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Isabel, española en Florida: “Conseguir trabajo es muy fácil, quien no trabaja es porque no quiere”

“Florida mola tanto que la gente no se quiere ir”: la experiencia de una española viviendo en Estados Unidos

Cuando Isabel se mudó a Florida hace dos años junto a su marido, sus cuatro hijos y sus dos perros, pensaba que la adaptación sería más sencilla. Ya había vivido fuera anteriormente, en lugares como Nueva Orleans, Boston o Suiza, y sentía que sabía desenvolverse en el extranjero. Sin embargo, reconoce que instalarse de verdad en Estados Unidos fue mucho más complicado de lo que imaginaba.

“Yo me adapto, me tiras en cualquier lugar y salgo nadando”, explica entre risas. Aun así, el proceso burocrático la sorprendió desde el primer momento. “Como no tenías licencia de conducir no te admitían en el colegio, pero como no tenías teléfono americano no podías pedir la licencia, y como no tenías cuenta bancaria no podías tener teléfono. Era como una bola de hámster”.

A pesar de esas dificultades iniciales, Isabel asegura que la acogida fue increíble. Una de las cosas que más le sorprendió de Florida fue precisamente la ayuda constante de otras personas, especialmente de la comunidad latina. “En una semana me encontré con 20 personas que me querían ayudar”, recuerda. “Uno me pasaba el contacto del seguro, otro el de la escuela, otro me explicaba cómo hacer los papeles…”.

La familia eligió Florida por varias razones. Después de haber vivido en Alemania, Isabel tenía claro que no quería volver al frío ni a la falta de sol. “Florida tenía varias cosas que a mí me gustaban mucho: playa cercana, buen tiempo y mezcla de culturas”. Además, destaca que el estado tiene una identidad muy particular dentro de Estados Unidos. “Hay gente que dice que estamos cerquita de Estados Unidos, porque Florida realmente tiene esa parte de que funciona todo, pero es muy Latinoamérica”.

“Mis hijos han espabilado muchísimo”

La integración de sus hijos era una de sus mayores preocupaciones. Pasaron de un pequeño colegio Montessori en España a centros públicos enormes, con miles de alumnos y horarios completamente distintos. “High school entra a las 7:20 de la mañana, middle school a las 9:30 y los pequeños a las 8”, explica. “Yo decía: ‘¿pero cómo hace la gente?’”.

Con el tiempo, la experiencia ha sido positiva para toda la familia. Isabel cree que sus hijos han ganado independencia y capacidad de adaptación. “Han aprendido a desenvolverse en coles muy grandes, con gente de todos los lados, y han espabilado muchísimo”. También reconoce que ella misma ha cambiado. “Yo soy muy protectora y aquí he aprendido a dejar ir, a que vayan solos y se gestionen sus cosas”.

Uno de los aspectos que más valora del sistema estadounidense es la mentalidad emprendedora. Según cuenta, crear una empresa es mucho más sencillo que en España. “En dos minutos inscribes una sociedad”, asegura. “Hay muchísimas facilidades para crear empresa y empleo”. También destaca que el mercado laboral funciona de manera muy distinta. “En Estados Unidos conseguir trabajo es muy fácil, quien no trabaja es porque no quiere. A mi marido le llaman constantemente y tiene una edad en la que en España no le llamarían”, asegura.

“Mis hijos saben cómo esconderse debajo de las mesas”

Esa mentalidad también la observa en los colegios. Explica que desde pequeños se fomenta la iniciativa y el trabajo en grupo. “Los clubs los llevan los propios niños. Una niña organiza el club de teatro, otro monta otro proyecto…”. Además, para acceder a la universidad no solo cuentan las notas. “Tienen que demostrar horas de voluntariado, participación en actividades y capacidad de iniciativa”.

En cuanto al nivel educativo, Isabel considera que el nivel general es más bajo que en España, especialmente en los cursos básicos. “Aquí los exámenes son tipo test y redactan menos”. Sin embargo, destaca que el sistema permite avanzar mucho a quienes quieren hacerlo. “Si quieres estudiar más, puedes”. Su hija, por ejemplo, ya está cursando asignaturas equivalentes a nivel universitario.

Otra de las cosas que más le sorprendió fue la enorme presencia del español en Florida. “Mi marido tenía ilusión de mejorar su inglés y no lo ha mejorado nada”, bromea. “Aquí hay gente que lleva 20 años viviendo y no habla inglés”. Cuenta incluso que pudo hacer el examen de conducir completamente en español.

Pero no todo es positivo. Isabel admite que hay temas que le generan preocupación, especialmente el acceso a las armas. “Esto es lo que más miedo me da de aquí”, reconoce. Sus hijos pasan controles de seguridad y detectores de metales en el instituto, y los colegios realizan protocolos de seguridad constantemente. “Mis hijos saben cómo esconderse debajo de las mesas y bloquear las puertas”.
Aunque nunca ha vivido un tiroteo ni ha visto armas directamente, explica que la sensación está presente. “En España mis hijos iban al colegio y sentía que estaban protegidos. Aquí no tengo esa sensación”.

“Hay caimanes por todos lados”

También menciona la situación migratoria actual en Estados Unidos y cómo ha cambiado el ambiente en algunos sectores. Aunque personalmente no ha tenido problemas, sí conoce familias que viven con miedo. “Hay familias que no se atreven a salir del barrio porque tienen miedo a que les paren”. Incluso relata el caso de unos conocidos franceses que recibieron una orden para abandonar el país en 24 horas.

Aun así, Isabel insiste en que la experiencia en Florida ha sido muy positiva. Tanto, que la familia está planteándose quedarse más tiempo y empezar un negocio relacionado con la exportación de aceite español.

Y entre todas las diferencias culturales, hay una que todavía le sigue pareciendo surrealista: convivir con caimanes. “En mi comunidad hay caimanes por todos lados”, cuenta. “Mi hijo se va a pescar y alguna vez le ha pescado uno”. Le sorprende especialmente que, siendo un país “súper seguro”, existan situaciones tan normales allí y tan impensables para alguien de España. “Te ponen un cartel de ‘don’t feed the wildlife’ y ya está”.

Después de dos años viviendo allí, Isabel resume Florida como un lugar muy estadounidense y muy latino a la vez. Pero si hay algo que destaca por encima de todo es la sensación de comunidad que encontró al llegar. “Me recibieron con tartas y galletas, como en las películas”, recuerda. Y añade: “Eso no me lo esperaba”.