ACCIDENTE FERROVIARIO

De camino a casa, al trabajo o a un reencuentro: las vidas rotas por la tragedia de Urda

Un compañero hospitalizado, una madre sin noticias durante horas y una joven atleta de 24 años ponen rostro a las consecuencias del accidente

Un viaje de trabajo, una visita a la familia o el regreso a casa. Cada persona que viajaba en los trenes accidentados en Urda, Toledo, tenía sus propios motivos para estar allí y una vida que continuaba al otro lado del trayecto. La colisión interrumpió esa normalidad y dejó historias marcadas por el miedo, la incertidumbre y la pérdida. Los relatos de quienes sobrevivieron y el recuerdo de quienes fallecieron permiten acercarse a la dimensión más humana de la tragedia.

Los testimonios de varias víctimas permiten reconstruir distintos momentos del accidente, desde la violencia del impacto y la desesperación por encontrar una salida hasta los intentos de auxiliar a los heridos.

Un viaje de trabajo que terminó en caos

Rosa Domínguez viajaba por motivos profesionales. Antes del accidente, se había acercado a la cafetería para trabajar con su ordenador. Según ha explicado, el tren se detuvo por una “aglomeración en la vía” y reanudó la marcha unos diez minutos después. Poco más tarde, el trayecto quedó marcado por un impacto que todavía le cuesta asimilar: “Sigo en shock. He vivido el día más horroroso de mi vida“, ha reconocido. La superviviente asegura que las imágenes que presenció continúan en su memoria y compara lo ocurrido con “una película de guerra“.

“Salimos todos volando, unos por el suelo, otros por arriba“, ha contado en “Horizonte”. Quienes se encontraban de pie sufrieron especialmente las consecuencias del golpe. Entre las personas heridas, Rosa recuerda a una azafata que no podía moverse y tenía los brazos rotos.

La evacuación tampoco fue sencilla. Los pasajeros intentaron romper las ventanas con los martillos de emergencia, pero no lo consiguieron. Ante el temor de que pudiera producirse otra catástrofe ferroviaria como la de Adamuz, en Córdoba, algunos insistieron en que debían abandonar el convoy. “Hay que salir“, recuerda Rosa.

Finalmente, consiguió llegar al exterior. “Salimos corriendo y nos fuimos al campo“, ha relatado. Allí pudo localizar a su compañero de trabajo, que viajaba con ella y continúa hospitalizado.

URDA (TOLEDO) 28/10/2026.- Dos trenes de alta velocidad, uno de Renfe y otro de Iryo, han colisionado a primera hora de este miércoles a la altura de la estación de Urda (Toledo), según han informado a EFE fuentes del servicio de emergencias 112, que han indicado que dos vagones han caído por un terraplén. EFE/Ismael Herrero
Dos trenes de alta velocidad, uno de Renfe y otro de Iryo, han colisionado a primera hora de este miércoles a la altura de la estación de Urda (Toledo), según han informado a EFE fuentes del servicio de emergencias 112, que han indicado que dos vagones han caído por un terraplén. EFE/Ismael Herrero

Cuando sobrevivir también significa ayudar

Una vez fuera, Rosa se acercó a los restos del tren para comprobar cómo se encontraban los afectados. Entre los hierros encontró a personas heridas y aterrorizadas, a las que trató de acompañar. “Me fui a los hierros, porque ya no había vagón, y me puse a ver a la gente y consolarles”, ha explicado.

La superviviente ha recordado algunas de las lesiones que presenció, aunque reconoce que le resulta difícil hablar de ellas. “No quiero contar el horror, pero vi cuerpos mutilados, un chico joven con el brazo por la mitad“, ha declarado. Después, ha resumido lo que sigue sintiendo con una frase que refleja la huella de aquella experiencia: “Ha sido un horror y está siendo un horror“.

También ha destacado la rapidez de los servicios de emergencia y la solidaridad de quienes acudieron a ayudar. Su relato muestra cómo, en medio de una situación extrema, algunos pasajeros intentaron ofrecer consuelo a quienes lo necesitaban, incluso mientras ellos mismos trataban de comprender lo sucedido.

Un padre y un hijo que se convirtieron en rescatistas

Tangui Binnier viajaba con su padre, Richard, en el tren de Iryo. El joven ocupaba el vagón 8, alejado del punto del impacto, mientras que ambos se encontraban en coches distintos. Después de sentir el golpe, los dos comprendieron que debían salir y buscar a otros pasajeros que pudieran necesitar ayuda: “Después del momento del impacto mi padre me vino a buscar y él mismo abrió la puerta de emergencia y empezó a decir a la gente que saliera”, relató Tangui. Una vez fuera, padre e hijo comenzaron a recorrer los vagones para localizar a personas heridas y supervivientes.

La tarea exigía actuar en medio de la confusión y de unas escenas que ninguno de los dos estaba preparado para afrontar. Richard explicó cómo se repartieron para asistir a los afectados: “Fuimos al uno y al dos, y estaban al revés. Yo me encargué del dos y Tangui fue al uno”.

También intentaron reducir los riesgos para quienes seguían dentro de los coches. Colocaron mantas sobre las ventanas rotas para evitar que los cristales provocaran más lesiones y hablaron con los pasajeros atrapados mientras esperaban la llegada de los equipos de emergencia. “Ya vienen, tranquilo”, repetían para tratar de transmitirles algo de calma.

La experiencia dejó en Tangui una profunda impresión. Aunque consiguió salir sin lesiones de gravedad, el joven reconoció la suerte que había tenido y la dificultad de contemplar el sufrimiento de otras personas. Su padre y él habían comenzado el día como pasajeros y terminaron intentando ayudar a quienes se encontraban en una situación mucho peor.

Heridos
Un herido del accidente ferroviario en Toledo
Jorge Herrera

Tres horas sin poder hablar con su madre

Antes de ponerse a ayudar, Tangui también había vivido la incertidumbre de no saber qué había ocurrido ni dónde estaba su padre. Desde su vagón, los pasajeros sintieron movimientos bruscos y vieron caer cables, pero no llegaron a imaginar que otro tren había colisionado por detrás: “Nunca llegamos a imaginar lo que teníamos detrás“, explicó en “La Mesa”. Tras conseguir reunirse con su padre, Tangui llamó a su madre para comunicarle que ambos estaban bien. Sin embargo, los problemas de cobertura interrumpieron de nuevo el contacto. “Después se nos cortó la red y no pude hablar con ella después de tres horas”, recordó.

Julieta Gallego, una vida ligada al atletismo

Entre las víctimas mortales se encuentra Julieta Gallego, atleta española de 24 años que formaba parte del club madrileño AD Sprint y competía en salto de longitud. La joven, que residía en Alemania, había cumplido años el pasado 9 de octubre. Su fallecimiento ha provocado una profunda tristeza entre sus compañeros y en la comunidad del atletismo.

La Real Federación Española de Atletismo trasladó sus condolencias a la familia y a sus seres queridos. Su club también lamentó la pérdida de una integrante de su grupo de saltos y recordó el vínculo que los unía a ella: “Hoy es un día muy triste para toda la familia del AD Sprint. Nos despedimos de nuestra atleta Julieta Gallego, integrante de nuestro grupo de saltos, que nos ha dejado tras el trágico accidente ferroviario de Urda (Toledo)”, comunicó la entidad.

Julieta Gallego, la atleta fallecida durante el accidente en Urda.
Julieta Gallego, la atleta fallecida durante el accidente en Urda.

La historia de Julieta y la del resto de víctimas recuerdan que detrás de cada víctima había una vida propia, relaciones personales y proyectos. Mientras Rosa y Tangui intentan asimilar lo vivido, otras familias afrontan la pérdida de sus seres queridos. Para todos ellos, el accidente ha dejado una ausencia o un recuerdo que no desaparecerá cuando terminen las labores de emergencia.

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