Si España levanta la Copa del Mundo este domingo, habrá celebraciones, lágrimas, abrazos y probablemente miles de televisores encendidos al mismo tiempo. Y con toda seguridad, durante el partido, los servicios de Urgencias atenderán menos pacientes de lo habitual.
Es un fenómeno descrito desde hace más de veinte años por investigadores de distintos países y documentado también en España. Los grandes acontecimientos deportivos alteran el comportamiento de los ciudadanos hasta el punto de modificar el flujo de personas que acuden a los hospitales.
Lo llamativo es que alguien pueda esperar dos horas para ir a Urgencias porque juega la selección. ¿Era realmente una urgencia? Los epidemiólogos utilizan una expresión muy gráfica: experimento natural. Es una situación en la que millones de personas modifican simultáneamente su comportamiento sin que nadie se lo ordene. Eso es exactamente lo que sucede durante una final del Mundial.
Los infartos no entienden de finales
Mientras se desarrolla el partido, disminuyen las visitas a los servicios de Urgencias, sobre todo las relacionadas con problemas leves. Un estudio realizado en España sobre partidos del FC Barcelona en la Liga de Campeones observó un descenso del 18 % en las consultas durante los encuentros. En Traumatología la caída alcanzó el 28 % y, en las patologías consideradas menos graves, rondó el 30 %.

Otro trabajo desarrollado en el Hospital Universitario Basurto, en Bilbao, analizó 95 partidos del Athletic Club y encontró una reducción de entre el 7,5 % y el 8,4 % de las urgencias de adultos durante los encuentros. En Pediatría, cuando el equipo disputaba partidos especialmente relevantes fuera de casa, la disminución llegó al 32,7 %. No significa que la población enferme menos cuando se disputa una Copa de fútbol, es simplemente que muchas personas deciden esperar.
No obstante, las verdaderas emergencias siguen llegando. Los infartos, los ictus, las hemorragias importantes o los traumatismos graves no desaparecen porque haya una final del Mundial. Los estudios citados muestran que el descenso afecta sobre todo a consultas que admiten cierto margen temporal: dolores persistentes, pequeñas lesiones, molestias digestivas o síntomas que el propio paciente considera soportables durante unas horas más.
¿Abusamos de las Urgencias?
No puede afirmarse que los españoles hagan un uso abusivo de las Urgencias únicamente porque disminuyan las visitas cuando juega la selección. Pero sí existen argumentos para pensar que una parte importante de la demanda hospitalaria habitual corresponde a procesos que podrían resolverse en otros niveles asistenciales o que admiten cierta espera.
En 2024 los hospitales públicos españoles atendieron 25,7 millones de urgencias. De todas ellas, únicamente el 10,1 % terminó en ingreso hospitalario. Dicho de otra manera, casi nueve de cada diez pacientes regresaron a casa tras ser valorados. Muchos procesos requieren exploración médica sin precisar ingreso. De hecho, la inmensa mayoría de las personas que acuden a Urgencias no presenta una enfermedad que obligue a permanecer hospitalizada.
Las revisiones internacionales encuentran cifras muy variables. Dependiendo del método utilizado para definir uso inapropiado, entre el 20 % y el 80 % de las visitas a Urgencias podrían haberse resuelto en Atención Primaria u otros dispositivos asistenciales. El propio Ministerio de Sanidad lleva años alertando sobre el uso inadecuado de estos servicios y recuerda que aproximadamente tres de cada cuatro pacientes acuden por iniciativa propia, sin derivación previa de otro profesional sanitario.
La importancia del fenómeno ha llegado hasta las revistas científicas. Una revisión sistemática publicada este año en The Journal of Emergency Medicine analizó catorce investigaciones realizadas en distintos países sobre el efecto de grandes acontecimientos multitudinarios en la actividad de los servicios de Urgencias. Desde partidos de fútbol hasta festivales musicales o peregrinaciones religiosas.

Los autores confirman que estos eventos modifican la demanda sanitaria, pero advierten de que el efecto es demasiado variable para reorganizar de forma automática las plantillas hospitalarias cada vez que se disputa un gran encuentro. Lo que sí recomiendan es utilizar esa información para mejorar la planificación, anticipar comportamientos y coordinar mejor los recursos sanitarios cuando coinciden acontecimientos capaces de alterar el patrón habitual de asistencia. En otras palabras, el fútbol sirve para comprender mejor cómo funciona el sistema, pero no para decidir cuántos médicos deben estar de guardia. Las verdaderas urgencias seguirán entrando por la puerta del hospital y las demás esperarán al pitido final.

