se había apuntado a principio de año, para ampliar su rango de habilidades profesionales.

El líder del Partido Verde, Zack Polanski , y la candidata del Partido Verde, Hannah Spencer.
EFE/EPA/ADAM VAUGHAN

Acompañada habitualmente de sus cuatro galgos, protagonizó una campaña en positivo en la que hablaba de los problemas que importan a pie de calle: el coste de la vida, la sanidad pública, la desconexión entre el votante medio y su clase política y la percepción de falta de retribución que en el Reino Unido domina en relación al trabajo. Ya antes de convertir al Palacio de Westminster en su oficina, Spencer ha tenido tiempo de probar el bocado amargo que conlleva la exposición en política: durante la campaña, se había utilizado reiteradamente en su contra su supuesto matrimonio con un multimillonario directivo de AstraZeneca. No solo está soltera, sino que, por confesión propia: “Ni siquiera me responden a un mensaje”, si bien mantuvo una relación con un científico de la farmacéutica, con quien había llegado a comprar una vivienda.

 

La crítica, en sí misma, revela los diferentes estándares con los que se juzga a las mujeres en política. El grado de atención que generó su campaña desencadenó incidentes incómodos que obligaron a ponerle un agente de seguridad y actualmente apenas puede ir sola a ninguna parte. El contraste es notable para una ‘Millennial’ que había dejado los estudios a los 16 años para formarse en un gremio tradicionalmente dominado por hombres, cuyo salto a la política procedió casi de una epifanía, en la peor de las circunstancias: la ira que sintió durante la pandemia del coronavirus, por las evidentes desigualdades que esta reveló y, especialmente, por la ignominia del llamado ‘partygate’, las fiestas ilegales organizadas en el Downing Street encabezado por Boris Jonhson como primer ministro, mientras el grueso del país permanecía confinado.

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