Hay personas que utilizan la escritura para desahogarse. Les sirve como terapia. Lo vomitan todo y continúan con sus vidas como si nada. Yo reconozco que, a veces, funciona. Aunque me gusta más darle otro uso. Prefiero plasmar sobre un papel (o documento de word) aquello que quiero recordar.
Por eso hoy necesito hablar de ‘Naza’ y dejarlo aquí apuntado para siempre. El otro día fui al cine a ver este documental de Yuval Abraham y Rachel Szor y salí completamente impactada. En esta cinta se recopilan entrevistas a 24 oficiales del servicio de inteligencia israelí que reconocen su participación en el genocidio de Gaza.
‘Naza’ es el acrónimo de nezek agavi *que significa “daños colaterales’. Así es como se refieren a mujeres, niños o gente inocente que muere por encontrarse en el mismo lugar que el objetivo al que persiguen. Se convierten en un número y, de ese modo, se borran sus rostros, su sufrimiento, sus alaridos de terror… En definitiva, se despersonaliza la violencia.
Tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, los israelíes respondieron bombardeando varios edificios de la Franja. Buscaban a sus integrantes y para ello emplearon el programa Lavender, un software de inteligencia artificial que geolocalizaba sus supuestos móviles. La IA les debía parecer infalible.
Podía equivocarse, pero eso daba igual. Tampoco importaba la aniquilación de familias enteras. Los soldados las espiaban, escuchaban sus conversaciones y derribaban todo desde su ordenador como si estuviesen enganchados a un juego de marcianitos. Uno de ellos cuenta que en una operación hubo 500 víctimas civiles. El ejército determinó que era una cifra razonable, pura gestión administrativa.

Los que han perpetrado semejante salvajada lo muestran a cámara haciendo garabatos en una hoja: los edificios son rayas, la población puntitos. Arrasan calle por calle para que no exista un territorio en el que asentarse. Lo que queda es un desierto de hierros retorcidos y cascotes.
Algunos militares lo narran todo con absoluta frialdad, otros con cierto arrepentimiento. En ningún caso llegaron a cuestionar a sus jefes los procedimientos. Se lavan las manos. Era trabajo. Hasta ese punto llega la deshumanización. Cumplían órdenes. Punto.
La confesión la realizan de noche, ocultos entre las sombras, desde las azoteas de los edificios de Tel Aviv. Resulta molesto que hablen de caos y destrucción mientras ellos están rodeados de quietud. A su alrededor se ven casas donde todo fluye con normalidad. En una se atisba a un hombre tirado en el sofá, más allá alguien baja la persiana, en un balcón charlan varios amigos… Son viviendas amplias, bien amuebladas, con grandes televisores en los que se ven informativos. Son la estampa de la cotidianidad. La que le ha sido arrebatada a los palestinos que se encuentran a tan sólo 60 kilómetros bordeando la costa.
Hace tiempo la sociedad se estremeció por las maldades que causaron los nazis a los judíos y ahora son ellos los que las cometen. Hay un testimonio que se lo plantea. Si en el pasado eran unos monstruos… “Entonces, ¿ahora qué soy yo?”. Se utilizan métodos del siglo XXI, pero el fin es el mismo: el exterminio.

En el pasado Festival Internacional de Cine de Venecia, ‘Naza’ recibió el Premio Especial del Jurado y una ovación de pie que duró aproximadamente 25 minutos. En cambio, esta investigación ha levantado ampollas entre los sionistas. Hay una caza de brujas para dar con los que han participado y, por supuesto, los directores han sido maldecidos. Lo que pasa es que están acostumbrados. Ya estaban el punto de mira desde su anterior trabajo: ‘No other land’, que se llevó un Oscar en 2025.
A finales de noviembre se podrá ver este trabajo en la web del diario ‘The Guardian’ porque es una de las productoras del filme. La fecha se eligió a propósito para no interferir en las elecciones que se celebraron ayer en Israel. En el documental, por cierto, sale una entrevista a Benjamin Netanyahu en la que le preguntan que es el terrorismo. Su respuesta es obvia: asesinar por “objetivos políticos” a población que no tiene culpa de nada.
Me acordé de este detalle el sábado pasado. Estaba de viaje y caminando por el centro de una ciudad europea, me topé con una concentración pro Palestina. Pensé que en España ya no hablamos de su situación porque tenemos el foco puesto en Ceuta y en nuestros comicios. Pero no podemos permitir que eso suceda. Tengo claro que lo que se olvida, desaparece.
Desde luego, la última escena de ‘Naza’ se te queda grabada en la retina. Entonces, pensarás en aquel que toma las decisiones, en el que las ejecuta, en el que las tolera y, por supuesto, en si tu silencio también es cómplice de tanta barbarie y miseria.

