El domingo 25 de octubre de 2026 es un día que tardaremos mucho tiempo en olvidar. En una España, en una sociedad tan enfrentada y polarizada como la que nos está tocando vivir, hubo una noche en la que todos fuimos felices.
La inesperada victoria de Lula en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas dio una alegría inmensa a media España (se volvió a demostrar que las encuestas son una broma comparadas con la “sabiduría” del taxi madrileño); el regreso de María Corina Machado a Venezuela se lo dio a la otra media.
Para espíritus más inquietos, hubo una tercera gran noticia esa jornada: la victoria de la Lista de Estudiantes en las elecciones serbias. Todos los que amamos a Rafa Nadal hasta la locura amamos también a Serbia, porque es la patria del gran Novak Djokovic, uno de sus dos rivales eternos. Nole es el extraordinario embajador en el mundo de este pueblo de “guerreros montañeses”; un pueblo a menudo injustamente tratado por la Historia. Si Djokovic apoyaba a la candidatura estudiantil, yo también. Hay otra razón por la que amo a Serbia: Ivo Andrić. Lean Un puente sobre el Drina y entenderán mis razones.
Las izquierdas patrias
Esta es una columna periodística de intenciones ecuménicas. Por eso renuncio a glosar que ese inolvidable domingo también se produjeron en Barcelona las resurrecciones de José Mourinho y Eduardo Camavinga, la segunda de las cuales celebro especialmente. Aunque a muchos les cueste creerlo, la victoria del portugués causó casi tanto dolor en Madrid (a la prensa que lo “ama” apasionadamente) como en Barcelona.
La victoria de Lula enloqueció a las izquierdas patrias, compensando el disgusto que les produjo el regreso de María Corina a su país. A las derechas hispánicas les ocurrió exactamente lo contrario. Hubo, sin embargo, una esquina de la península Ibérica donde las dos noticias se celebraron (por la inmensa mayoría de la población) conjunta y felizmente: Galicia. Los gallegos tenemos unos lazos tan intensos con Brasil y con Venezuela, con Río de Janeiro y Caracas, (los del corazón y la sangre), que sabemos que todo lo que es malo para el bolsonarismo y para el chavismo es bueno para el pueblo brasileño y venezolano.
Podríamos estar horas hablando de todas las consecuencias de la victoria del antiguo obrero metalúrgico, del antiguo sindicalista de Pernambuco, pero, por la agilidad y brevedad del relato, solo apuntaré unas cuantas. Lula ingresa con este triunfo en uno de los clubs más restringidos y selectos del mundo: el de los políticos que han logrado por la vía de los votos cuatro mandatos presidenciales. El hijo del empobrecido nordeste brasileño une su nombre a los de Gladstone, Roosevelt, Felipe González y don Manuel Fraga. ¡No está mal este cuarteto de larga “cuerda” política!
“El patio trasero de nadie”
La derrota de Flávio Bolsonaro tiene otro efecto benéfico para la humanidad: ha enfurecido al marido de Melania. Ante la política y las maneras del actual inquilino del despacho oval solo caben dos actitudes: la primera, la sumisión y el servilismo de Gianni Infantino y Mark Rutte que no paran de arrodillarse y humillarse ante el magnate neoyorquino y de humillar a las instituciones que representan. La segunda, el coraje de Lula y Mark Carney, que se han mantenido de pie, firmes, ante el presidente estadounidense defendiendo su dignidad y la de sus naciones.
Los líderes de la internacional ultraderechista, que amenazan a diario (sin el más mínimo rubor) a todas las democracias liberales de la Tierra, deberían grabarse estas palabras de Lula en sus discursos y en sus carteras: “Este país no acepta ser el patio trasero de nadie”. ¡Qué gran lección de Brasil al mundo!
La remontada de Lula, por último, ha disparado las esperanzas de la izquierda española de no perder las próximas elecciones, emulando la gesta del hombre que en sus dos primeros mandatos sacó a millones de compatriotas de la pobreza. Pero esa, como diría Kipling, es otra historia y debe ser contada en otro sitio. Espero que también a mi querida Francia lleguen los ecos y la alegría del “sambódromo” político carioca y de la posibilidad de vencer en mayo en las urnas a la Bolsonaro francesa.
Vientos imparables
La otra protagonista de este domingo histórico fue una mujer: María Corina Machado, que volvió, al fin, a su patria. Esta noticia no disgusta al marido de Melania, porque, en la nación del gran Arturo Uslar Pietri, el cónyuge de la eslovena cree que las dos mujeres en liza política (Delcy Rodríguez y María Corina) garantizan del mismo modo sus intereses petrolíferos, que ya ha demostrado a todo el mundo que es lo único que le interesa. La posibilidad de una transición modélica a la democracia en Venezuela (como la española) le trae al pairo al marido de la antigua modelo europea.
Lo que no sabe este ignorante cósmico (me sigo refiriendo al marido de Melania) es que los vientos de la Historia son imparables. En unos días Alexis de Tocqueville celebrará en los cielos de la Democracia el resultado de las elecciones americanas de medio mandato que convertirán al sucesor de Joe Biden en un patético y lastimoso pato cojo. En el Caribe, no habrá tampoco Éolo que controle los vientos de cambio político.
El futuro de Venezuela pasa por la Premio Nobel de la Paz, pasa por María Corina. Ella ya está “madura” para liderar la reconquista de la democracia y el bienestar económico por parte del pueblo venezolano. Delcy Rodríguez, en cambio, está ya “caducada”. La causa de la libertad en Venezuela es invencible e imparable, y miles de gallegos y canarios la viviremos y celebraremos como propia.
“Humanismo frente a fanatismo”
En fin, un mal día para el bolsonarismo y para el chavismo es un día glorioso para la humanidad. Quiero terminar con unas palabras de Stefan Zweig en su Castellio contra Calvino. Sé que en los cielos de la Literatura el gran escritor austriaco (que tanto amó a Brasil) celebra la victoria de Lula y la vuelta de María Corina.
Escribió el inmenso autor vienés: “No importa cómo quiera uno denominar los extremos de esta tensión permanente (tolerancia frente a intolerancia, libertad frente a tutela, humanismo frente a fanatismo, individualismo frente a mecanización, conciencia contra violencia), todos estos nombres expresan una opción que en última instancia es la más personal y la más íntima, la que para todo individuo resulta de mayor importancia: lo humano o lo político, la ética o la razón, el individuo o la comunidad”.

