El terrible accidente ferroviario de Toledo nos ha sumido en la tristeza y la desolación, y estas líneas pretenden ser la expresión de mi pesar y de mi solidaridad con las víctimas y sus familias. Espero que se entienda que mis sentimientos los describa, en función de mi proximidad y amistad con Fátima Báñez, comentando algunas de las experiencias que hemos compartido.
Tras las elecciones del 2011, que se saldaron con la victoria por mayoría absoluta del PP, me invitaron al traspaso de Carteras en el ministerio de Trabajo, y cuando llegué me dirigieron a una salita donde aguardaban algunos invitados a la ceremonia entre los que estaban los familiares de Fátima Bañez. Ella me presentó a sus familiares, y su madre, tras el saludo, lógico en una madre orgullosa y a la vez preocupada, me dijo: ‘Oye, a ver si vais a tratar mal a mi hija’.
En las horas en que empezó a correr el rumor de que podría estar entre los fallecidos de uno de los dos trenes siniestrados, recordé aquellas palabras protectoras de su madre, mientras enviaba un escueto mensaje a su móvil. ‘Buenos días, Fátima’ (luego he visto que varios amigos suyos hicimos lo mismo) esperando una contestación que no llegó. En nuestras conversaciones siempre le pedía que trasladara un saludo cariñoso a su madre de mi parte.
En el primer año de su mandato nos vimos abocados a convocar dos huelgas generales, una en rechazo a la reforma laboral que aprobó por decreto el Gobierno, en el primer semestre, y otra en el segundo semestre secundando un llamamiento de la Confederación Europea de Sindicatos. Aquel año, y el siguiente el paro rebasó el 26% y paro juvenil saltó por encima del 50%. La recesión era brutal y la ComisiónEuropea se comportó con el sur de Europa como la peor de las madrastras.
Es obligado hacer este recordatorio, insoslayable, porque fueron las circunstancias que atravesaba la sociedad española, Fátima como ministra y yo en mi condición de secretario general de la UGT-E, y en ese difícil escenario se iniciaron nuestras relaciones, pero mi interés es abordar su dimensión humana.
En estos tiempos de polarización extrema, los encontronazos políticos o sociales, parece que inexorablemente tienen que empujarnos al odio cartaginés, incluso como seres humanos, y esa filosofía ambos la teníamos desterrada en nuestra valoración de las circunstancias, mantener las posiciones derivadas de nuestra responsabilidad, política y sindical, no debían bloquear las relaciones humanas.
En mi caso, siempre he tenido la convicción de que el ejercicio del Derecho Constitucional de Huelga supone un paréntesis entre dos escenarios de dialogo, en su caso porque era una apasionada del diálogo social y su interés supremo era mantener un clima de conversaciones, aun en escenarios de fuertes discrepancias.
En el año 2016 dejé la Secretaria General de UGT-E, me jubilé, y Fátima siguió como Ministra de Trabajo mientras se mantuvo el Gobierno de Rajoy, y posteriormente pasó a presidir la Fundación de la CEOE, A partir de entonces, hemos compartido actos sobre nuestras experiencias en las relaciones laborales y el dialogo social, y fuimos fortaleciendo nuestra amistad, solida y basada en la convicción de que la sociedad española exige consensos fuertes y perdurables, porque los problemas de la vivienda, la necesaria reconversión educativa, la productividad, los salarios, el reto vital de gestión de la inmigración exigen proyectos de luces largas, y los grandes acuerdos se convierten en un imperativo categórico en la era de la IA y el multilateralismo agresivo.
Su familia, sus amigos y la sociedad español hemos perdido una persona honesta, inteligente, fuerte y afable, convencida de que el dialogo y el debate de ideas es el único método eficaz y democrático para ganar el futuro.

