Conventos en pie de guerra

El precedente en Texas de la rebelión de las clarisas

Las religiosas del convento de la Santísima Trinidad, en la ciudad de Arlington, también desafiaron a la autoridad eclesiástica

Monjas

Monjas del convento de la Santísima Trinidad de Arlington KiloyCuarto

El conflicto sigue abierto. Como las religiosas de Belorado y Orduña, las hermanas del Convento de la Santísima Trinidad de Arlington, en Texas, también se niegan a someterse a la autoridad del obispo y han planteado un desafío que hace chirriar los mecanismos de la estructura secular de poder de la iglesia católica.

Todo empezó cuando el obispo de la diócesis texana de Fort Worth, Michael Olson, concluyó tras una investigación que la madre superiora de este cenobio carmelita, Teresa Agnes Gerlach, había roto su voto de castidad. La hermana Teresa admitió haber tenido una conducta sexual inapropiada en conversaciones telefónicas y por vídeo con un sacerdote. Pero luego se desdijo de su confesión, y lideró una revuelta de su comunidad que planteó un desafío frontal a Olson y, por extensión al Vaticano.

Después de un año de disputa, la Santa Sede ha tratado de apagar el incendio con un decreto que encomienda la dirección del convento de Arlington a una asociación religiosa externa. Meses antes, Olson había dictado la expulsión del clero de la priora.

No se rendirán

Pero, considerando los antecedentes, no hay motivos para pensar que la hermana Teresa y sus compañeras de convento vayan a rendirse tan fácilmente.

Tras decretar Olson su expulsión de la familia católica, la madre superiora rectificó su declaración en la investigación obispal. Dijo que su confesión se debió a que se encontraba mal de salud y recuperándose de una operación.

Como la rebeldes de Belorado, Teresa Agnes Gerlach, decidió recurrir a la justicia humana en lugar de la divina y presentó una demanda contra al obispo Olson por cómo había llevado a cabo la investigación. Pero el juez descartó implicarse en la resolución de una disputa que tenía su propio fuero: el religioso.

Acusaciones graves

El tira y afloja legal fue de todo menos edificante. El obispado llegó a insinuar que las monjas de Arlington consumían sustancias estupefacientes. Las monjas le negaron entonces el acceso al convento y a partir de ese momento desconocieron su autoridad, una conducta rebelde que el Vaticano ha tratado de sofocar sin éxito.

Y Olson acabó imponiendo medidas que indignaron a las monjas, como limitar las misas en el recinto a una sola ceremonia los domingos y el acceso a un confesor para las monjas.

Aún sin respuesta del Vaticano

Estas contaron que enviaron sus quejas al Vaticano pero todavía no han recibido respuesta. Entre ellas estaban acusaciones contra Olson de haberse apropiado de objetos que formaban parte del convento.

Desde Roma, se han limitado a respaldar la autoridad de Olson, o la de cualquier obispo al que pudiera corresponderle estar al cargo.

Bajo control de la Asociación de Cristo Rey

El último intento de la Santa Sede llegó en forma de decreto el pasado abril. En él se coloca al convento de Arlington bajo el control de la Asociación de Cristo Rey, una entidad que agrupa a varios monasterios en las zonas más prósperas y que ahora debe ocuparse también de las monjas carmelitas de sor Teresa Agnes.

Ellas ya han dejado claro que no están por la labor. El convento rechazó el decreto y prohibió la entrada al cenobio a los representantes de la Asociación de Cristo Rey, que agrupa a varios monasterios carmelitas.

La Santa Sede ha dispuesto que la asociación asuma la dirección y gestión del convento de la Santísima Trinidad de Arlington hasta que su comunidad pueda celebrar elecciones y designe a sus nuevos dirigentes. “Rezo por que las carmelitas de Arlington tengan el liderazgo interno que se necesita para salvar el monasterio y permitirle florecer una vez más, en unidad con la Iglesia Católica”, indicó el obispo Olson en un comunicado, tras conocerse la decisión de la administración pontificia.

Pero hay serias dudas de que esa decisión pueda hacerse efectiva vista la resistencia de las monjas y de su madre superiora. “Ni la presidenta de la Asociación de Cristo Rey ni ninguna de sus delegadas es bienvenida en el monasterio en este momento”, indicaron en un comunicado las monjas díscolas.

Reproches al Vaticano

Para ellas, la decisión del Vaticano es una “hostil toma de control que, en conciencia, no podemos aceptar”. Así lo expresaron en el mismo comunicado, en el que reprochan a Roma no haber llegado a su decisión sin el “conocimiento ni el consentimiento” de la comunidad monacal.

Sin embargo, por lejos que hayan ido en su desafío a la jerarquía eclesiástica las religiosas de Arlington, no lo han hecho tanto como las españolas. Ellas aún reconocen la autoridad del Papa Francisco, al que se refieren como “Santo Padre” y al que atribuyen “total autoridad papal”. E incluso a su aborrecido Olson lo consideran el “obispo actual de Fort Worth” y le reconocen “toda la autoridad que le confiere ese cargo”.

Siguen llamando al diálogo para alcanzar un entendimiento con Roma y con la diócesis. Quizá si se enteran de lo que está pasando en el norte de la lejana España con un grupo de clarisas a las que no les dejaron comprar un convento decidan endurecer aún más su postura.

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