En primera persona

Entre el alivio y la cautela en las casas de Venezuela: “Lo que sentimos es incertidumbre”

Cinco testigos relatan a Artículo14 cómo vivieron los bombardeos y sus sensaciones tras la captura de Nicolás Maduro

La emoción de venezolanos fuera de su país.

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela durante la madrugada de este sábado provocó, en un primer momento, miedo, confusión e incertidumbre entre la población. Cortes de electricidad, fuertes detonaciones, el sobrevuelo de aviones y helicópteros y la ausencia de información oficial marcaron las primeras horas tras el bombardeo.

Sin embargo, conforme fueron trascendiendo las primeras noticias y se confirmó la detención de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, el clima emocional fue transformándose en alivio, aplausos y celebraciones, tanto dentro como fuera del país.

Fuera de Venezuela, la reacción fue inmediata y visible. Centenares de ciudadanos venezolanos se congregaron en la Plaza de Bolívar de Bogotá, así como en otras ciudades de Colombia —el país que más migrantes venezolanos ha acogido— para celebrar la caída del régimen. Las escenas se repitieron también en países como Bolivia, Panamá, Perú, España y Estados Unidos.

EFE/ Borja Sánchez-Trillo

Banderas tricolores, camisetas de la selección nacional y consignas como “Por una Venezuela libre” acompañaron cánticos del himno nacional en actos cargados de emoción, en los que no faltaron lágrimas. Para muchos emigrados, la noticia supuso la confirmación de una esperanza largamente postergada.

Aún así, la situación se ve acompañada de una cautela generalizada ante lo que pueda ocurrir en los próximos días, especialmente para las personas que aún viven en Venezuela. Cinco testigos relatan a Artículo14 cómo vivieron esas horas y cómo se sienten ahora.

Los testimonios

Dentro del país, la vivencia fue muy distinta durante las primeras horas. Una de las testigos describe cómo la noche comenzó con un apagón y una aparente normalidad: “vamos a acostarnos”, pensó. Poco después llegaron las detonaciones, primero lejanas y luego cada vez más intensas, hasta el punto de hacer temblar el suelo. A pesar del estruendo, relata que no sintió pánico, sino una inesperada sensación de alivio. “Se terminó la angustia, ya empezó todo”, explica, convencida de que se trataba del final de una larga espera. La testigo asegura sentirse tranquila y describe un ambiente de silencio absoluto en las calles, sin movimiento ni ruido, como si la población estuviera contenida, aguardando noticias.

Otros testimonios, sin embargo, reflejan una experiencia inicial marcada por el miedo. “La mejor palabra para describir lo que sentimos es incertidumbre”, señala otra persona consultada. Durante los primeros momentos no sabían si se trataba de un fenómeno natural, un conflicto interno o un ataque externo.

Las detonaciones, las luces en el cielo y la sensación de que todo temblaba generaron un estado de sobreestimulación y angustia, especialmente entre quienes tienen hijos pequeños y no sabían cómo protegerlos. La falta de información y la imposibilidad de comunicarse con normalidad incrementaron la ansiedad, y muchos pasaron la noche en vela esperando confirmaciones oficiales.

A medida que avanzaron las horas y se supo que los ataques se dirigían a objetivos militares, la tensión fue dando paso a una mayor calma. Algunos testigos explican que, al conocer que se trataba de una operación estadounidense y que no estaba dirigida contra civiles, pudieron tranquilizarse parcialmente.

No obstante, los apagones prolongados, la posibilidad de quedarse sin internet y el recuerdo de las explosiones cerca de zonas residenciales mantuvieron un nivel elevado de preocupación. “Al principio fue demasiado miedo”, admite una de las voces que reside cerca de Fuerte Tiuna, la base militar atacada, preocupada por su seguridad.

La confirmación de la detención de Maduro generó un giro emocional claro. María —nombre ficticio por miedo a represalias— afirma que se despertó “con lágrimas en los ojos” y relata escenas de celebración en su municipio, con gente saliendo a la calle, gritos y bocinas de coches. Otra venezolana consultada, residente de Mérida, cuenta que hay largas filas en los supermercados y que están limitando los productos, “dos por persona”.

Así, la madrugada que comenzó con sobresalto y temor ha derivado en una mezcla compleja de esperanza, alivio y expectación. Para muchos venezolanos, dentro y fuera del país, la caída del régimen supone un punto de inflexión histórico. Pero la experiencia acumulada de años de crisis explica que, junto a los aplausos, persista una actitud vigilante, otro venezolano admite su felicidad pero reconoce que “no sabe lo que va a pasar”. “Hay alegría pero también miedo. Aquí las cosas no son tan fáciles”.

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