Opinión

Una entre 108

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Esta semana se han celebrado los sorteos de las tres competiciones UEFA de fútbol masculino. Hay un dato que debería hacernos reflexionar. Entre los 108 clubes que disputarán las fases de liga de Champions, Europa League y Conference League, solo una mujer está al frente de uno de ellos, la española Marián Mouriño, presidenta del Celta, presente en el Fórum Grimaldi para conocer in situ los rivales de su equipo. Apenas el 0,9%.

El dato es suficientemente contundente como para entender que el poder y el mando en el fútbol sigue siendo cosa de hombres, aunque es cierto que ,si ampliamos el foco y miramos quién participa realmente en las estructuras de poder, van apareciendo más mujeres. Esa es la parte esperanzadora, los ejemplos que demuestran que el cambio es lento pero posible, aunque el techo de cristal el mundo del fútbol, sea especialmente evidente.

Eso sí, las mujeres presentes en los órganos de gobierno de algunos clubes no han alcanzado aún las dos mejores competiciones continentales, salvo el caso de Mouriño.

Tenemos que bajar a la Conference League para encontrar a Marinka Akrap, miembro de la dirección del Hajduk Split croata, a María Ángeles Carlos Vara, vocal del consejo de administración del Getafe; y a Athina Balomenou y Anna Loumidi, ambas en el órgano de gobierno del Panathinaikos.

Hay más casos entre los clubes de la Conference. El FC Twente holandés ha incorporado este verano a Wilma van Ingen en su consejo de supervisión, junto a Ellen Jansen. Son dos mujeres en un órgano de cinco miembros. ⁠

La imagen de la International Football Association Board en la que se puede observar la presencia de únicamente dos mujeres
IFAB

Y el Brighton, que jugará a Getafe el próximo 5 de noviembre ofrece probablemente una de las fotografías más interesantes: varias mujeres ocupan puestos de gobierno y alta dirección dentro del club. Freiburg también destaca por la presencia femenina en su consejo de supervisión.

Son las excepciones dentro de un mundo contundentemente masculino.

Las mujeres juegan, entrenan, dirigen la nutrición, actúan de delegadas, arbitran, comunican los eventos , informan y llenan estadios. Pero allí donde se toman decisiones de dirección, inversión y planificación deportiva, la presencia femenina brilla por su ausencia.

Y aquí está la cuestión.¿Por qué, después de décadas de crecimiento del fútbol femenino y de miles de profesionales preparadas, seguimos encontrando tan pocas mujeres en las mesas donde se toman las decisiones?

Marián Mouriño no debería ser presentada como la prueba de que el fútbol ya ha cambiado. Debería ser el recordatorio de todo lo que todavía queda por cambiar, sobre todo porque su gestión está siendo sobresaliente, en lo económico pero también en lo deportivo. Acertó en su momento dándole el primer equipo a Claudio Giráldez.

La deseada igualdad no puede consistir únicamente en que haya más mujeres sobre el césped. Tiene que situar a más mujeres en el palco, en los consejos, en las direcciones y en los lugares donde se decide el futuro de este deporte. Nunca he creído en las cuotas impuestas para avanzar, pero sí en la igualdad de oportunidades, y eso pasa por impulsar planes de formación desde las propias instituciones del fútbol europeo para que las mujeres puedan interesarse, formarse y tengan incentivos para escalar en las estructuras de poder del fútbol desde la formación y el conocimiento.

El fútbol del siglo XXI no puede seguir teniendo una estructura de poder retrógrada y más propia del siglo pasado que de éste y que no refleja la realidad social.

Las mujeres ya han demostrado que saben jugar, dirigir, gestionar y también decidir.

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