Opinión

Perdona si no acepto lecciones de feminismo de Javier Bardem

El actor español Javier Bardem, en los Premios Oscar 2026 con un cartel de 'No a la guerra'
Javier Bardem, en los Premios Oscar 2026 con un cartel de 'No a la guerra'
EFE
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Javier Bardem se ha ido a Cannes a hacer lo que mejor sabe hacer: dar lecciones morales desde una alfombra roja. Esta vez tocaba hablar de masculinidad tóxica y de lo terrible que es España. “Vengo de un país muy machista”, dijo, con esa solemnidad típica de alguien que lleva demasiado tiempo escuchándose a sí mismo.

Y sinceramente, llega un punto en el que no.

No quiero escuchar lecciones de feminismo de Javier Bardem. Ni de machismo. Ni de justicia social. Ni de ninguna otra cosa.

Porque para ir por el mundo dando sermones, primero hay que tener un mínimo de coherencia. Y Bardem lleva toda la vida demostrando exactamente lo contrario.

Estamos hablando de un hombre que se presenta como una especie de revolucionario antisistema mientras vive como la élite más obscena de Hollywood. Un comunista multimillonario que critica el capitalismo desde mansiones espectaculares, vuelos privados y hoteles donde la noche cuesta más que el sueldo mensual de muchísima gente.

La revolución, pero en business class.

Bardem lleva décadas vendiendo ese personaje de intelectual comprometido, defensor del pueblo, enemigo de los poderosos… mientras pertenece literalmente al grupo más privilegiado del planeta. Porque no, Javier, no eres un obrero explotado por el sistema. Eres millonario. Eres Hollywood. Eres exactamente “los de arriba”.

Y eso ya sería bastante ridículo de por sí, pero lo mejor llega cuando mezclamos su activismo con sus contradicciones.

Javier Bardem recibe el Premio Donostia correspondiente a la edición de 2023 de manos de manos del director argentino y maestro de actores Juan Carlos Corazza
Javier Bardem recibe el Premio Donostia correspondiente a la edición de 2023 de manos de manos del director argentino y maestro de actores Juan Carlos Corazza
EFE

Por ejemplo, el ecologismo, terreno en el que Bardem parece una sátira involuntaria.

Nos habla del planeta, del consumo responsable y de la emergencia climática mientras vive exactamente como vive cualquier multimillonario global: propiedades enormes, viajes constantes, lujo descomunal y una huella ecológica que probablemente equivale a la de decenas familias normales juntas.

La típica persona que te dice que tú eres el problema por usar pajitas de plástico mientras cruza medio planeta para recoger premios.

Y entonces llegamos al combo final: Israel, Palestina y feminismo. El pack completo de la superioridad moral progre.

Lleva años posicionándose públicamente contra Israel, hablando de “genocidio”, luciendo símbolos palestinos y alineándose con el discurso más agresivo contra el Estado israelí. Perfecto. Que diga lo que quiera.

O tal vez no. Porque resulta que uno de sus hijos nació en Cedars-Sinai, uno de los hospitales más exclusivos de Los Ángeles, fundado históricamente por la comunidad judía y convertido en símbolo del lujo médico americano. Es curioso cómo algunos sistemas dejan de ser tan terribles cuando toca recibir atención sanitaria premium.

Pero el nivel máximo de hipocresía llega cuando combinamos su pseudofeminismo de alfombra roja con la causa palestina.

Porque Bardem se permite retratar España como una especie de infierno machista mientras romantiza constantemente una causa vinculada a entornos donde los derechos de las mujeres están infinitamente peor que aquí. Y eso ya no es incoherencia. Es cinismo.

Porque en Gaza no hay precisamente manifestaciones feministas reclamando igualdad salarial o lenguaje inclusivo. En muchísimos contextos islamistas las mujeres viven sometidas legal, social y culturalmente. Hay matrimonios forzados, persecución de homosexuales, violencia normalizada, imposiciones religiosas brutales y sistemas enteros construidos sobre una desigualdad hombre-mujer que aquí sería considerada medieval.

Pero eso nunca entra en el discurso de Bardem. Porque señalar el supuesto machismo occidental parece que le da a uno caché en Cannes. Y esa es exactamente la hipocresía que cansa.

España tendrá sus problemas (muchos causados por hipócritas como Bardem), pero las mujeres españolas viven libres. Trabajan, estudian, votan, lideran empresas, se divorcian, viven solas y hacen básicamente lo que les da la gana.

¿Perfecto? No.

Victoria Luengo, Rodrigo Sorogoyen y Javier Bardem presentan 'El ser querido' en el Festival de Cannes
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EFE

¿Comparable con muchos de los entornos que Bardem y compañía romantizan desde la distancia? Ni remotamente.

Lo más irritante no es que Bardem sea de izquierdas. Ni siquiera que critique a España. Es la arrogancia infinita de alguien que vive completamente desconectado de la realidad mientras pretende explicarle al ciudadano medio cómo funciona el mundo.

No hace cola en la sanidad pública.

No vive preocupado por pagar el alquiler.

No sabe lo que cuesta llenar el depósito.

No tiene ni idea de cómo vive la mayoría de españoles.

Pero ahí está, desde Cannes, retratando España como si viviéramos en una distopía misógina.

Así que no:

No quiero escuchar lecciones sobre feminismo de un señor que romantiza contextos donde las mujeres tienen menos derechos que una cabra.

No quiero escuchar discursos anticapitalistas de un multimillonario de Hollywood.

No quiero escuchar sermones ecologistas de alguien que viaja recurrentemente en avión privado.

Y desde luego no necesito que Javier Bardem venga a explicarme lo oprimida que estoy mientras cobra millones por hacerse el revolucionario delante de una alfombra roja.

Porque a estas alturas, si algo ha quedado bien claro es que Javier Bardem no es un actor comprometido. Es el típico millonario aburrido de Hollywood que descubrió que dar lecciones sale muchísimo más barato que dar ejemplo.

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