Análisis
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Lo que debería pasar en Venezuela a partir de ahora

Lilian Tintori encabeza una manifestación en 2017 contra el régimen chavista.

En cuestión de minutos, un grupo de intervención rápida de EEUU salió de un portaviones, entró con helicópteros a las costas de Venezuela, neutralizó todas las defensas y radares, aterrizó en la mayor base militar del país, penetró en el sitio más inexpugnable, y se llevó al hombre más vigilado de Venezuela, el presidente Nicolás Maduro

Poco después se vio la imagen de Maduro, esposado en el portaviones Iwo Jima. El mensaje era claro: vuestro ejército de 200.000 hombres, vuestras defensas antiaéreas rusas y vuestra seguridad no sirven para nada. Podemos golpear donde queramos, cuando queramos y a quien nos dé la gana.

Lo que vino después desconcertó a medio mundo. Donald Trump dijo estar negociando con el poder chavista para proceder a una transición, supervisada por Estados Unidos, en la que María Corina Machado, la esperanza de millones de venezolanos, no iba a tener por ahora un papel destacado. En esa transición, la persona fuerte iba a ser Delcy Rodríguez, la vicepresidenta chavista de Venezuela. Ahora es la presidenta encargada.

Muchos analistas han tenido que recablearse. ¿Cómo es posible que Estados Unidos permita que los chavistas sigan en el poder?

Marco Rubio dio algunas pistas horas después, en una entrevista a la NBC. Cuando la periodista le preguntó por qué Trump rehúsa a trabajar con María Corina Machado, el secretario de Estado respondió: “Desgraciadamente, la realidad más inmediata nos dice que la gran mayoría de la oposición no está en Venezuela”. Rubio hizo ver que, a corto plazo, quien puede responder a una negociación es Delcy Rodríguez, pues con Maduro fue imposible negociar. Le ofrecieron de todo y lo único que hizo fue ganar tiempo. Rubio espera de Delcy “compliance and cooperation” (cumplimiento y cooperación).
Por ahora, es lo único que se puede hacer.

EFE/EPA/La Casa Blanca
EFE/EPA/La Casa Blanca

Veamos por qué.

Los chavistas han ido tomando durante 26 años todos los engranajes del poder en Venezuela: el ejecutivo, con la presidencia y el gobierno; el legislativo, con mayoría en la Asamblea; y el judicial, con el control total del Tribunal Supremo. Tienen el control del Consejo Nacional Electoral. Además, han logrado la adhesión de las Fuerzas Armadas, la Policía, la Guardia Nacional, los servicios secretos, las comunas populares y los colectivos paramilitares armados. Si cayera toda la cúpula de esa tela de araña, se crearía un vacío de poder que podría degenerar en el mismo caos de Libia, Siria e Irak cuando cayeron sus respetivos dirigentes. Para Estados Unidos, sería un revés muy grave pues dejaría las cosas peor que antes. Hasta una guerra civil.

Pero, al igual que es difícil imaginar una transición pacífica sin los chavistas, es difícil imaginarla con los chavistas. Son demasiado tramposos.

Voy a usar algunos ejemplos recientes para explicar sus trampas. Cuando cubrí como periodista las elecciones legislativas en 2020, Nicolás Maduro y los chavistas impidieron a cualquier partido de la oposición presentar a sus candidatos: estaban en la cárcel, inhabilitados o habían huido del país. El Partido Socialista Unido de Venezuela (chavista) y sus adeptos del Gran Polo Patriótico obtuvieron la mayoría de los votos. Era como subir a un ring de boxeo sin contrincante. Los colegios electorales que visité en Caracas en barrios ricos y pobres estaban vacíos. La abstención fue del 70%. Los chavistas tomaron la Asamblea gracias al abuso del poder.

Maduro
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, celebra con Cilia Flores tras conocer los resultados de las elecciones presidenciales
EFE

Cuando cubrí las elecciones presidenciales más recientes (2024), los colegios electorales estaban rebosantes. Edmundo González, nombrado por María Corina Machado a última hora como candidato de la oposición, obtuvo el 67% de los votos y lo pudo probar, pues cientos de miles de voluntarios de María Corina Machado extrajeron las papeletas de las máquinas de los colegios electorales, las copiaron y las subieron a internet a la vista de todo el mundo. Maduro no fue capaz de presentar ni una sola papeleta, a pesar de lo cual el Consejo Nacional Electoral, controlado por él, le declaró ganador sin mostrar las pruebas.

Los chavistas también tienen el control de los medios de comunicación. No existe ni prensa, ni televisión, ni radio libres. Twiter (ahora X) no se puede ver en Venezuela. No hay medios disidentes. Los periodistas independientes son perseguidos y encarcelados.

Los chavistas también han tomado el control de los recursos del país, desde el petróleo hasta el oro, desde el Banco Central hasta las líneas aéreas. Son organizaciones manejadas para los intereses políticos de los chavistas. Por ejemplo, PDVSA, la empresa pública petrolera, exporta diariamente de 8.000 a 50.000 barriles de crudo a Cuba solo porque son sus aliados políticos. Cuba no paga con dinero, sino con asesores militares.

Los chavistas han creado además una extensa arma de represión que detiene, mete en prisión, tortura y mata a los disidentes, a los oponentes políticos, a periodistas y a cualquier sospechoso. En las manifestaciones de 2017 asesinaron a 140 personas.

En resumen, el chavismo es una dictadura cruel. Y además, narcoterrorista. El periodista español Emili Blasco publicó en 2016 el libro “Bumerán Chávez” en el cual, militares que trabajaron junto a Chávez, y huyeron a EEUU, le contaron cómo compraba droga a las FARC y ELN colombianos, y traficaba con ella enviándola a EEUU. “Durante su Gobierno [de Chávez], Venezuela se convirtió en el punto de salida del noventa por ciento de la droga colombiana, en su viaje a Estados Unidos y Europa”.

Estados Unidos intenta desmontar ese poder dictatorial acusándolo de traficar con drogas. Ha detenido al presidente y principal dirigente chavista, Nicolás Maduro, y, con esa baza en la mano, espera convencer al gobierno venezolano para que haga una transición negociada si no quiere otra intervención armada. Muchos venezolanos no se fían de que los chavistas vayan a aceptar esa transición.

Para millones de venezolanos en el país, y más de ocho millones de venezolanos en el exilio, pensar que el chavismo se va a perpetuar es una pesadilla que no acaba. En estos 26 años han aprendido que los chavistas mienten, extorsionan, defraudan, engañan, encarcelan y matan.

¿Cuáles serían los gestos que demostrarían pasos hacia la transición?

Liberación de los presos. Hay en este momento unos mil presos, políticos.

Regreso de los exiliados, incluidos los políticos, garantizando que no va a haber persecución ni revancha.

Desarmar a los grupos paramilitares, cuerpos represivos y a los colectivos chavistas.

Declarar la convocatoria de elecciones presidenciales y legislativas libres y supervisadas por organismos internacionales competentes.

Una declaración militar garantizando que respetarán el resultado de las elecciones.

Garantizar la inversión exterior en Venezuela y la devolución de propiedades confiscadas.

Se puede ampliar la lista y en algún momento tendrán que aparecer Edmundo González y María Corina Machado.

Muchos periodistas como yo, que estuvimos en los mítines de campaña de María Corina en 2024, comprobamos que tiene un extraordinario apoyo popular y que encarna la esperanza de la inmensa mayoría de los venezolanos. La gente le tiene fervor.

No se entenderá la transición si al final no aparece María Corina Machado, una vez que se celebren elecciones libres en Venezuela. Tiene que ser la culminación de una larga espera y de un prodigioso esfuerzo de la oposición.