Demografía

España se queda sin niños. ¿No quiere o no puede?

El último informe de Eurostat confirma el desplome de la natalidad europea y sitúa a nuestro país entre los más afectados, con 16 regiones donde la fecundidad no llega a un hijo por mujer. Sin embargo, el 69% desea tener al menos dos

Hijos Europa
La tasa de fecundidad total de la UE fue de 1,34 nacidos vivos por mujer, el nivel más bajo registrado desde que se iniciaron las series
Eurostat/KiloyCuarto

La Palma, una de las islas más hermosas del Atlántico, se está quedando sin niños. Su tasa de fecundidad es de 0,76 hijos por mujer. A miles de kilómetros, en Mayotte, un archipiélago francés del océano Índico, alcanza los 3,51. Los dos pertenecen a la Unión Europea, pero representan realidades demográficas opuestas.

Según los datos publicados el martes 27 de octubre por Eurostat, en 2024 la fecundidad comunitaria cayó hasta 1,34 hijos por mujer, su mínimo histórico desde 2001. Una cifra muy alejada de los 2,1 necesarios para garantizar el reemplazo generacional sin inmigración. En España, 16 regiones estadísticas están por debajo de un hijo por mujer, una situación que también se registra en zonas de Italia, Polonia, Grecia, Alemania y Lituania.

Las españolas quieren dos y tienen uno

La última Encuesta de Fecundidad del Instituto Nacional de Estadística, publicada el 29 de septiembre de 2026, reveló que muchas españolas tienen menos hijos de los que desearían. El 69% de las mujeres de entre 18 y 55 años afirmaba en 2025 que quería al menos dos hijos. Sin embargo, el indicador de fecundidad español se situó en 1,10 en 2024, según el INE. Aquel año nacieron 318.005 niños, un 25,6% menos que una década antes.

El 34,8% de las mujeres que ya habían sido madres reconocía haber tenido menos hijos de los que quería. A partir de los 35 años, los principales obstáculos señalados eran las dificultades laborales, la conciliación y los problemas económicos. El porcentaje de mujeres que no deseaba tener hijos pasó del 12,3% en 2018 al 15,5% en 2025. No todas quieren ser madres, pero tampoco puede interpretarse toda la caída de la fecundidad como una renuncia voluntaria.

Baja por maternidad de 20 semanas - Economía
La baja por maternidad de 20 semanas aún sigue en ‘standby’
Licencia Unsplash

El calendario biológico y el económico han dejado de coincidir. En España, la edad media a la maternidad alcanzó los 32,6 años en 2024. Muchas mujeres llegan a la etapa en la que desean formar una familia sin haber conseguido estabilidad laboral, una vivienda adecuada o una pareja con la que compartir ese proyecto. La maternidad se aplaza y, en ocasiones, la espera acaba reduciendo las posibilidades de tener los hijos deseados.

Cuanto más tenemos, ¿menos hijos queremos?

Durante siglos, la pobreza estuvo asociada a las familias numerosas. La educación, el desarrollo económico y la generalización de los anticonceptivos transformaron ese modelo. Sin embargo, la relación entre riqueza y natalidad ofrece contradicciones sorprendentes.
Hungría es un ejemplo. Según su Oficina Central de Estadística, en 2025 Budapest registró una fecundidad de 0,98 hijos por mujer, mientras que en Szabolcs-Szatmár-Bereg, una provincia económicamente menos favorecida del noreste, alcanzó 1,66. Influyen las costumbres familiares, la edad de emancipación, la educación y las oportunidades profesionales.

Hungría ha dedicado importantes recursos a incentivar la natalidad mediante deducciones fiscales, préstamos y ayudas familiares. La fecundidad nacional aumentó de 1,23 hijos por mujer en 2011 a 1,61 en 2021, pero volvió a caer hasta 1,31 en 2025. Según el instituto estadístico INSEE, en 2024 París, una de las capitales económicamente más prósperas de Europa, tenía una fecundidad de 1,26 hijos por mujer. En Seine-Saint-Denis, un departamento de su periferia con rentas inferiores, llegaba a 2,02. Muchas parejas abandonan el centro de París para instalarse en viviendas más amplias cuando deciden tener hijos.

Estos ejemplos revelan que no existe una relación automática entre renta y fecundidad. La riqueza puede facilitar la crianza, pero también coincide con estudios prolongados, maternidades tardías y elevados costes de vivienda.

La vivienda como anticonceptivo

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en su informe Society at a Glance 2024, identifica los elevados costes residenciales como uno de los factores que dificultan la fecundidad. La vivienda condiciona la emancipación, la convivencia en pareja, la posibilidad de disponer de una habitación adicional y la seguridad de mantener un hogar durante los años de crianza.
La educación también ha ampliado las oportunidades profesionales femeninas y ha permitido decidir libremente cuándo y si se desea tener hijos.

La OCDE señala que los permisos parentales, los servicios de educación infantil y un reparto más equilibrado de los cuidados pueden contribuir a facilitar las decisiones reproductivas. La cuestión, por tanto, no es que las mujeres estudien o trabajen demasiado, sino por qué tener hijos resulta tan difícil de compatibilizar con una trayectoria profesional.

La inmigración constituye otro elemento importante del debate. Según el INE, en 2024 el 33,3% de los niños nacidos en España tenía una madre nacida en el extranjero. Si se considera la nacionalidad, el porcentaje de madres extranjeras era del 25,6%.
Las diferencias de fecundidad, sin embargo, resultan menos acusadas de lo que podría suponerse: 1,07 hijos por mujer entre las de nacionalidad española y 1,27 entre las extranjeras. Por tanto, aunque la inmigración contribuye a sostener los nacimientos y rejuvenecer parcialmente la población, ambos grupos presentan tasas muy inferiores al reemplazo generacional.

¿Puede regresar el baby boom?

El descenso de la natalidad podría ser una fase pasajera y una etapa de mayor certidumbre y prosperidad favorecer una recuperación espectacular. La historia ofrece precedentes. Después de la Segunda Guerra Mundial, numerosos países occidentales experimentaron un baby boom, impulsado por la recuperación económica, la expansión de la vivienda y unas expectativas de estabilidad. Pero aquellas sociedades eran muy diferentes. Las mujeres tenían menos oportunidades profesionales, el matrimonio se producía antes y la descendencia ocupaba un lugar central en los proyectos familiares.

Por otra parte, el auge de la inteligencia artificial exige preguntarse si será imprescindible aumentar la población para mantener la prosperidad. La automatización podría permitir producir más con menos trabajadores. Sin embargo, esta perspectiva contrasta con la tesis de uno de sus mayores impulsores, Elon Musk, convencido de que la caída de la natalidad representa una de las grandes amenazas para la supervivencia de nuestra civilización.

Paternidad
El magnate Elon Musk, aparentemente obsesionado con el apocalipsis, ya tiene 14 hijos
Grok

El multimillonario, padre de al menos 14 hijos y uno de los principales defensores del pronatalismo, lleva años alertando del peligro de un colapso demográfico. Cree que la humanidad corre un riesgo mayor por la escasez de nacimientos que por el exceso de población. Una interpretación alarmista que no coincide plenamente con las proyecciones demográficas mundiales, aunque sí apunta a los problemas de envejecimiento y despoblación que afrontan numerosos países.

La paradoja es que el propio Musk pronostica un futuro en el que apenas necesitaremos trabajar. Durante el Foro Económico Mundial de Davos, celebrado en enero de 2026, defendió que la inteligencia artificial y los robots humanoides permitirán alcanzar una abundancia económica sin precedentes. En su visión, el trabajo humano terminaría siendo una elección y no una necesidad.

La realidad, de momento, es más modesta. Un estudio publicado en enero de 2026 por el Banco Europeo de Inversiones, basado en datos de más de 12.000 empresas europeas y estadounidenses, concluyó que la adopción de inteligencia artificial incrementaba aproximadamente un 4% la productividad laboral, sin provocar pérdidas de empleo empresarial a corto plazo. Aunque la tecnología permitiera producir más con menos trabajadores, el envejecimiento seguiría planteando dificultades para financiar pensiones, sanidad y cuidados.

Europa ha aprendido a vivir más años y a controlar su reproducción, pero no ha resuelto cómo conseguir que la maternidad y la paternidad sean compatibles con sus conquistas. Nunca hemos tenido tanta libertad para decidir si queremos hijos y, sin embargo, muchas personas que sí los desean encuentran más dificultades que nunca para tenerlos.

TAGS DE ESTA NOTICIA