En la víspera del octavo aniversario de la moción de censura que descabalgó a Mariano Rajoy del Gobierno, algunos de sus protagonistas trabajan discretamente para ahormar una mayoría que saque a Pedro Sánchez de La Moncloa. Como en la novela de Dickens vuelven los fantasmas del pasado, presente y futuro.
A las conversaciones entre el PNV y Junts, que avanzó Artículo14 la semana pasada, se han sumado nuevos y viejos actores de aquel 1 de junio donde el bolso de la entonces vicepresidenta, Soraya Saénz de Santamaría, sobre el escaño de Rajoy se convirtió en el símbolo de un fin de etapa tan abrupto como inesperado.
El gallego de antes ignoró a quienes, en los días previos a que Margarita Robles registrase la moción en el Congreso, le avisaron de que Sánchez le asestaría el golpe de gracia. El gallego de ahora, Alberto Núñez Feijóo, está cada vez más receptivo a una moción de censura, pero por ahora sólo escucha lo que llega del “correo del zar”. La máxima es no precipitarse.
La vía de diálogo entre los neoconvergentes y los populares existe, pero mediante personas interpuestas de la confianza de ambos lados. En este caso hay también un Iván Redondo que ejerce de correa de transmisión entre unos y otros. Es un veterano que conoce bien los núcleos de poder de “Madrid DF” y Barcelona.
El único punto de acuerdo en este momento es que la legislatura está muerta. El escollo es dar con la fórmula que validen PP, Junts y PNV. Catalanes y vascos están en controlar daños.
Los de Carles Puigdemont han vuelto a poner sobre la mesa que se busque un candidato diferente de Feijóo. No quieren que sus diputados invistan al líder popular de la mano de Vox. Un hombre de paja que convoque elecciones. Al PNV no le disgusta la propuesta, el PP no la contempla. Queda mucho por coser.
Los nacionalistas vascos quieren que sus diputados se abstengan. Ya se sabe que una abstención tiene amplias interpretaciones. Sánchez acuñó el argumentario con Bildu como pieza necesaria para llegar al poder sin mancharse el traje con el polvo del camino.
La abstención de los cinco parlamentarios del PNV obliga a que alguno de los siete diputados de Junts vote a favor de la moción. De ahí el empeño de que no sea Feijóo. “Línea roja”, trasladan.

“Deterioro democrático” en España
Entre los visitadores del pasado está el exlendakari Íñigo Urkullu. Quien tuvo la última palabra para consumar la traición al PP en 2018 intriga con la confederación de empresarios vascos Confebask para ayudar a su “amigo” Alberto Núñez Feijóo a llegar a La Moncloa.
Urkullu alertó en un artículo en El País del “deterioro democrático” en España y urgió a Sánchez a convocar elecciones. “Es el momento de la responsabilidad”, apostillaba el vasco como un aviso nada encubierto a navegantes.
El exlendakari habla por boca de los empresarios vascos que ya han hecho llegar al PNV su preocupación por la imagen que se traslada ante el goteo de casos de corrupción que afecta al Gobierno y al PSOE. Las revelaciones del sumario del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero han rebosado un vaso que siempre se quiso ver medio lleno.

Como ocurre en Junts, en el PNV también hay un pulso entre sus diferentes almas. Urkullu no está en la primera línea, pero mantiene, como el expresidente del partido Andoni Ortuzar, ascendencia sobre una buena parte de la militancia que reniega del apoyo a Sánchez.
A ambos les costó en lo personal desconectar a Rajoy del poder. Hasta el último minuto de aquel 1 de junio estuvo la entonces vicepresidenta, Soraya Saénz de Santamaría, apelando a la sintonía de los últimos años, al trabajo de los últimos días en los que pactaron unos Presupuestos. A Aitor Esteban le tocó el papel de Judas entonces y puede que, como el apóstol, vuelva a renegar si Sánchez no convoca elecciones.

El presidente sigue enrocado en resistir hasta 2027 pese a que los sumarios de corrupción entierran cada día su agenda institucional. La semana arrancará con el levantamiento del secreto de la trama que afecta a la fontanera del PSOE, Leire Díez.
Moncloa confía en que la visita del Papa a España le de una tregua. Salvo milagro tras la marcha de León XIV llegarán dos duros golpes para el presidente: la sentencia del caso que implica a José Luis Ábalos y Koldo García y la declaración de José Luis Rodríguez Zapatero ante el juez.
A Sánchez sólo le quedan dos opciones para ser él quien maneje su propio destino: un paso al lado y proponer a Salvador Illa como candidato a presidente o un adelanto electoral. Lo mejor para el país sería que el presidente despierte de su pesadilla con propósito de enmienda como el avaro anciano de Cuento de Navidad.
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