La Comisión Europea ha dado un paso decisivo al abrir una consulta pública para revisar la Directiva de Productos del Tabaco con el objetivo de adaptar la normativa al rápido crecimiento de nuevos productos como los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado o las bolsas de nicotina en un movimiento que se enmarca en la estrategia para lograr una generación libre de humo en 2040, pero que llega en un momento especialmente sensible marcado por dudas de algunos expertos sobre la solidez de la base científica en la que se apoya esta reforma.
El Ejecutivo comunitario justifica la revisión en la necesidad de responder a la evolución del mercado y reforzar la protección de los jóvenes; sin embargo el debate se ha intensificado tras conocerse que el propio órgano de control interno de la Comisión el Regulatory Scrutiny Board ha señalado deficiencias graves en el informe de evaluación que sirve de base para la futura regulación, al advertir de la existencia de datos limitados, fragmentados e inconsistentes así como de la incapacidad para determinar con claridad qué factores han impulsado realmente la caída del tabaquismo en Europa, lo que introduce dudas relevantes sobre la base empírica de las nuevas medidas.
A estas críticas internas, se suma la presión creciente de la comunidad científica. Más de un centenar de expertos agrupados en plataformas europeas de reducción del daño han trasladado a Bruselas su preocupación por el enfoque de la futura normativa, al alertar de una insuficiente consideración de la evidencia disponible del riesgo de equiparar productos con perfiles de riesgo distintos y de la posibilidad de que se estén construyendo políticas públicas sobre una base incompleta.
En esta carta, los 113 científicos denuncian que la UE obvia 131 estudios científicos no incluidos en el reciente informe de evaluación de impacto de la Directiva publicado por la Comisión Europea, con el objetivo de que el Ejecutivo comunitario tenga conocimiento de ellos.
Más allá de la controversia técnica, la revisión de la normativa apunta a un cambio de paradigma de gran calado, ya que Bruselas busca pasar de una regulación centrada en el cigarrillo tradicional a un enfoque que abarque todo el ecosistema de productos con nicotina; un giro que responde a la realidad de un mercado en transformación en el que el consumo de tabaco ha disminuido, pero han surgido nuevas alternativas sin combustión que plantean nuevos retos regulatorios.
El contexto añade aún más presión al debate sobre las estrategias internacionales de control del tabaquismo. En este escenario, algunos análisis dentro de la OMS empiezan a señalar que las alternativas sin combustión como el tabaco calentado, los cigarrillos electrónicos o las bolsas de nicotina podrían representar una oportunidad para acelerar la reducción del daño asociado al tabaquismo, siempre dentro de marcos regulatorios adecuados.
La consulta pública ahora abierta hasta mediados de junio se perfila así como un punto de inflexión en el debate europeo sobre el futuro del tabaco y la nicotina.

