La cardiopatía isquémica se trata de una enfermedad en la que el corazón no es capaz de recibir la oxigenación adecuada que el músculo necesita. Esto provoca que el músculo se dañe.
Según el Journal of the American College of Cardiology, este padecimiento es el principal causante de muerte cardiovascular, con 9,44 millones de muertes en 2021.
Según la doctora Ana Alegría, especialista en cardiología clínica y responsable de la Unidad de Rehabilitación cardíaca de Ruber Internacional Centro Médico Habana, la cardiopatía isquémica se debe a un estrechamiento u obstrucción de las arterias, lo que comúnmente se denomina como aterosclerosis.

¿Es lo mismo que un infarto?
Cardiopatía isquémica e infarto de miocardio no son exactamente lo mismo. El infarto es una de las formas más graves de cardiopatía isquémica y se produce cuando una o varias arterias coronarias quedan completamente obstruidas, habitualmente debido a un trombo que se forma sobre una placa de ateroma. “El infarto de miocardio es el daño que se produce en el corazón cuando una o varias arterias coronarias se obstruyen completamente”, señala la doctora. En estos casos se produce la muerte de una parte del músculo cardiaco, es decir, del miocardio.
Antes de llegar a esta situación puede producirse una falta de riego sanguíneo intermitente, generalmente reversible, en la que el músculo cardiaco sufre por la falta de oxígeno pero no se produce muerte celular. Esta situación se conoce como isquemia y puede manifestarse en forma de angina de pecho.
La forma más grave de la enfermedad puede llegar a provocar una parada cardiorrespiratoria o muerte súbita. Según la doctora Alegría, esto puede ocurrir como consecuencia de “arritmias letales que se producen tras la obstrucción aguda de una arteria coronaria”.
Estos son los síntomas
El dolor o la presión en el pecho es uno de los síntomas más conocidos de la cardiopatía isquémica y constituye una señal de alarma que debe llevar a buscar atención médica. Sin embargo, no todos los pacientes presentan las mismas manifestaciones. Especialmente las mujeres pueden experimentar síntomas menos específicos o considerados atípicos, explica la especialista. Esta circunstancia puede hacer que algunas personas no reconozcan las señales de alarma o retrasen la consulta médica.
Un infarto no siempre se presenta como un intenso dolor en el pecho. Puede aparecer también como una molestia en el epigastrio, es decir, en la zona del estómago; sensación de pesadez en un brazo; molestias en las muñecas o la nuca, o incluso como una sensación de ahogo o angustia.
Por este motivo, Alegría insiste en la importancia de prestar atención a síntomas que pueden parecer relacionados con otros problemas y de no minimizar las señales de alarma, especialmente en el caso de las mujeres.
Cómo se puede prevenir
La prevención desempeña un papel fundamental frente a la cardiopatía isquémica. Algunos de los principales factores de riesgo cardiovascular son modificables y están estrechamente relacionados con los hábitos de vida. “El tabaquismo sigue siendo el factor de riesgo modificable que más contribuye al desarrollo de enfermedad cardiovascular”, afirma la cardióloga. A este se suman la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado y el sedentarismo.
La tensión arterial y la glucosa elevadas pueden acelerar el proceso de aterosclerosis, mientras que el colesterol puede acumularse progresivamente en las paredes de las arterias. Por ello, controlar estos factores resulta fundamental para reducir el riesgo cardiovascular. “El comer mal o mucho y el hacer poco ejercicio es un caldo de cultivo perfecto para padecer un problema coronario”, advierte Alegría.
Mantener una alimentación saludable, realizar actividad física de forma regular y no comenzar a fumar son algunas de las principales medidas preventivas. La especialista también llama la atención sobre dos factores cada vez más presentes en la sociedad: el estrés y la falta de una cantidad o calidad adecuada de sueño.
La prevención debe comenzar desde edades tempranas. “En medicina, la prevención es la clave. Es crucial cultivar hábitos saludables desde la infancia; es la mejor forma de prevención”, señala.
Además de los hábitos de vida, conocer los antecedentes familiares y controlar periódicamente parámetros como el colesterol, la presión arterial y la glucosa permite identificar el riesgo cardiovascular de cada persona. La doctora recomienda prestar especial atención a las mujeres, ya que el riesgo cardiovascular aumenta progresivamente después de la menopausia.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico de la cardiopatía isquémica comienza con una valoración individual del paciente y de sus factores de riesgo. La historia familiar, la presencia de enfermedades crónicas o inflamatorias y los valores de colesterol, glucosa y presión arterial pueden ayudar a determinar el riesgo cardiovascular.
A partir de ahí, el especialista puede recurrir a diferentes pruebas para estudiar el corazón y comprobar cómo responde ante determinadas situaciones. Entre ellas se encuentran el electrocardiograma, la ecocardiograma Doppler color, la prueba de esfuerzo, el TAC o la resonancia magnética, siempre en función de las características y necesidades de cada paciente. “El estudio cardiológico completo, adecuado a cada paciente en concreto, salva vidas, al ser capaces de detectar la enfermedad en estadios muy precoces”, destaca Alegría.
Las pruebas de estrés permiten comprobar si el corazón recibe suficiente oxígeno cuando aumenta su demanda, algo que sucede, por ejemplo, durante el ejercicio. Además, las técnicas de imagen cardiaca y los procedimientos de hemodinámica permiten detectar y estudiar el proceso aterosclerótico con mayor precisión.
El objetivo no es únicamente identificar una enfermedad que ya se ha desarrollado, sino también detectar el riesgo y actuar antes de que aparezcan complicaciones graves. “Con los tratamientos adecuados, intentamos retrasar el proceso de aterosclerosis al máximo”, concluye la especialista.
El mito más famoso
Finalmente, Alegría destaca que la creencia de que el infarto de miocardio era una patología esencialmente masculina es un mito que se ha ido destruyendo con los años. “Los síntomas de las mujeres son menos estudiados porque tendemos a minimizar los síntomas. Lo que tenemos que tener claro es que a partir de la menopausia el riesgo cardiovascular en la mujer va poco a poco aumentando, equiparándose al de los varones”, asevera.
Es por eso que la experta insiste en la importancia de realizar revisiones cardiológicas preventivas periódicas en las mujeres.

