Vídeos exclusivos del asalto a Ceuta muestran cómo miles de migrantes desbordaron un dispositivo que no se había reforzado

Las imágenes revelan la permisividad de Marruecos para que los migrantes llegaran a pie por la playa y sólo tuvieran que bordear a nado el espigón. Los guardia civiles se limitaron a salvar vidas

El pasado 30 de julio las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se vieron totalmente desbordadas por la avalancha son precedentes sobre Ceuta. Como muestran los vídeos a los que ha tenido acceso Artículo14, miles de inmigrantes, la inmensa mayoría varones jóvenes y muchos de ellos menores, cruzaron a nado desde Marruecos y tomaron la playa de Ceuta.

Las imágenes muestran también el lado marroquí, donde los gendarmes y los militares contemplan cómo se echan al agua. De hecho, esa es una zona restringida. Los inmigrantes ilegales comienzan a nadar desde costas más lejanas, porque junto al espigón de Ceuta hay abundante vigilancia y los frenan con contundencia, pero ese día miles de ellos llegaron caminando hasta el mismo espigón y sólo tuvieron que nadar lo justo para bordearlo. Se ven incluso militares haciéndoles gestos para que vayan hacia el agua.

Algunas fuentes conocedoras de los hechos entienden que fue una pasividad premeditada por parte del país vecino, que nos los contuvo, y otras apuntan a que el gentío era tal que optaron por no intervenir por la fuerza.

La masificación fue de tamaño calibre que unos llegaron a ahogar a otros en medio de la desesperación. Una vez que estaban en zona española, los guardias civiles ahí congregados sólo podían ayudarlos a salir del agua y salvar vidas. Además, el dispositivo era el de un día normal, pues el Gobierno desoyó la advertencia del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que la víspera, el 29 de julio, alertó que grupos de redes sociales con 180.000 miembros planeaban una entrada masiva coincidiendo con la celebración de la fiesta del Trono de Mohamed VI, que relajaría los controles fronterizos.

Una vez que los migrantes entraban en la playa se fueron agolpando en la zona restringida de la frontera, todo ello territorio español. La sentencia del Tribunal Supremo conocida el pasado 8 de julio establecía que no podían ser devueltos en caliente, como ocurre si saltan la verja. El haber llegado por el mar, sin vulnerar una barrera artificial, les daba derecho a comenzar el procedimiento administrativo para tratar de quedarse en España. En ese contexto, con cientos si no ya miles de personas apelotonadas, se produjo una disputa entre Policía y Guardia Civil con motivo de la conocida como puerta del Pescado, en las inmediaciones de la frontera. Normalmente está abierta, pero el jefe policial ordenó cerrarla para contener a los inmigrantes y tratar de conducirlos hacia el polígono del Tarajal, pero la zona fronteriza es competencia de la Guardia Civil. El teniente coronel al mando dio orden de abrirla porque se podía producir, según fuentes del Instituto Armado, un “efecto Madrid Arena”, es decir que muchos murieran aplastados. Esa puerta en cuestión no daba entrada a España, como han entendido algunos, pues ya se encuentra en territorio nacional. Los miles de inmigrantes que allí se agolpaban habían logrado su primer objetivo desde que bordearon el espigón y tocaron la arena de la playa de Ceuta. Ya estaban en España y no podían ser devueltos de forma inminente salvo que regresaran voluntariamente.

Como desveló Artículo14, la caótica jornada comenzó con intervenciones poco después de las 5 de la madrugada, cuando una embarcación de Salvamento Marítimo, la Salvamar Atria, tuvo que recoger inmigrantes en una zona más alejada del espigón después de que buques marroquíes los arrojaran al agua una vez que comprobaron la presencia del barco español.

La noche anterior la Guardia Civil divisó en la zona seis embarcaciones marroquíes, a priori todas ellas militares, y el mando lo comunicó al delegado del Gobierno, según la declaración prestada ante la juez María Tardón el pasado lunes. Esa presencia ofrecía, en teoría, cierta garantías de Marruecos para detener los muy numerosos de intentos de entrada por vía marítima tras la sentencia del Supremo y el buen tiempo del verano, pero su reacción en los momentos claves, que algunas fuentes describen como “permisividad”, “apatía” o “brazos caídos”, hacen, como mínimo, dudar de la voluntad del país vecino para detener la avalancha.

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