Después de diez años de crecimiento ininterrumpido del desplazamiento forzado en el mundo, 2025 ha dado un giro, el número total de personas desplazadas descendió por primera vez en una década. Sin embargo, millones de personas han regresado a sus lugares de origen, pero en numerosos casos lo han hecho empujadas por la inseguridad económica, las restricciones en los países de acogida o la falta de alternativas. Y, como ocurre habitualmente en las crisis humanitarias, las mujeres figuran entre quienes afrontan los mayores riesgos.
Según el último informe anual de ACNUR, cerca de 14,7 millones de personas retornaron a sus hogares durante 2025. De ellas, 4,4 millones eran refugiados que habían cruzado fronteras internacionales y otros 10,3 millones eran desplazados internos. Se trata de uno de los mayores movimientos de retorno registrados en los últimos sesenta años, aunque la agencia de Naciones Unidas advierte de que muchos regresos se produjeron en contextos extremadamente frágiles.

Las consecuencias del desplazamiento tampoco afectan por igual a hombres y mujeres. Según los datos de ACNUR, las mujeres y las niñas representan prácticamente la mitad de la población desplazada del mundo y, en muchos contextos, afrontan obstáculos adicionales para reconstruir sus vidas. El acceso al empleo, la educación o la propiedad suele ser más limitado, mientras que las responsabilidades de cuidado recaen de forma desproporcionada sobre ellas.
El informe destaca además que las mujeres refugiadas permanecen desplazadas durante más tiempo que los hombres en algunas de las principales regiones de acogida. En África oriental y meridional, por ejemplo, el tiempo medio de permanencia en situación de refugio es cercano a los 17 años para mujeres y niñas, frente a algo más de 14 años para hombres y niños.
Cuando se producen retornos masivos, como los registrados en Siria o Afganistán durante 2025, las mujeres suelen enfrentarse a una doble incertidumbre: reconstruir sus hogares en contextos frágiles y recuperar derechos básicos que, en muchos casos, siguen estando amenazados. Para ellas, volver no siempre significa que el desplazamiento haya terminado. Continúa, simplemente, bajo otra forma.

Venezuela, el mayor éxodo del mundo
Al cierre de 2025, Venezuela se consolidó como el país con mayor número de personas en necesidad de protección internacional: 417.000 reconocidos como refugiados y otros 6 millones con estatuto de protección temporal o documentación de residencia regular, un 3% más que el año anterior. El 97% permanece en América Latina y el Caribe, principalmente en Colombia, que acoge a 2,8 millones de venezolanos, seguida de Perú con 1,1 millones, Brasil con 699.000, Chile con 662.600 y Ecuador con 435.800.
Venezuela ha superado a Ucrania, Siria, Afganistán, Sudán y Sudán del Sur. Cabe recordar, que en Venezuela no hay ningún conflicto armado ni invasión.

El camino de vuelta a Venezuela
Venezuela sigue ocupando un lugar destacado en el mapa mundial del desplazamiento forzado. El país continúa siendo una de las principales nacionalidades de origen de personas que requieren protección internacional, después de que más de siete millones de venezolanos abandonaran su hogar durante la última década. Sin embargo, junto a ese éxodo masivo comienza a emerger el retorno.
ACNUR señala que se observa un aumento de los regresos espontáneos y de aquellos facilitados por programas impulsados por las autoridades venezolanas. Según cifras recogidas por la agencia, más de 1,2 millones de personas han vuelto al país desde 2018, alentadas por la percepción de una mejora gradual de las condiciones económicas y sociales.

Estas cifras representan un cambio significativo en una de las mayores crisis migratorias de la historia reciente de América Latina. De hecho, una encuesta reciente de ACNUR reveló que el 35% de los venezolanos desplazados en países de la región se plantea regresar en algún momento, mientras que casi uno de cada diez contempla hacerlo en el plazo de un año. La reunificación familiar aparece como una de las principales motivaciones para volver.
Las mujeres que no volverán
Para muchas mujeres venezolanas, sin embargo, el regreso está lejos de ser una decisión sencilla. Tras años construyendo una vida en países como Colombia, Perú, Chile o Ecuador, volver implica enfrentarse a incertidumbres relacionadas con el empleo, el acceso a servicios sanitarios, la escolarización de los hijos y las posibilidades reales de reconstruir una estabilidad económica. La pregunta ya no es únicamente si regresar, sino en qué condiciones hacerlo y si el país está preparado para ofrecer oportunidades a quienes deciden volver.

Siria y Afganistán
Más de 1,3 millones de refugiados sirios volvieron a su país el pasado año tras la caída del régimen de Bashar al Asad y los cambios políticos posteriores. A ellos se sumaron alrededor de dos millones de desplazados internos que decidieron regresar a sus lugares de origen. Para muchas familias, el retorno representó la posibilidad de recuperar una vida suspendida durante más de una década. Sin embargo, la realidad que encontraron fue con frecuencia devastadora.
Barrios destruidos, infraestructuras dañadas, servicios públicos insuficientes y una economía debilitada forman parte del escenario que reciben quienes regresan. Las mujeres cargan con una parte especialmente pesada de esa reconstrucción. Además de asumir tareas de cuidado y sostenimiento familiar, deben afrontar mayores obstáculos para acceder al empleo, a la documentación administrativa o a mecanismos de protección frente a la violencia.
La experiencia afgana muestra también cómo el retorno no siempre responde a una decisión libre. Cerca de dos millones de refugiados afganos regresaron en 2025, principalmente desde Irán y Pakistán. ACNUR señala que una gran parte de estos movimientos estuvo vinculada a políticas más restrictivas en los países de acogida. Las consecuencias recaen especialmente sobre las mujeres y niñas afganas, cuya situación sigue marcada por severas limitaciones en materia de derechos, educación y participación social. ACNUR advierte de que muchas regresan a un entorno donde persisten graves vulneraciones de derechos fundamentales.

41,6 millones de refugiados en el mundo
Pese al descenso global del desplazamiento forzado, la magnitud de la crisis sigue siendo enorme. A finales de 2025 había 41,6 millones de refugiados en el mundo. Además, casi nueve millones de personas esperaban una resolución sobre sus solicitudes de asilo. Los niños representan el 39 % de la población refugiada, una proporción considerablemente superior a su peso en la población mundial.
Además, siete de cada diez refugiados viven en situaciones de desplazamiento prolongado. Esto significa que han pasado al menos cinco años fuera de sus hogares sin perspectivas inmediatas de una solución duradera. En la práctica, millones de personas quedan atrapadas en una especie de limbo permanente.
Frente a este panorama, ACNUR ha planteado un objetivo ambicioso: reducir a la mitad antes de 2035 el número de refugiados que viven en situaciones prolongadas y dependen de la ayuda humanitaria para cubrir sus necesidades básicas. La estrategia apuesta por ampliar el acceso al empleo, la educación, los sistemas nacionales de salud y las oportunidades de integración económica.
La asistencia humanitaria salva vidas, pero no puede convertirse en un destino permanente.
Detrás de las estadísticas permanecen millones de historias de incertidumbre. La cifra global puede haber disminuido, pero el desafío sigue siendo garantizar que quienes regresan no tengan que elegir entre el exilio permanente y un retorno sin condiciones para rehacer sus vidas.

