La preeclampsia es una de las complicaciones más peligrosas del embarazo y uno de los grandes desafíos de la medicina materno-fetal. Después de varias décadas sin cambios significativos en su tratamiento y sin más solución que adelantar el parto, nuevos estudios internacionales y españoles están transformando la comprensión de esta enfermedad.
El avance más prometedor llega de un ensayo clínico publicado en Nature, que ha logrado prolongar embarazos de alto riesgo mediante una técnica de filtración sanguínea. Por otra parte, dos investigaciones del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) de Barcelona han demostrado que la preeclampsia puede dejar secuelas cardiovasculares y renales años después del embarazo.
Cada año mueren más de 70.000 mujeres
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que afecta entre el 3 % y el 8 % de las mujeres embarazadas en todo el mundo. En España, la incidencia se sitúa entre el 2 % y el 5 % de las gestaciones. La enfermedad suele aparecer después de la semana 20 del embarazo y se caracteriza por hipertensión arterial y proteinuria, es decir, presencia de proteínas en la orina. Puede evolucionar hacia eclampsia, una complicación que provoca convulsiones y a veces mortal.
Según la OMS, los trastornos hipertensivos del embarazo representan alrededor del 16 % de las muertes maternas en el mundo y causaron unas 42.000 muertes en 2023. Además, la preeclampsia está asociada a parto prematuro, restricción del crecimiento fetal, daño renal, daño hepático, accidentes cerebrovasculares y muerte fetal. Cada año mueren más de 70.000 mujeres y cerca de medio millón de bebés por complicaciones relacionadas con la preeclampsia y otros trastornos hipertensivos del embarazo.
Claves para detectarla
Los síntomas pueden variar mucho entre mujeres. Algunas apenas presentan señales de alarma y otras desarrollan cuadros graves rápidamente. Los síntomas más frecuentes incluyen hipertensión arterial persistente, dolores de cabeza intensos, alteraciones visuales, dolor abdominal superior, náuseas y vómitos, hinchazón de manos y rostro y presencia de proteínas en la orina.
Los factores de riesgo más conocidos son el primer embarazo, la obesidad, los embarazos múltiples, los antecedentes familiares y enfermedades previas como hipertensión, diabetes o enfermedad renal. El problema es que la única cura sigue siendo el parto. Aunque pueden utilizarse antihipertensivos y sulfato de magnesio para prevenir convulsiones, el modo definitivo de detener la enfermedad es finalizar el embarazo.
Esto supone un enorme dilema cuando la preeclampsia aparece antes de las 34 semanas. Los médicos deben decidir entre mantener el embarazo con riesgo para la madre o adelantar el parto y aumentar el riesgo de complicaciones por prematuridad. El nuevo ensayo publicado en Nature proponer filtrar la sangre para eliminar la proteína responsable. Liderado por investigadores del Centro Médico Cedars-Sinai de Estados Unidos, se centró en la proteína sFlt-1, considerada una de las principales responsables de la enfermedad.
La placenta produce niveles excesivos de esta proteína, que altera el equilibrio vascular y daña el endotelio, interfiriendo en el control normal de la presión arterial. Para intentar frenar el proceso, los investigadores diseñaron una técnica similar a la diálisis renal. El procedimiento consiste en extraer sangre de la madre, filtrarla mediante una proteína inmunitaria capaz de captar la sFlt-1 y devolverla después al organismo.

El ensayo incluyó a 16 mujeres con preeclampsia grave y pretérmino y los resultados han sido prometedores. Los embarazos se prolongaron una media de 10 días, la presión arterial materna mejoró y los bebés continuaron creciendo con normalidad. Además, no se detectaron efectos adversos importantes. Aunque pueda parecer poco tiempo, en medicina neonatal incluso unos pocos días adicionales dentro del útero pueden resultar decisivos, según explica su autor principal, Ananth Karumanchi. Los especialistas destacan especialmente la importancia de alcanzar la semana 34 de gestación, momento en el que disminuye significativamente el riesgo de complicaciones graves y secuelas a largo plazo. Pese al optimismo, los expertos recuerdan que todavía se trata de un estudio preliminar con pocas pacientes y que serán necesarios ensayos más amplios para confirmar su seguridad y eficacia.
Menor esperanza de vida
Mientras el estudio de Nature abre nuevas vías terapéuticas, las investigaciones del IR Sant Pau de Barcelona aportan otra perspectiva clave: las consecuencias cardiovasculares y renales que deja la preeclampsia años después del embarazo. Dos trabajos recientes muestran que las mujeres que han sufrido preeclampsia pueden presentar alteraciones entre tres y seis años después del parto.
El investigador principal de ambos estudios, el doctor Pablo García Manau, explica que hasta ahora se conocía el aumento del riesgo cardiovascular futuro, pero faltaban datos para entender qué órganos resultaban afectados y cómo persistían esos cambios.
Las mujeres que desarrollan preeclampsia presentan mayor riesgo de hipertensión, trombosis, diabetes, enfermedad renal y eventos cardiovasculares en el futuro.
Algunos estudios epidemiológicos sugieren incluso que cada episodio de preeclampsia podría asociarse a una reducción aproximada de tres años en la esperanza de vida. Uno de los elementos clave es el denominado desequilibrio angiogénico, relacionado con la proteína sFlt-1 y el cociente sFlt-1/PlGF, marcador detectable incluso antes de que aparezcan síntomas clínicos.
Vasos más rígidos y alteraciones renales
El primero de los estudios del IR Sant Pau, publicado en Acta Obstetricia et Gynecologica Scandinavica, analizó a 354 mujeres entre tres y seis años después del embarazo. Los resultados mostraron que las mujeres con antecedentes de preeclampsia e insuficiencia placentaria presentaban una mayor resistencia vascular persistente años después del parto, especialmente aquellas que habían tenido desequilibrio angiogénico.
El segundo trabajo, publicado en Journal of Clinical Medicine, analizó el perfil bioquímico y cardiovascular de 363 mujeres. Las pacientes con antecedentes de preeclampsia presentaban niveles ligeramente elevados de troponina T ultrasensible, un marcador asociado a estrés cardíaco subclínico. Además, las mujeres con desequilibrio angiogénico durante el embarazo mostraban alteraciones sutiles en la función renal, como mayor proteinuria.
El objetivo es identificar marcadores precoces de riesgo y desarrollar estrategias específicas de prevención cardiovascular femenina.
“Las herramientas actuales de estimación del riesgo cardiovascular se han desarrollado fundamentalmente a partir de datos obtenidos en hombres”, explica García Manau. “Nuestro objetivo es generar conocimiento específico en salud cardiovascular femenina”.
Prevención y detección precoz
Aunque todavía no existe una forma garantizada de prevenir la preeclampsia, la OMS recomienda controles periódicos de presión arterial y análisis de orina, así como bajas dosis de ácido acetilsalicílico en mujeres de alto riesgo, suplementación con calcio en poblaciones con baja ingesta y uso de sulfato de magnesio para prevenir la eclampsia.
La combinación de diagnóstico precoz, nuevas terapias y seguimiento a largo plazo podría transformar en los próximos años el abordaje de una enfermedad que sigue causando miles de muertes maternas y neonatales en todo el mundo.

