El grito que rompió el encierro en las Tres Mil Viviendas

Una joven de 18 años estaba retenida por su pareja en una vivienda y había llegado a estar encadenada. Cuando él se descuidó, gritó pidiendo ayuda desde una ventana

El grito no abrió la puerta. Pero llegó hasta la calle. La joven tenía 18 años y estaba encerrada en una habitación. Su pareja se descuidó y ella aprovechó ese momento para acercarse a una ventana y pedir ayuda. Los vecinos la oyeron y avisaron a la Policía Nacional.

Cuando los agentes la encontraron, presentaba signos de desnutrición. Había llegado a estar atada con una cadena.

Ocurrió la tarde del viernes 23 de octubre, en un piso de la calle Rojo y Negro, en la barriada de Martínez Montañés, conocida como Las Vegas, en el Polígono Sur de Sevilla. La habitación estaba cerrada bajo llave y no se le permitía salir. La Policía desplegó un dispositivo en la vivienda y consiguió liberarla.

Cuatro detenidos

La pareja de la joven fue detenida junto a otros tres hombres. A estos últimos se les investiga por su posible papel como encubridores o colaboradores necesarios. Al novio se le atribuye un presunto delito de detención ilegal.

Fuentes policiales señalaron que el principal investigado tenía antecedentes por distintos delitos, algunos violentos. El lunes 26 de octubre, después de pasar a disposición judicial, ingresó en prisión provisional. Los otros tres detenidos quedaron en libertad. Él es el único de los cuatro que permanece en prisión.

Salma: desaparecida mientras seguía allí

El caso recuerda al de Salma, una mujer de 38 años que constaba como desaparecida desde el 1 de abril de 2024. Su familia había perdido el contacto con ella y su fotografía se difundió en carteles y redes sociales. Con el paso de los meses, sin pistas que permitieran encontrarla, se llegó a barajar que se hubiera marchado por voluntad propia.

Durante esos casi dos años, Salma permanecía retenida en una vivienda de San José de la Vega, en Murcia. Casi dos años después de desaparecer, logró escapar y llegó a casa de una persona de confianza, su expareja. No acudió primero a una comisaría ni pidió ayuda a desconocidos por la calle: caminó hasta un lugar donde sabía que podía contar lo que le había pasado.

Su estado físico era muy grave. Tenía hematomas por todo el cuerpo, cicatrices de heridas anteriores —algunas compatibles con arma blanca—, una brecha en la cabeza que necesitó puntos, varios dientes perdidos y una lesión que le hizo perder la visión de un ojo. Salma contó que durante el tiempo que estuvo retenida sufrió palizas, agresiones sexuales y amenazas.

La vivienda estaba en un entorno habitado. Vecinos dijeron después que habían oído gritos y el llanto de una mujer. Un vecino recordó haberla oído pedir: «Llévame a mi casa». Situó aquellos gritos meses antes de la huida de Salma. Pensó que eran una discusión de pareja. Otros vecinos reconocieron que preferían no meterse en problemas. Nadie llamó a la Policía.

Las asociaciones de víctimas señalaron también que Salma había pasado por un centro sanitario con lesiones visibles y miedo. A su juicio, no se activaron los protocolos que podían haber alertado de que estaba en peligro. Criticaron además que no se cruzaran los datos de desapariciones con los sistemas de protección frente a la violencia machista.

verano de 2026, de los más letales hasta el momento

La libertad provisional de Salma

El hombre investigado por retener a Salma ingresó en prisión provisional en febrero. El 1 de abril, la jueza acordó su libertad provisional tras valorar declaraciones y documentación que, según el auto, generaban dudas sobre algunos aspectos de la causa. Entre ellos, que Salma hubiera salido en ocasiones de la vivienda o acudido sola a una tienda y que no hubiera pedido ayuda en espacios públicos.

La investigación seguía abierta y continuaban vigentes la prohibición de acercarse a ella y la de comunicarse con ella.

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