FIFA

La foto de la FIFA que evidencia la falta de igualdad

La reunión del IFAB muestra avances normativos, pero deja al descubierto la persistente desigualdad en los órganos de decisión

A veces, una foto oficial termina contando una historia muy distinta a la que pretende. La imagen de la última reunión del International Football Association Board (IFAB), celebrada en Vancouver, es un buen ejemplo. A primera vista, todo encaja en el guion habitual: dirigentes del fútbol internacional posan tras una jornada de trabajo, con trajes oscuros, gestos formales y un escenario perfectamente preparado. Una imagen más dentro del protocolo.

Pero basta detenerse unos segundos para que aparezca otra lectura. Entre todos esos rostros, la presencia femenina es mínima. Y ese detalle, lejos de ser anecdótico, pone el foco en una realidad incómoda: quienes toman las decisiones más importantes del fútbol mundial siguen siendo, en su mayoría, hombres.

La fotografía acompaña el anuncio de nuevas medidas impulsadas junto a FIFA. Sin embargo, más allá de los cambios en el reglamento, la imagen termina revelando algo más profundo. Sin buscarlo, se convierte en el reflejo de un problema estructural que el fútbol lleva arrastrando durante años: la desigualdad en los espacios de poder.

Avances normativos, retos pendientes

Las decisiones que salen de una reunión del International Football Association Board no son menores: de ahí salen las normas que rigen el fútbol en cualquier rincón del mundo. En este encuentro, el foco estuvo puesto en revisar y ajustar aspectos clave del reglamento, desde criterios arbitrales hasta el refuerzo del control disciplinario.

Entre los puntos más destacados, se abordaron nuevas medidas para frenar comportamientos que dañan la esencia del juego. La mesa debatió fórmulas para castigar con mayor contundencia actitudes antideportivas y episodios de discriminación, en línea con el discurso que impulsa la FIFA desde hace años.

El mensaje que se quiere trasladar es claro: proteger la integridad del fútbol y adaptarlo a una sociedad que exige más responsabilidad dentro del campo. Sin embargo, ese impulso reformista convive con una realidad menos alineada con ese objetivo. Porque mientras las normas buscan ser más inclusivas, quienes las diseñan siguen respondiendo a un modelo que avanza más despacio de lo que el propio discurso propone.

Una foto que lo dice todo

La fotografía de la reunión no solo documenta un encuentro institucional: expone quién ocupa realmente los asientos donde se decide el rumbo del fútbol. La presencia femenina es claramente minoritaria (hay solamente dos mujeres), y ese dato, lejos de ser anecdótico, habla de una estructura que sigue sin equilibrarse.

La imagen de la International Football Association Board en la que se puede observar la presencia de únicamente dos mujeres
IFAB

Durante décadas, los espacios de poder en el fútbol internacional han estado copados casi exclusivamente por hombres. Aunque el crecimiento del fútbol femenino y una mayor visibilidad de las mujeres en distintos ámbitos del deporte han marcado avances importantes, ese cambio apenas se ha trasladado a los despachos donde se toman las decisiones clave.

La instantánea funciona así como algo más que un recuerdo oficial. Se convierte en una especie de radiografía del presente: muestra que el acceso de las mujeres a los niveles más altos de responsabilidad sigue siendo limitado y que la transformación, aunque iniciada, avanza a un ritmo desigual.

Un problema que va más allá

Desde federaciones nacionales hasta organismos internacionales, la presencia de mujeres en los puestos de decisión sigue siendo claramente minoritaria. Las causas son diversas y profundas. Pesan las inercias de un deporte que durante décadas se construyó como un espacio casi exclusivo de hombres, pero también influyen barreras menos visibles: redes de poder cerradas, falta de oportunidades reales y una evolución institucional que no avanza al mismo ritmo que otros ámbitos del deporte.

A eso se suma otro factor clave: la ausencia de referentes. Cuando las mujeres apenas ocupan posiciones de liderazgo, el camino se vuelve más difícil para quienes vienen detrás. Sin figuras visibles que abran paso, el acceso a estos espacios sigue siendo limitado y el cambio, inevitablemente, más lento de lo que muchos reclaman.

Entre palabras y hechos

En los últimos años, la FIFA y otros organismos han intensificado su apuesta pública por la igualdad. Campañas contra la discriminación, inversión en el desarrollo del fútbol femenino y mensajes institucionales cada vez más firmes forman parte de ese relato que busca proyectar un deporte más abierto y diverso.

El logo de la FIFA

Sin embargo, el desafío no está solo en lo que se comunica, sino en lo que realmente ocurre puertas adentro. La distancia entre el mensaje y la práctica sigue siendo un punto sensible. Porque mientras se promueve la inclusión desde el discurso, las estructuras de decisión continúan mostrando un reparto desigual del poder.

La imagen de esta reunión actúa como prueba silenciosa de esa contradicción. Pone sobre la mesa es la urgencia de acelerar los cambios y trasladar ese compromiso a la realidad de las instituciones.

La imagen que mira al futuro

El fútbol presume de ser universal. Lo practican y lo siguen millones de personas en todo el mundo, y cada vez más mujeres ocupan espacios clave como jugadoras, árbitras, entrenadoras o gestoras. Sin embargo, esa diversidad todavía no se traslada con la misma fuerza a los lugares donde se toman las decisiones que marcan el rumbo del deporte.

La imagen de Vancouver funciona como un aviso. Es un símbolo de todo lo que aún está pendiente. Señala, sin necesidad de palabras, que el camino hacia una representación equilibrada sigue lejos de completarse.

Si el fútbol quiere alinearse con los valores que proclama, el cambio no puede quedarse en el césped ni en los mensajes institucionales. Tiene que llegar también a los despachos.

Al final, las fotografías no son inocentes. Algunas, como esta, terminan siendo un espejo incómodo: muestran la realidad actual y, al mismo tiempo, todo lo que queda por cambiar.