Violencia urbana

El enigma de Blocus: quién está detrás de las nuevas revueltas juveniles

Nacido de las protestas estudiantiles francesas, se extiende por España mediante redes sociales y grupos de mensajería, sin dirigentes conocidos ni una ideología definida. Los expertos alertan del efecto contagio

Barcelona, 24/10/2026.- Decenas de estudiantes se han concentrado este sábado en la plaza Catalunya de Barcelona en una protesta convocada por redes sociales que ha derivado en incidentes y enfrentamientos con los Mossos d'Esquadra. EFE / Alberto Estevez.
Decenas de estudiantes se han concentrado este sábado en la plaza Catalunya de Barcelona.
EFE / Alberto Estevez.

No tiene secretario general, sede, estatutos ni un manifiesto que explique sus propósitos. Nadie conoce a sus dirigentes y buena parte de las cuentas que impulsaron sus primeras convocatorias han desaparecido de internet. Sin embargo, Blocus ha conseguido movilizar a centenares de jóvenes en cuestión de días y situar a las fuerzas de seguridad ante una amenaza difícil de anticipar.

El sábado 24 de octubre, el centro de Barcelona fue escenario de una violencia que recordó a las grandes revueltas urbanas francesas. Comercios saqueados, escaparates destruidos, contenedores incendiados, enfrentamientos con los Mossos d’Esquadra y decenas de menores detenidos. El balance policial, actualizado el lunes 26, asciende a 130 arrestados, de los que 76 son menores de edad. Las actuaciones de los bomberos por incendios llegaron a 33 y los daños alcanzaron una treintena de establecimientos.

Un grupo de jóvenes vandaliza un comercio en Barcelona.
Un grupo de jóvenes vandaliza un comercio en Barcelona.
EFE / Alberto Estevez

Solo dos detenidos tenían antecedentes por desórdenes públicos. Otros 25 habían sido investigados anteriormente por diferentes infracciones o delitos. El resto eran jóvenes que, en muchos casos, habían conocido la convocatoria unos días antes a través de sus teléfonos móviles. Los Mossos investigan quién organizó los llamamientos, qué conexiones existían entre las cuentas utilizadas y si detrás de los disturbios había algo más que una explosión de violencia oportunista. Por ahora, no se ha identificado una organización centralizada que dirigiera los acontecimientos.

El origen francés: de la protesta educativa al estallido social

La palabra blocus significa bloqueo en francés. Antes de los disturbios en España, identificaba una forma de protesta estudiantil utilizada para impedir el acceso a los institutos. El 17 de septiembre comenzaron las movilizaciones en el instituto Saint-Exupéry de Créteil, cerca de París. Los alumnos denunciaban insuficiencia de profesores, instalaciones deficientes, sobrecarga académica e incertidumbre ante su futuro universitario.

Las protestas se extendieron a otros centros, impulsadas por una generación que cuestionaba las condiciones de la enseñanza pública. La movilización creció al margen de las estructuras sindicales tradicionales, aunque posteriormente se incorporaron organizaciones estudiantiles y diferentes actores políticos. A finales de septiembre, los bloqueos afectaban a unos 180 centros educativos. El Gobierno francés acusó a La Francia Insumisa de instrumentalizar el malestar juvenil. Jean-Luc Mélenchon rechazó esas acusaciones y denunció la actuación policial.

El 17 de octubre se produjo el gran estallido. Las reivindicaciones estudiantiles confluyeron con manifestaciones contra el encarecimiento de la vida, sindicatos y sectores de los chalecos amarillos. Según el balance difundido por el Ministerio del Interior francés, unas 550.000 personas participaron en las movilizaciones. La jornada y sus consecuencias inmediatas dejaron más de 1.800 detenciones. El episodio más grave ocurrió en Limoges, donde un incendio provocado devastó el histórico edificio del Ayuntamiento.

Francia
La Policía francesa interviene durante los enfrentamientos con los manifestantes en una concentración contra el aumento del coste de la vida
Efe

Lo que llegó a España, sin embargo, fue una versión distinta. La investigación de Newtral, realizada con la colaboración del analista Marcelino Madrigal, identificó más de veinte perfiles de TikTok utilizados para difundir convocatorias inspiradas en Francia.
Muchos aparecieron o cambiaron su denominación entre el 18 y el 20 de octubre. Algunos reproducían contenidos casi idénticos. Uno llegó a publicar 59 vídeos en apenas 48 horas.

Los mensajes apelaban a la calidad de la educación, los salarios, la vivienda y el malestar juvenil. La estética se repetía: calles incendiadas, grupos encapuchados, colores oscuros y consignas de rebelión. Parte de las imágenes había sido generada mediante inteligencia artificial.

El sistema de captación era sencillo. Los mensajes publicados en TikTok remitían a grupos privados de WhatsApp y Telegram a través de enlaces y códigos QR. Los principales grupos localizados en Barcelona y Madrid reunían alrededor de 700 participantes cada uno antes del 24 de octubre. La convocatoria que comenzaba como una reivindicación estudiantil se transformaba dentro de espacios de mensajería en una conversación sobre enfrentamientos con la policía, destrucción de mobiliario urbano o saqueos.

Maldita.es identificó el 26 de octubre un grupo de Telegram, denominado BLOCUS-BCN 31 OCT, con más de mil usuarios. En sus conversaciones se promovían nuevos robos en comercios de lujo, se hacían referencias a objetos peligrosos y se discutía cómo repetir los incidentes durante Halloween, una convocatoria que finalmente se ha suspendido en Madrid.

Rebeldes sin causa

La singularidad de este sistema es que no necesita una estructura política. Tampoco es una banda criminal. Bastan unos cuantos perfiles capaces de captar atención y generar expectativas. Tampoco se ha acreditado que todos los grupos respondan a los mismos administradores, que exista financiación centralizada o que se trate de una organización internacional con delegaciones territoriales.

El principal episodio de violencia acreditado bajo esta etiqueta en España es el de Barcelona. En Madrid, pese a la difusión de llamamientos para el 24 de octubre, la respuesta presencial fue muy reducida y no se reprodujeron incidentes comparables. También han circulado convocatorias en Valencia, Alicante, Zaragoza, Palma, Bilbao y localidades andaluzas como Marbella y Fuengirola. Sin embargo, la existencia de una cuenta o de un cartel no acredita que haya una agrupación organizada en cada ciudad. Maldita.es ha documentado, además, llamamientos para el 31 de octubre en 46 ciudades de al menos nueve países europeos. Lo que comparten es una forma de difusión que permite reproducir convocatorias con rapidez, independientemente de que exista una organización detrás.

¿Quiénes están detrás?

La falta de responsables identificados ha convertido Blocus en objeto de una intensa disputa política. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha prometido investigar hasta determinar quién impulsó los disturbios. Su consejera de Interior, Núria Parlon, cree que los acontecimientos de Barcelona no respondieron a una reivindicación social real, sino a la intención de provocar desórdenes y cometer delitos.
Alberto Núñez Feijóo, por su parte, ha responsabilizado políticamente al Gobierno, al que acusa de haber perdido el control de la calle. Vox también ha dirigido sus acusaciones contra Sánchez y Junts exige explicaciones al Govern por no haber previsto la gravedad de los incidentes.

Una de las principales peculiaridades del episodio barcelonés es la elevada proporción de menores detenidos. Casi seis de cada diez. El criminólogo Joan Caballero, especializado en extremismo y radicalización, ha explicado que algunos de los participantes podrían haber quedado fascinados por las imágenes de violencia procedentes de Francia. Unos habrían acudido por curiosidad; otros, atraídos directamente por la posibilidad de cometer saqueos.

Limoges
El Ayuntamiento de Limoges, un edificio declarado monumento histórico y construido en el último cuarto del siglo XIX, quedó prácticamente destruido este sábado
Efe

Su análisis coincide con investigaciones psicológicas realizadas durante las últimas décadas sobre la influencia del grupo en la adolescencia. En 2005, los investigadores estadounidenses Margo Gardner y Laurence Steinberg publicaron en Developmental Psychology un experimento con 306 participantes. Encontraron que la presencia de compañeros incrementaba la disposición a asumir riesgos, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Los autores exponen, entre otras razones, el reconocimiento social, la búsqueda de experiencias intensas y la presión del grupo.

Un antecedente es el de las revueltas francesas de 2023 tras la muerte del adolescente Nahel Merzouk a manos de un policía. Una investigación de la Protección Judicial de la Juventud, recogida posteriormente por el Senado francés, examinó 513 expedientes de menores implicados. El 68,2 % afrontaba sus primeras actuaciones penales y el 73,2 % estaba escolarizado o en formación.

El efecto contagio no nació en TikTok

Blocus tampoco debe confundirse con los llamados black blocs, una táctica de protesta asociada históricamente a sectores anarquistas que emplean ropa oscura y formas de acción colectiva para dificultar la identificación. Aunque puedan existir similitudes estéticas, no se ha demostrado que los grupos españoles respondan a esas organizaciones. Los grandes disturbios urbanos tienen, además, precedentes anteriores a internet.

Mark Granovetter formuló en 1978 una teoría según la cual la participación en una acción colectiva depende, en parte, de cuántas personas estén dispuestas a actuar antes que nosotros. La novedad de Blocus reside en la rapidez de difusión, la ausencia de estructuras visibles y la facilidad para trasladar comportamientos de una ciudad a otra. Las redes sociales multiplican la visibilidad de esos primeros participantes y pueden crear una impresión exagerada sobre la magnitud de la movilización.

¿Blocus seguirá existiendo cuando desaparezcan los disturbios? Al contrario que otras organizaciones, que conservan locales, militantes y estructuras de dirección, estos movimientos digitales pueden disolverse y reaparecer bajo nuevos nombres, sin necesidad de mantener una continuidad formal.

Por ahora, no existen datos que permitan pronosticar qué evolución seguirá Blocus en España. Lo que sí muestran los acontecimientos es la insólita rapidez con la que puede propagarse la violencia urbana en una sociedad en la que los adolescentes se relacionan a través de plataformas digitales. Son movimientos de origen incierto, pero con capacidad de reclutar en pocas horas a suficientes jóvenes dispuestos a dejarse arrastrar arropados por la fuerza anónima de la multitud.

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