Septiembre llega acompañado de la vuelta al trabajo, los nuevos propósitos y una palabra que reaparece después de las vacaciones: detox. Zumos verdes, ayunos, infusiones y dietas de pocos días prometen eliminar las supuestas toxinas acumuladas después de unas semanas con más comidas fuera de casa, alcohol o cambios en los horarios. El problema es que esa idea comercial tiene poco que ver con lo que realmente sucede dentro del organismo.
La desintoxicación sí existe desde el punto de vista fisiológico. Pero no comienza al beber un batido ni necesita activarse después del verano. El cuerpo dispone de una compleja maquinaria encargada de transformar sustancias, eliminar residuos y mantener estable el medio interno durante las 24 horas del día. El hígado y los riñones desempeñan dos de los papeles principales.
El verdadero detox ocurre todos los días
El hígado participa en el metabolismo de numerosos compuestos que llegan al organismo. Entre sus herramientas se encuentran las enzimas del citocromo P450, capaces de intervenir en la transformación de medicamentos y otras sustancias para facilitar posteriormente su eliminación. No es una limpieza ocasional, sino un conjunto de procesos bioquímicos que se mantiene permanentemente activo.
Los riñones completan buena parte de ese trabajo. Según el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK), unos riñones sanos filtran aproximadamente media taza de sangre cada minuto. Además de retirar productos de desecho y exceso de agua para producir orina, mantienen el equilibrio de minerales, sales, líquidos y ácidos en la sangre.
Por eso, hablar de una acumulación genérica de “toxinas” después de agosto resulta científicamente problemático. Un programa detox raramente especifica qué sustancia pretende eliminar, cuánto se ha acumulado, mediante qué mecanismo va a retirarla o cómo puede comprobarse que realmente lo ha hecho.
Qué dice la ciencia sobre las dietas detox

Una revisión publicada en el Journal of Human Nutrition and Dietetics examinó precisamente las dietas comercializadas para eliminar toxinas y controlar el peso. Los investigadores encontraron muy poca evidencia clínica que respaldara estas prácticas y señalaron importantes limitaciones metodológicas en los pocos trabajos disponibles.
El National Center for Complementary and Integrative Health (NCCIH), perteneciente a los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, mantiene una conclusión similar. Los estudios realizados en personas sobre programas detox son escasos y algunos presentan problemas de diseño, muestras reducidas o ausencia de revisión adecuada. No existe evidencia convincente de que estas dietas sean necesarias para “limpiar” el organismo.
La British Dietetic Association también advierte de que el cuerpo ya posee mecanismos para procesar y expulsar sustancias de desecho. Dejar el alcohol, reducir alimentos de escaso valor nutricional o recuperar una dieta equilibrada después del verano puede resultar saludable, pero eso no significa que se esté realizando una desintoxicación especial.
Por qué la báscula puede bajar rápidamente
Una de las razones por las que algunos programas detox parecen funcionar es mucho más sencilla: muchos reducen drásticamente la cantidad de energía ingerida. Si durante varios días una persona sustituye sus comidas habituales por zumos o una dieta muy restrictiva, puede perder peso inicialmente.
Parte de esa bajada puede corresponder a agua y reservas de glucógeno, y no a una misteriosa eliminación de toxinas. Al recuperar la alimentación habitual, también puede recuperarse parte del peso. Las dietas excesivamente restrictivas pueden provocar además cansancio, debilidad, mareos o deshidratación.
Incluso los populares zumos merecen algún matiz. Un pequeño estudio publicado en 2025 en la revista Nutrients analizó a 14 participantes sometidos durante tres días a diferentes dietas, incluida una basada exclusivamente en zumos. Los investigadores detectaron modificaciones en la microbiota oral y cambios en determinados grupos bacterianos. El tamaño de la muestra impide generalizar los resultados, pero el trabajo cuestiona la idea de que beber únicamente zumos produzca necesariamente un efecto beneficioso.
Además, exprimir frutas y verduras elimina buena parte de la fibra insoluble que conservaríamos al comerlas enteras. Un zumo puede formar parte de la alimentación, pero no adquiere por ello propiedades depurativas que la ciencia haya conseguido demostrar.
Volver a cuidarse no significa desintoxicarse

Después del verano puede tener sentido recuperar horarios regulares, aumentar el consumo de frutas y verduras, beber suficiente agua, limitar el alcohol, dormir adecuadamente y volver progresivamente a la actividad física. Nada de eso necesita presentarse como un detox.
La diferencia parece pequeña, pero es importante. No se trata de reparar en tres días los supuestos daños de agosto, sino de recuperar hábitos sostenibles. Mientras tanto, hígado y riñones continuarán haciendo lo que ya hacían durante las vacaciones: procesar sustancias, mantener el equilibrio interno y eliminar aquello que el organismo no necesita. El verdadero sistema de desintoxicación nunca se fue de vacaciones.

