¿Qué le pasa a Puigdemont? Los chats de los líderes de Junts ardían después de que el expresidente catalán no se conectase este sábado por videoconferencia al Consejo Nacional que convocó el partido después de la resolución del Tribunal de Justicia Europeo (TJUE) que avaló la amnistía al considerar que la medida no choca con el derecho comunitario.
El desconcierto es total en las filas del partido soberanista. Al plantón de ayer había que sumar la negativa de Puigdemont a comparecer el jueves cuando se conoció la resolución del tribunal europeo. “Se negó en rotundo a salir”, aseguran fuentes cercanas al prófugo que despachó con un mensaje en las redes sociales el que será su salvoconducto para regresar a España.
“Es una victoria rotunda, un triunfo político del independentismo catalán frente a los poderes del Estado español”, sentenciaba en X, al tiempo que aprovechó para lanzar una pulla a Pedro Sánchez, a quien acusó de no querer darle la medida de gracia hasta que hasta que “necesitó los votos”.
Quienes han visitado en los últimos meses a Puigdemont manifiestan que está “deprimido y lleno de rencor”. Se siente traicionado por el presidente del Gobierno a quien “desprecia”, según han podido constatar las citadas fuentes.

La relación entre el PSOE y Junts está rota y, pese a que se han intentado hacer “gestos” desde La Moncloa, es poco probable que se reconduzca. Los soberanistas catalanes tumbaron el techo de gasto en el Congreso y están dispuestos a hacer lo mismo con los Presupuestos. No hay garantías de que el retorno de Puigdemont sea positivo para los intereses de Sánchez.
En paralelo siguen las conversaciones entre los emisarios del PP con los visitadores de Waterloo para sondear una moción de censura que Alberto Núñez Feijóo teme tener que presentar a finales de este año si Sánchez no adelanta la convocatoria de elecciones y los casos de corrupción del PSOE siguen agolpándose en los titulares.
Tampoco es bueno para el plan de Feijóo que el prófugo vuelva a casa. La relación con la portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, es buena y los que en el seno del PP reniegan del diálogo con los independentistas ponen el grito en el cielo sólo con mentar a Puigdemont. El líder de Junts, en palabras de un barón popular, es como el uranio: “Muy valioso, pero altamente peligroso si te acercas demasiado”.

Puigdemont se ha vuelto tóxico pese a que es el hombre a quien el presidente del Gobierno encomendó en reuniones clandestinas en Suiza el futuro de los españoles. Por él pasó la investidura y en sus manos ha estado la gobernabilidad en los últimos años. Los siete votos de su partido siguen siendo decisivos y son la única razón por la que se amnistió el golpe secesionista en Cataluña.
La sentencia del TJUE ha sido un espaldarazo para el independentismo, pero en ningún caso blanquea los hechos delictivos de los que jamás se han arrepentido. No puede sorprendernos que la justicia europea cuestione las decisiones judiciales de un país en el que su presidente acusa de prevaricar a los jueces en cada foro internacional. Sánchez sólo contesta a preguntas de los periodistas cuando viaja al extranjero. En España ha impuesto la ley del silencio.
Mudo sigue Puigdemont. En su partido aguardan con enorme expectación que el líder desvele sus intenciones. Por el momento sólo han escuchado a su abogado, Gonzalo Boye, quien le ha desaconsejado volver a España hasta que el Constitucional resuelva favorablemente su recurso de amparo. No se espera que el tribunal de garantías se pronuncie hasta octubre.

“Nadie sabe qué le pasa por la cabeza”
En la cúpula de Junts se espera que el líder imparta una lección de coraje y como le aconsejó el ministro de Transportes, Óscar Puente, se “plante” inmediatamente en España. Hasta hace unas semanas este era también el plan del prófugo.
“Ahora nadie sabe qué le pasa por la cabeza”, lamentan en Junts. El vértigo de una inminente vuelta parece haberle paralizado. En el exilio el discurso de la épica siempre oculta las carencias de la realidad. Sabe que tras casi nueve años huido ya nadie le espera.
Junts le da por amortizado. El auge de Aliança Catalana no se frenará con la fórmula Puigdemont. La formación se enfrenta al renovarse o morir. Las encuestas son demoledoras para sus intereses.
El último CIS catalán de julio disparó al partido de la ultra de Sílvia Orriols hasta una horquilla de 23 a 25 diputados frente a los 16-18 que otorgaba a Junts, quién en las elecciones de 2024 había llegado a los 30 representantes en el Parlamento catalán. El sondeo se cocinó para rebajar a Aliança Catalana que estaría en 30 diputados y dar aire a ERC, que no llegaba a los 24-26 que se publicaron.
Con este escenario a Puigdemont le ha entrado el pánico escénico. La vuelta nunca será como aquel “Ciutadans de Catalunya, ¡ja sóc aquí!” de Tarradellas.
