La tensión entre los grupos de inmigrantes que llegaron a Ceuta el 30 de julio se ha intensificado en los últimos días. Las peleas son cada vez más frecuentes y violentas y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad reconocen que “con las órdenes de mantener y no intervenir, poco se puede hacer”.
En Ceuta ya se ha convertido en cotidiano ver a la Policía reteniendo por separado a al menos dos inmigrantes al lado de enormes goterones de sangre después de haberse partido la nariz en una pelea a las puertas de Loma Colmenar. Los agentes aseguran que este es un punto “caliente” donde la tensión por entrar ha disparado los enfrentamientos. “Hay días que han volado sillas de playa y una de ellas dio a un agente en el cuello”, destacan.
En la Playa del Trampolín los enfrentamientos son diarios. Vecinos ceutís ya tienen identificadas a dos bandas, los marroquíes del sur y los del norte, enfrentados entre sí y organizados en torno a líderes visibles. Uno de ellos, según advierten fuentes consultadas por Artículo 14, porta una gorra blanca y actúa como cabecilla.

Los agentes advierten de que los grupos han comenzado a armarse con armas blancas, esto ya se podía ver en los primeros días,pero que ahora se ha intensificado a medida que obtienen objetos por distintos medios.
Las agresiones se han vuelto más crudas y ritualizadas, en una dinámica que los policías comparan con la de los centros penitenciarios: “Se marcan golpeando la cara”. En los últimos días, los sanitarios han atendido dos orejas seccionadas, cortes profundos en la cara y heridas en muñecas. También son habituales los cortes profundos en los brazos o las fracturas de nariz. El hospital de Ceuta ha llegado a recibir ambulancias con inmigrantes de “cinco en cinco”, destacan fuentes sanitarias.

“Intentamos evitar estas peleas con los medios que tenemos, pero el número de agentes es insuficiente”, lamentan fuentes policiales. La escalada de violencia preocupa especialmente porque los grupos han adoptado métodos de identificación del enemigo mediante mutilaciones y cortes, un patrón que, según los agentes, no se había visto con esta intensidad en los últimos meses.
Además, los policías recuerdan que esos grupos también se organizan para atacar a la Policía cuando interviene. Según relatan fuentes policiales, en una de las últimas actuaciones “todos se unieron para atacar a los policías”, una dinámica que muestra que “solo hace falta una chispa” para que la situación se descontrole. La tensión entre ellos es constante y “cualquier disputa mínima puede desencadenar una agresión colectiva”.

Consumo
A esta dinámica se suma un consumo habitual de alcohol y droga que incrementa la tensión entre los grupos. En el Trampolín se ha detectado venta de hachís y otras sustancias entre los puestos improvisados lo que alimenta disputas internas y favorece que los enfrentamientos se produzcan bajo los efectos del consumo. De hecho, los operarios de limpieza también lidian a diario con las consecuencias. Cada mañana encuentran restos de sangre, vendas, trozos de ropa y objetos utilizados en las peleas. En algunas zonas, especialmente alrededor del Trampolín y Loma Colmenar, es habitual que tengan que retirar cristales, palos y otros elementos que los grupos emplean como armas improvisadas. “Nos encontramos de todo”, explican trabajadores municipales, que describen una rutina marcada por la violencia nocturna.

Los vecinos ceutíes alertan de que también por la playa se ha detectado un aumento de situaciones de explotación y prostitución. En los últimos días, varios grupos han observado cómo algunos migrantes, especialmente los más vulnerables, son presionados para ofrecer servicios a cambio de dinero, comida o protección dentro de las propias bandas.
Mientras tanto, el dispositivo policial continúa trabajando con recursos limitados y bajo una presión creciente. La sensación entre los agentes es de agotamiento y de que la situación puede seguir deteriorándose cada día.

