Opinión

El balanceo de Sánchez

PALMA DE MALLORCA, 29/07/2026.- El jefe del Ejecutivo central, Pedro Sánchez, que visita Mallorca con ocasión de su despacho estival con el Rey, durante su reunión con la presidenta del Govern balear, Marga Prohens. EFE/CATI CLADERA
El jefe del Ejecutivo central, Pedro Sánchez. EFE/CATI CLADERA
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Sánchez pone rumbo a La Mareta al terminar contra todo pronóstico otro curso político. Si hace dos años, cuando empezaron las cascadas de escándalos alrededor de su gobierno, sus hombres de confianza y su familia, nos hubieran dicho que en el verano de 2026 seguiría en el cargo como si nada de eso hubiera sucedido, probablemente nadie se lo hubiera creído. Y nadie hubiese apostado, porque no tiene sentido, porque es algo totalmente inédito y desconocido que un presidente sin apoyos, sin presupuestos, sin capacidad de legislar y con todos sus alrededores infectados de corrupción continúe hacia adelante sin pararse en barras.

Pedro Sánchez ha hecho un balance de la nada, porque Sánchez balancea sobre el poder. Su mandato es un columpio, un juego de supervivencia movido por la inercia de los vaivenes; los de sus socios, los de la actualidad, los de la oposición y los de los funcionarios del Estado que han puesto un cerco a sus ansias de dinamitar los pilares de la democracia que conocemos.

Podríamos hacer un balance paralelo, fuera de su realidad alterada, de número de escándalos, de imputaciones, de polémicas estériles, de cortinas de humo, de arranques posturetas de sus socios, de las entrevistas inexistentes en medios de comunicación, de tuits barriobajeros de señores y señoras que se sientan en los Consejos de ministros, de purgas en el partido, de activistas que han defendido lo indefendible y justificado lo injustificable, de ausencias en el Congreso de los Diputados, de críticas y señalamientos a jueces, del goteo incesante en la SEPI, de los desbarres del CIS de Tezanos, del asalto vergonzante a la televisión pública, del reguero de derrotas electorales en todas y cada una de las comunidades autónomas.

MADRID, 28/07/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hace balance este martes de un difícil curso político marcado por diversas causas judiciales que afectan al PSOE o a su entorno familiar y por la falta de acuerdos que han impedido aprobar el decreto previsto sobre vivienda y alejan la posibilidad de unos nuevos presupuestos. EFE/ Mariscal
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, haciendo balance este martes de un difícil curso político
EFE

Sánchez vive y resiste en la dopamina, en la política tiktokera de sus recomendaciones, en la corta memoria de una sociedad a la que le ha administrado una sobredosis de polarización y que con el espíritu crítico mermado se ha lanzado a una guerra absurda. Sánchez no gobierna, confronta, en primera instancia, con quien encuentre, en un duelo corto, con rafagazos de titulares. Y luego con el reloj. Ha conseguido detener el tiempo en un descuento eterno, un descuento que empezó desde el inicio de la legislatura. Cae y cae, pero resiste. Vive alargando una derrota que sabe que llegará, velando armas y preparándose para activar una propaganda que le permita salvar algunos muebles en la masacre electoral que sabe que se le viene encima. Y en este camino egoísta y narcisista, se ha cargado al partido al que representa.

A todas luces, este será el último verano de Sánchez como presidente del Gobierno. Cualquiera diría que estos días de descanso serán para él la calma que precederá a la tormenta, pero no, él vive en un huracán perpetuo. Y su secreto es que lo transita como si estuviera en calma. Eso es lo fascinante de su personalidad, podrá sentir y padecer, pero continúa a la suyo, que es lo de nadie, solo lo suyo, una hoja de ruta en la que no hay rastro de convicciones ni valores, solo cálculos.

Descansen ustedes mientras que Sánchez se toma un respiro con un mapa encima de su mesa, porque con total certeza, a partir de septiembre, vamos a vivir uno de los cursos más locos de la historia de España. El perro se convertirá en gato panza arriba y arañará hasta el último rescoldo de lo conocido para minimizar su derrota. Se viene su último sprint hacia el abismo y no va a dejar nada en el tintero. Su jauría ladrará más fuerte que nunca, la realidad se tensionará hasta que se creen multiversos que dejarán al delirio en cordura. No tengo dudas de que está preparando un final de los finales a la altura, que intentará reducir todo a cenizas y que atacará hasta el último flanco de verdad para hacerla pasar por subjetividad y ataque hacia su persona.

El jugador de baloncesto está unificando el cemento de su cara con el del muro con el que comenzó este sindiós. Se acerca un invierno en el que la nieve se cambiará por un fango helado y viscoso. Sánchez, antes de ser desterrado por los votos, morirá con las botas puestas. Siendo fiel a lo único que ha sido fiel en toda su trayectoria: a sí mismo, a su ego, a su temeridad y a su absoluta falta de escrúpulos.

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