El polideportivo de Urda, en Toledo, se ha convertido este miércoles en un punto de encuentro para decenas de pasajeros afectados por el accidente ferroviario. Algunos han llegado con heridas en el rostro, otros con la ropa manchada de sangre y muchos todavía incapaces de asimilar lo ocurrido. Entre maletas, llamadas a familiares y autobuses preparados para trasladarlos a sus destinos, los supervivientes han relatado a Artículo14 la tragedia.
“Estamos con el susto en el cuerpo, con el impacto, y ahora analizando la gente que no vuelve a casa, imagínate… Terrible. Ya no pienso cómo estoy yo, pienso en la gente que no va a volver”. Son las palabras de uno de los pasajeros del AVE Madrid-Sevilla, que viajaba por motivos laborales y que ha hablado con este periódico después de recibir atención sanitaria. Su rostro todavía mostraba las heridas provocadas por el accidente.

El hombre recuerda con precisión los segundos en los que comenzó a sentir que algo no iba bien. El Iryo 6076 salió de Atocha a las 7:54, mientras que el AVE 180, salió de la misma estación a las 8:00. A las 8:30, un fallo informático dejó sin sistema de seguridad LZB un tramo de unos 60 kilómetros. Sobre las 8:53, el AVE embistió al Iryo por detrás. Primero percibió un frenazo y, cuando parecía que el tren estaba a punto de detenerse, comenzaron los golpes. “Yo estaba en el vagón uno y he acabado en el dos“, explica.
Según recuerda, el primer movimiento fue seguido de varios impactos consecutivos que agravaron la situación dentro del convoy. “No te exagero, pero cuatro o cinco impactos ha habido junto con el frenazo”, asegura.

A su lado, su compañero de trabajo que había vivido la misma tragedia apenas encontraba palabras para describirla. “Estoy conmocionado, esto es un milagro. Unos hemos tenido suerte, otros han salido esta mañana y fíjate lo que les ha pasado”, lamentaba. Todavía sorprendido por lo sucedido, insistía en la imposibilidad de imaginar una situación semejante al comenzar el viaje. “Esto es algo que no se puede pensar, que vayas a coger un AVE tranquilamente y te pase una cosa de estas”.
“Esto no ha pasado nunca en España”, denuncia incrédulo el pasajero.
“A mi compañero de al lado lo ha atravesado una vía”
Uno de los relatos más estremecedores lo ha ofrecido otro pasajero del AVE, que abandonaba el polideportivo arrastrando su maleta. Tenía la mirada perdida y la manga derecha de su camisa estaba manchada de sangre. No era suya, sino del hombre que viajaba sentado junto a él.
“Yo no tengo un rasguño, es una cosa ilógica”, reconocía, todavía tratando de comprender cómo había conseguido salir ileso.
Viajaba en el tercer vagón del AVE y recuerda que el tren permaneció detenido durante un tiempo prolongado. Según explica, los pasajeros escucharon un aviso por megafonía que advertía de la presencia de un obstáculo en la vía. Poco después, el convoy reanudó la marcha y se produjo el impacto.

“A mi compañero de al lado lo ha atravesado una vía. Se ha estampado con la mujer que tenía delante. Ha sido dantesco”, relata a Artículo14.
La imagen continúa grabada en su memoria. Recuerda haber visto cómo un elemento de la vía penetraba en el vagón y alcanzaba al pasajero que tenía a su derecha. Pese a encontrarse físicamente bien, no ocultaba su malestar psicológico tras ver fallecer a su compañero de asiento. “Espero que las personas encargadas de esto pongan solución a este problema para poder viajar seguro”, augura.
“En un par de segundos, el asiento de mi marido estaba vacío”
Con el paso de las horas, el polideportivo ha comenzado a vaciarse. Los pasajeros que no presentaban heridas graves han sido conducidos hacia los autobuses habilitados para trasladarlos a Madrid, Sevilla y Ciudad Real. En las filas, el cansancio se mezclaba con el desconcierto de quienes todavía trataban de reconstruir los segundos del accidente.

Entre ellos se encontraba una mujer de nacionalidad filipina, residente en Dubái, que viajaba por España junto a su marido. Tenía una herida en el labio y, aunque se encontraba bien físicamente, no podía contener las lágrimas.
La pareja había salido de Madrid con destino a Sevilla. Según su relato, el tren permaneció detenido entre 15 y 20 minutos antes del choque, sin que inicialmente comprendieran qué estaba sucediendo.
“Fue devastador, inesperado”, explicaba a Artículo14. Acostumbrada a considerar el sistema ferroviario europeo como uno de los más avanzados, nunca había imaginado vivir una experiencia semejante.

Su marido estaba dormido cuando se produjo el impacto. “En un par de segundos, vi a mi esposo salir de su asiento. Miré hacia él y su asiento estaba vacío“, recordaba emocionada. Todo sucedió tan deprisa que apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Pese al miedo y a las imágenes que todavía tenía presentes, la mujer se mostraba agradecida por haber sobrevivido. “Sigo sintiéndome bendecida. Esto es como una segunda vida“, afirmaba entre lágrimas.
“Estuvimos cinco horas dentro del tren”
Otro de los supervivientes, Jhoander, esperaba sentado en el suelo, junto a la fila de autobuses. Tenía una herida en la ceja derecha, cubierta por una tirita que ya estaba manchada de sangre. Viajaba en el cuarto vagón del Iryo y, como otros pasajeros, se encontraba dormido cuando se produjo el accidente.
“Yo estaba dormido porque estaba cansado. Ya cuando me desperté salí volando hacia los asientos de enfrente”, narró a Artículo14. El golpe le provocó heridas en la cara y en una pierna.

Tras conseguir abandonar el tren, fue trasladado en autobús hasta el polideportivo de Urda, donde recibió atención antes de incorporarse a la fila de pasajeros que esperaban continuar hacia Sevilla.
También aguardaba con su maleta un joven colombiano, Juan Diego, aunque su experiencia había sido diferente. Viajaba en uno de los trenes que circulaban detrás de los convoyes accidentados y que quedó detenido como consecuencia de la tragedia. “Al principio notamos algo muy raro porque el tren arrancaba y frenaba una y otra vez. Cosas muy extrañas, y ya luego pasó lo que pasó“, relataba.
La falta de cobertura dificultó que los viajeros pudieran conocer la magnitud de lo sucedido. Durante horas, las noticias les llegaron a través de otros pasajeros.
“Estuvimos cinco horas dentro del tren en medio de la nada”, explicaba. Según su testimonio, recibieron comida y bebida mientras esperaban a ser evacuados. Después fueron trasladados hasta Urda, donde todavía tuvieron que esperar a un autobús para continuar su viaje.
Mientras los equipos de emergencia continuaban trabajando en el lugar del siniestro, en el polideportivo los afectados intentaban contactar con sus familiares y encontrar la manera de regresar a casa. Algunos habían conseguido hablar con sus seres queridos poco después del accidente. Otros reconocían que las primeras comunicaciones habían resultado complicadas.
Las escenas se repetían a las puertas del recinto: pasajeros con equipaje, heridas visibles y la mirada todavía marcada por lo ocurrido.
Uno de los hombres , todavía tenía con rostro herido, aseguró: “Ya no pienso cómo estoy yo, pienso en la gente que no va a volver”.

