El consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, ejerció este jueves, consciente o inconscientemente, de correa de transmisión de una trola obscena y dinosáurica. En el programa Más Mesa de Análisis de Canal Sur Televisión, ante una mesnada de tertulianos que, bien por anestesia, bien por docilidad, ni se inmutaron, el político popular declaró lo siguiente: “Todas las autopsias, lamentablemente, las 45, que ya se han terminado, dicen que los fallecidos murieron en el acto”.
Sanz y/o sus autopsias parlantes mienten. Para empezar, conviene indicar que estas no se hacen en bloque y que no pueden determinar una hora exacta del deceso porque los indicadores biológicos, como la temperatura corporal, la rigidez cadavérica o las livideces, tienen márgenes amplios. Podría interpretarse que el “todas las autopsias (…) dicen que los fallecidos murieron en el acto” sea una licencia lingüística generalista, concluyente, de brocha gorda; un quédense tranquilos, que la cosa está bajo control. Ahora bien, suena harto inverosímil.

Luego están los testimonios de los testigos del horror, de los corresponsales imprevistos en aquel Averno, que contradicen por completo la versión difundida por Sanz. Así, por ejemplo, Ángel Uceda, bombero del Parque de Montilla que se dedicó, sobre todo, a rescatar víctimas del Alvia, declaró en Código 10, de Cuatro: “Del 1 y del 2 sacamos dos chicas con vida que estaban muy atrapadas entre el amasijo de hierros y nos costó bastante. Otra la sacamos con vida pero se nos falleció (sic) en los brazos al instante por desgracia. (…) Sobre el tercero que rescatamos, nos costó llegar y falleció en nuestras manos el hombre. Nadie está preparado para eso. Es nuestro trabajo pero luego te llevas el pellizco de no haber podido salvar la vida de esa persona”. Por su parte, un joven que respondía al nombre de Santiago, superviviente del vagón 1 del Alvia, afirmaba desde el hospital en En boca de todos, también de Cuatro, que vio a un “profesor opositor”, “grandote, pesaba unos 120 kilos”, salió vivo del tren y moría después: “Lo que yo vi fue que salió el profesor, salió Ana y estaban con vida, estaban a mi lado”.
El miércoles, mientras un coro de políticos y tertulianos todavía rechazaba pedir responsabilidades políticas al Gobierno central recurriendo al estribillo pueril de No toca, el PSOE-A de la viseprecidenta candidata Montero –se me revuelven las tripas aún con ese vídeo en el que, como un ofidio, la vemos reptando hasta los Reyes y celebrando con sus cejas el haber llegado hasta ellos– reclamaba a Sanz que explique en el parlamento regional la gestión de la Junta del accidente de Adamuz. La conclusión preliminar del informe elaborado por la comisión que investiga el accidente indica un descarrilamiento por un defecto en la vía, y tanto la instalación como el mantenimiento de esta son responsabilidad del Ministerio de Transporte, el de Óscar Puente, quien este viernes aseguró sentirse “absolutamente” capacitado para seguir en el cargo. Ahí la tienes, báilala.

El Gobierno y sus lacayitos mediáticos calientan para transformar a Juanma Moreno, que, nobleza obliga, ha realizado hasta el momento una labor impecable, en un Mazón redivivo, y la patraña de las autopsias oposita a disparo froilanesco. Esta película se parece mucho a otras, ya vistas, en las que, lamentablemente, las víctimas nunca ganan y, merecidamente, los pardillos acaban pagando el pato político. Dios guarde a las primeras y aparte a los segundos.
Y, por cierto, qué trabajo periodístico tan magnífico, por riguroso, valiente y humano, el de Nacho Abad durante estos días de llanto y crisantemos.



