Sabía que no sólo me pasaba a mí. Lo sabía porque en alguna ocasión lo había comentado con amigos o compañeros. No era la única a la que le pasaba, pero tampoco conocía que fuera algo tan generalizado. Me refiero al hecho de no saber qué elegir para ver de toda la oferta que existe hoy en día en las plataformas que hemos incorporado a nuestras vidas, de tardar un rato largo en elegir o, incluso, salir sin elegir nada.
Y es que, a veces comienzo a navegar entre las películas, las series, los documentales e incluso los conciertos que ofrecen las distintas plataformas y paso de un contenido a otro, saltando sin saber por qué decidirme, como un mono que va de rama en rama, de árbol en árbol. Venga, Raquel, decídete, me he dicho más de una vez. Y más de una vez, después de estar un buen tiempo navegando, he salido de las plataformas sin elegir nada, he cogido el libro que tenía junto a mí y he seguido leyendo porque no he sido capaz de decidirme por nada.
Pues resulta que esto es mucho más generalizado de lo que yo pensaba. Y es que según un estudio de Nielsen y su división Gracenote (informe State of Play de finales de 2025), el tiempo que los usuarios dedican a elegir qué ver en las plataformas ha aumentado significativamente debido a la enorme oferta de contenidos.
Según este estudio, de media los usuarios tardan casi un cuarto de hora en decidir qué contenido ver en plataformas de streaming, aunque por países hay diferencias. Mientras en Estados Unidos la media baja a 12 minutos, en Francia un usuario puede dedicar hasta 26 minutos para elegir, casi media hora que, francamente, después de contar mi experiencia, no me parece descabellado. Para que nos hagamos una idea de cómo ha evolucionado, en 2019 el tiempo que se tardaba en elegir era de 7 minutos.
En el mismo estudio se cuenta que hasta un 20% de los consumidores afirma que cuando no encuentran algo atractivo después de estar un tiempo buscando, lo que hacen es apagar la televisión, llegando hasta el 50% la cantidad de usuarios que cancelarían el servicio, en este caso la suscripción a las plataformas, si siguieran encontrando difícil, o no les resultara fácil, decidirse por algo interesante.
Y todo esto no es más que la Paradoja de la elección, que consiste en que cuantas más opciones tenemos para elegir, más paralizados nos quedamos, y esto lo demuestran estudios y experimentos varios, como por ejemplo un clásico de la psicología del consumidor, el experimento de la mermelada. Este experimento, realizado en el año 2000 por las psicólogas Sheena Iyengar y Mark Lepper, desafió la creencia de que cuantas más opciones tiene el consumidor, más ventas se consiguen. De hecho, el experimento confirmó exactamente lo contrario. En una mesa de un supermercado se colocaron 24 sabores distintos de mermelada y en otro tan sólo 6, y lo que ocurrió es que la mesa con más sabores atrajo a más consumidores pero las ventas fueron mucho menores. Y es que, aunque inicialmente ofrecer un mayor número de opciones puede resultar más atractivo para el consumidor, se produce una parálisis a la hora de comprar, precisamente por la cantidad de opciones existente.
Y lo entiendo, porque llega un momento en que uno no sabe qué película ver, qué sabor de mermelada elegir, o qué champú de pelo comprar de entre los cientos que hay en la estantería, y sucede la Parálisis por análisis, porque existe tanta información para evaluar que uno termina por salir del proceso.
Y algunos nos damos cuenta, porque lo hemos vivido, de lo lejos quedan aquellas tardes en que uno se sentaba delante del televisor y veía la película que estaba en ese momento en la televisión. Sin ningún problema para elegir, porque eso es lo que había y eso es lo que veías. Y comprabas tu mermelada favorita de entre los pocos sabores que había, y así con todo, que no sé si era mejor que ahora, pero desde luego, visto con perspectiva, parecía todo más sencillo. Porque lo que sucede ahora es que nos empachamos antes siquiera de empezar a consumir. Nos empachamos de opciones y nos empachamos de información, y como estamos empachados, al final no tomamos ninguna decisión.
Pobres de nosotros, perdidos entre tantas opciones, perdidos en la elección, condenados a elegir y condenados a ser libres como postuló Jean-Paul Sartre, el filósofo existencialista, hace más de medio siglo. Que líbreme Dios de no poder elegir, pero a veces me pregunto qué postularía hoy Jean-Paul Sartre sobre nuestra condena si se encontrara ante tantas opciones de todo tipo como tenemos en este nuestro mundo actualmente, donde se nos hace tan difícil elegir.
