Una joven agente del Mossad israelí aterriza en la capital iraní bajo una identidad falsa. Su misión: infiltrarse en los sistemas eléctricos iraníes, desconectarlos y abrir una ventana de oportunidad para que Israel envíe aviones de caza y golpee instalaciones nucleares iraníes. La policía secreta iraní, el Savak, sabe que esta espía del Mossad está en Teherán y trata de asesinarla. De eso se trata ‘Teherán’, una serie de ficción israelí que ahora se exhibe plataformas de televisión (Apple y Movistar).
Esta serie ha acertado en el tiempo y en el tema. Como si fuera el último episodio, este sábado EEUU e Israel atacaron con misiles de crucero y aviones de caza varios objetivos en Teherán como el complejo donde vive el ayatolá Alí Jamenei, el líder supremo de Irán. Ese ataque es fruto del terror que siente del estado israelí a que Irán desarrolle un arma nuclear que les barra del mapa del mundo
¿Por qué Irán odia a Israel?
Se puede fijar la fecha exacta: 14 de mayo de 1948, hace más de 75 años. Es el día en que se fundó el estado de Israel. Donde antes había un territorio musulmán llamado Palestina, se asentó el estado judío, formado por inmigrantes venidos de todas partes del mundo durante décadas anteriores.

No fue un asentamiento pacífico. El mismo día del nacimiento del estado de Israel, ejércitos de varios países árabes invadieron ese territorio y se enfrentaron a las novedosas fuerzas militares israelíes. Al final, ganaron los israelíes con el resultado de que 700.000 palestinos quedaron desplazados hacia los territorios donde ahora viven.
Desde entonces hasta hoy ha habido muchas guerras y conflictos entre el mundo árabe y el estado de Israel. La crisis de Suez, la Guerra de los Seis Días, la guerra del Yom Kippur…
La gente que tenga menos de 50 años no se acordará de que una de las mayores crisis económicas del mundo moderno sucedió después de la Guerra del Yom Kippur. Egipto y Siria atacaron a Israel en 1973 y fracasaron. En venganza, los países árabes exportadores de petróleo (Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar) castigaron a EEUU y a Europa, aliados de Israel, subiendo el precio del barril de petróleo: cuatro veces más caro.
Por aquellos años, Israel contaba con pocos aliados en esa zona geográfica. Uno de ellos era Irán, pues estaba gobernada por un mandatario prooccidental llamado sha de Persia.
Pero en 1979, la Revolución Islámica promovida por el ayatolá Jomeini derrocó al régimen del sha de Irán, e implantó un estado teocrático musulmán radical. Israel era una entidad ilegítima ocupante de tierras musulmanas, lo cual era incompatible con valores islámicos. Los ayatolás declararon a Israel como un “tumor canceroso” que debía ser erradicado para liberar Palestina. Y Estados Unidos, aliado de Israel, fue declarado como el “Gran Satán”.
En su lucha contra Israel, el estado iraní ha dado varios pasos en esa dirección desde entonces: uno de ellos ha sido financiar y armar grupos como Hezbolá en Líbano (fundado en 1982) para hostigar a Israel, y otro, aumentar su capacidad tecnológica para desarrollar la energía nuclear y una posible arma nuclear.

En principio, ser un país nuclear no está prohibido ni tiene que ser un riesgo. De hecho, el derecho internacional permite y fomenta el uso pacífico de la energía nuclear. España tiene centrales nucleares. El temor es hasta qué punto los iraníes quieren convertir el uranio de uso civil en un arma nuclear.
Pasar de uranio civil a uranio militar requiere decisiones políticas deliberadas, redirección de recursos, instalaciones secretas y romper compromisos internacionales (como el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y salvaguardias del OIEA).
Sin embargo, hay cosas llamativas: ¿por qué Irán no e Israel sí? Se sospecha que Israel es el único país de esa zona geográfica que tiene un arsenal nuclear. Incluso se habla de 90 ojivas nucleares. Israel ni ha confirmado ni desmentido nunca esa información, pero es sospechoso que nunca haya firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), cosa que sí lo hicieron otros países como el propio Irán, Estados Unidos o Rusia.
La sospecha de que Israel es un país con armas nucleares data de los años sesenta del siglo pasado. Entre 1961 y 1963 Kennedy presionó al presidente de Israel, Ben Gurion, para que permitiera supervisar el desarrollo de la planta nuclear de Dimona, en el desierto del Neguev, ante la idea de que podían estar enriqueciendo uranio para usarlo como arma nuclear. De lo mismo se acusa ahora a Irán.

La pregunta que se hacen las potencias no nucleares como Irán es por qué ellas no pueden ser también poseedoras de arsenal disuasorio. La respuesta es que el mundo cree que cualquier país que tenga armas nucleares es una amenaza al propio mundo, por lo cual, cuanto menos países la tengan, mejor para el planeta.
El problema es que eso deja el poder de disuasión nuclear en manos de nueve naciones: Rusia, Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, Pakistán, India, Corea del Norte y, por supuesto, Israel. Ser una democracia verdadera como Israel ni siquiera es un buen argumento para tener armas nucleares porque de todas esas nueve naciones, unas son democracias, otras autocracias y otras dictaduras comunistas.
Muchos confían, en cualquier caso, que este ataque servirá para descabezar el régimen de Irán y provocar una rebelión popular.
Pero incluso si se “descabezara” el liderazgo actual de Irán, el estado no colapsaría ni desaparecería. Citando fuentes oficiales, un reciente teletipo de Reuters decía que la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos evaluó que si el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, muriera en la operación, sería reemplazado por figuras de línea dura del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
Los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) son un poder militar propio, con influencia política y económica. Además, está la milicia paramilitar Basij, integrada en comunidades locales y utilizada para control interno de protestas y movilización social. Y, por último, el Consejo de Guardianes y otros órganos constitucionales que controlan quién puede presentarse a elecciones y supervisan poderes del Estado.

El IRGC y el Basij actúan como estructura paralela de poder y control social, con miles de batallones distribuidos en todo el país. Eso significa que el régimen no se basa únicamente en el presidente o un líder carismático, sino en una red de fuerzas armadas y paramilitares que pueden sostener la autoridad incluso si cambia la cabeza visible.
Claro que, con eso mismo contaba Nicolás Maduro antes de ser capturado por las Delta Force y enviado a una prisión en EEUU. Tenía las famosas Milicias Bolivarianas, los colectivos, las Fuerzas Armadas, el Sebin y otras fuerzas represivas. De repente, tras su captura, su régimen se ha prestado a colaborar con EEUU con una intensidad que ha sorprendido a los más escépticos. ¿Pasará lo mismo en Irán? Desde luego, muchos iraníes esperan que pase lo mismo.
Por último, cuando Estados Unidos se inmiscuye en una de estas operaciones, y da la casualidad de que el país es atacado produce petróleo, es inevitable pensar en que ese es el verdadero interés.
Sin embargo, en la lista de países o territorios invadidos o atacados por EEUU en los últimos 50 años hay más de ellos sin petróleo que con petróleo: Grenada, Panamá, Somalia, Haití, Bosnia, Yugoslavia/Serbia, Kosovo y Afganistán no tienen petróleo, al menos en cantidades considerables. Solo Irak, Libia, Irán, Siria, Nigeria y Venezuela lo tienen.
El ataque a Irán también revela algunas contradicciones de la izquierda occidental que ha salido en masa en las redes sociales para criticar ese acto de violencia de EEUU y de Israel.
Si se aplicara la lógica, eso quiere decir que, al defender a Irán (o denunciar el ataque de EEUU e Israel), la izquierda occidental defiende a un régimen que apoya la energía nuclear y que tiene un programa para desarrollar armas nucleares letales. Además, esa izquierda apoyaría una dictadura teocrática que discrimina a las mujeres, y que, en meses recientes, aplastó por la fuerza un levantamiento popular promovido por las mujeres, y que se saldó con entre 2.000 y 12.000 personas asesinadas, aparte del encarcelamiento de miles de manifestantes.
Solo ese terrible episodio daría para llenar varias temporadas de la serie Teherán. Pero, por desgracia, nadie es capaz de escribir el último episodio de este conflicto que tiene en vilo al planeta.
