Muchos de los familiares, amigos y conocidos de los desaparecidos del accidente ferroviario de este miércoles difunden nombres, fotos, el número de un vagón y teléfonos a través de redes sociales con el objetivo de encontrar a sus seres queridos. Piden máxima difusión tras el choque de dos trenes en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, entre Urda y Los Yébenes (Toledo). El accidente deja ya 68 víctimas mortales.
José Ángel San Emterio Freire, de 54 años, viajaba a Sevilla. Su familia lo describe con todo detalle: más de 1,90 de estatura, pelo negro canoso, ojos oscuros, complexión grande, y “suele ir de traje”.
Hay mensajes que piden ayuda para encontrar a más de uno. “Ruego me ayudéis a encontrar a mi hermano Pepe, iba en el tren con Trece, su perro, y no sabemos nada de ellos”, escribe una mujer. “Estamos rotos de dolor y necesito vuestra ayuda más que nunca”.
También está David, es uno de los casos que más ha tenido repercusión, un joven técnico de Renfe que volvía de Madrid en el tren accidentado. Su tía, Magdalena, resumió al periódico lo que viven tantas familias: “No tenemos comunicación ninguna con él desde las 8:30 de la mañana. Estamos con la angustia de no saber nada. Queremos que aparezca y que esté bien, y que esto sea simplemente una pesadilla”.
Los desaparecidos en los vagones 7 y 8: “Llamamos y no dan respuesta”
Las peticiones no solo hablan del AVE de Renfe. La familia de Mari Carmen García, según otra publicación, la busca entre los pasajeros del Iryo que iba camino de Sevilla. Viajaba en el vagón 7. Junto a su foto, sus allegados expresan la angustia de muchas familias: “Hemos intentado llamar al número de teléfono que han habilitado y no dan respuesta”.
“Mi hermana Adriana estaba en el tren RENFE Madrid-Sevilla Vagón 8, no damos con ella, cualquier información se agradece”, escribió Alejandro Marroquín. Junto al mensaje publicó una foto de Adriana Marroquín Rodríguez y describió la ropa que llevaba ese día: chaqueta y pantalón azul.
En el vagón 8 viajaba también Daniel Rodríguez Marín, según su amiga Katherine Fernández. “No podemos ubicarlo, por favor difundir para lograr saber algo de él”, pidió en X.
Iván Romano Ramos, policía nacional de 42 años, también iba “en el coche 8 creemos”. Así lo explica un amigo en un mensaje que se ha compartido una y otra vez: “Acaba de ser padre y estamos consternados”.
La pareja de Agustín Randazzo Martire Williams lo busca desde hace horas. Iba en el vagón 8 y, según el mensaje que circula, ni su familia ni sus amigos saben nada de él.
Un hijo busca “desesperadamente” a su madre, Carmen de Santa Ana, de 60 años, rubia y de 1,60 de estatura. No sabe en qué asiento iba, pero sí que viajaba en el vagón 7. En él iba también Eleuterio del Olmo, en el asiento 17C, según la imagen que difunde su familia bajo el lema “Difusión urgente”.
A Carmen Chicharro Sanz, de 52 años, la busca una amiga, que la sitúa en el asiento 6A o 6B. El sobrino de Enrique Flores Luque cree que su tío iba en el mismo vagón, aunque no está seguro.
Algunos mensajes muestran lo que separó a unos pasajeros de otros. Una mujer busca a su tía, Sharona Freudman, una ciudadana canadiense que viajaba en el vagón 7 u 8 del AVE. “Mi tío y mi primo están bien porque estaban en el vagón de la cafetería”, explica.
Las primeras víctimas con nombre
Mientras tanto, empiezan a conocerse los nombres de algunos de los fallecidos. El accidente ha costado la vida al inspector de Hacienda Antonio Montero.
La Fundación Casa de México en España ha lamentado “profundamente” la muerte del embajador Óscar Arturo Esparza Vargas, jefe de Cancillería de la Embajada de México en España y “destacado miembro del Servicio Exterior Mexicano”. En su mensaje, la fundación recuerda “su compromiso, profesionalismo y valiosa contribución al fortalecimiento de los lazos entre México y España”.
Las oficinas para denunciar desapariciones
La Guardia Civil pide a los familiares de primer grado de los desaparecidos que acudan cuanto antes a una de las cuatro oficinas ‘ante mortem’ abiertas en Madrid, Toledo, Sevilla y Córdoba. Allí pueden denunciar la desaparición, dar los rasgos físicos de la persona, como tatuajes, cicatrices o lunares, y entregar una muestra de ADN para cotejarla con la de las víctimas. En esos puntos también se ofrece apoyo psicológico.
“Si sus familiares están desaparecidos, es fundamental que acudan a uno de los cuatro centros de denuncia”, insistió Ramón Cuevas, portavoz del instituto armado en la zona cero.

