Opinión

Fátima Báñez: trabajo, sonrisa y talento

MADRID, 29/10/2026.- Fotografía de archivo, tomada el 27/05/2026, de la exministra de Trabajo y Economía Social y presidenta de la Fundación CEOE, Fátima Báñez. La patronal CEOE y el PP han confirmado el fallecimiento de la presidenta de la Fundación CEOE y exministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, después de que ayer se conociera que viajaba en uno de los trenes involucrados en el accidente ferroviario de Urda (Toledo). EFE/Archivo/Chema Moya
La exministra de Trabajo y Economía Social y presidenta de la Fundación CEOE, Fátima Báñez.
EFE/Archivo/Chema Moya
Actualizado: h

Primero llegaron los teletipos, las imágenes, las cifras. Después, la aparición de su nombre en boca de alguien rompió la gélida estadística. La llamamos muchas veces, pero su teléfono solo devolvía el buzón de voz. Como tantas familias y amigos, esperamos durante horas una noticia que no queríamos escuchar. Nuestro ánimo, como el de toda esta España herida, se reflejaba en un bello paisaje de olivos y almendros manchegos quebrado por la colisión de dos trenes.

Fátima Báñez murió este miércoles por la mañana, a los 59 años, en la localidad toledana de Urda. Es una de las 69 víctimas del accidente confirmadas cuando escribo estas líneas. Era licenciada en Derecho y en Ciencias Económicas por la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) y durante dos décadas formó parte de la columna vertebral del Partido Popular. Primero, como diputada; después, como ministra de Empleo y Seguridad Social. Mariano Rajoy le encomendó la tarea más difícil de todas, y no eran pocas: detener la sangría del paro que asolaba nuestra nación en 2012. Lo hizo con una reforma laboral que exigía valentía. Su huella todavía perdura. El tiempo, que es el juez más severo de la política, acabó dándole la razón, y quienes prometieron derogarla terminaron conservándola en lo esencial. De todo aquello, sin embargo, ella se quedaba con otra cosa: el complemento de maternidad en las pensiones, que reconoció a las mujeres que habían sacrificado parte de su carrera para criar a sus hijos. Lo contaba sin darse ninguna importancia, nunca en público, siempre con orgullo. Es la prueba de lo inteligente, encantadora y honesta que era.

Perteneció a la estirpe de quienes entienden la política como un servicio y no como una trinchera; la de quienes impulsan reformas pensando en la próxima generación y no en las próximas elecciones; la de los servidores públicos para quienes la palabra dada es sagrada y el acuerdo, un horizonte deseable. Nunca vio en el adversario a un enemigo. No hay un exabrupto en su hemeroteca. Su legado es el reflejo cristalino y cierto de su trabajo infatigable y de su sonrisa onubense. También de su talento político. No es casualidad que fuera patrona de Reformismo21, el laboratorio de ideas del Partido Popular impulsado por nuestro también añorado Pablo Vázquez, porque nunca cejó en su vocación de cambiar las cosas para que funcionaran mejor. Desde la Presidencia de la Fundación CEOE siguió tendiendo puentes. Al Partido Popular le queda el orgullo de tener en su patrimonio a una de las mujeres más valiosas que han defendido nunca sus siglas y a una de las mejores ministras de la historia democrática de España.

Cuando pienso en Fátima, pienso también en quienes viajaban con ella en aquellos dos trenes: mujeres y hombres, jóvenes y adultos, que salieron de Madrid camino de Sevilla para trabajar, para volver a casa o para abrazar a los suyos, y que nunca llegaron. A todos ellos, y a quienes hoy los lloran, van dedicadas también estas palabras. Es el mismo aliento que envío a las familias de las 46 víctimas de Adamuz y al maquinista muerto en Gelida, que vieron reabrirse su herida este miércoles, 28 de octubre de 2026, una fecha ya convertida en una de las páginas más negras de nuestra historia común.

Fátima vuelve hoy a San Juan del Puerto, el pueblo blanco a orillas del río Tinto en el que vino al mundo y en el que, veintisiete años antes, había nacido Jesús Quintero, el loco de la colina. Si él pasó a la historia por sus preguntas, ella lo hará por sus respuestas. Nadie encarnaba mejor que ella la experiencia, la gestión y el rigor que pedí este jueves desde Urda. Son las cualidades que tendrá que tener el próximo Consejo de Ministros, porque en España hacen falta muchas fátimas.

A Jaime, a sus hijos, a su familia y a sus amigos les envío todo mi cariño. A ella y a todas las víctimas les debemos la verdad, y la tendrán. Que la Virgen del Rocío, su Blanca Paloma, a cuyo santuario me llevó entusiasmada, la acoja. Todo los que conformamos tu casa del Partido Popular te deseamos que descanses en paz, querida amiga.