Amenaza

Ciberataques a los frigoríficos: ¿puede pasar en España?

Ramsés Gallego, experto en ciberseguridad, nos explica cómo se han manipulado los sistemas de refrigeración. España figura entre los tres países de la UE que no han incorporado la nueva directiva de ciberseguridad

Una escena de 'Casas de cartón'.
Una escena de 'Casas de cartón'.

En algunos establecimientos europeos, los sistemas de refrigeración han llegado a registrar en las últimas semanas temperaturas de 50 grados. Toneladas de alimentos han terminado en la basura. Y lo más inquietante es que nadie sabe quién ha dado la orden. Entre el 12 de octubre y el 3 de noviembre, dos oleadas de ciberataques han puesto en jaque los sistemas de refrigeración de centenares de establecimientos. Lo que comenzó en Francia se ha extendido a Bélgica, Suecia, Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos, Estonia, Finlandia, Italia y Portugal, entre otros países donde también se investigan incidentes.

“Nos sorprende porque demuestra que es económicamente viable y tecnológicamente posible”, reflexiona Ramsés Gallego, jefe de Tecnología de Ciberseguridad de DXC Technology. A su juicio, el episodio tiene una gravedad mayor que las pérdidas comerciales. “Demuestra hasta qué punto nuestra vida cotidiana depende de dispositivos conectados cuya protección no siempre ha avanzado al mismo ritmo que sus prestaciones”.

Manipulación en los sistemas

La primera gran ofensiva tuvo lugar durante la noche del 11 al 12 de octubre. En Francia, entre 500 y 700 supermercados se vieron afectados por la manipulación de sus sistemas frigoríficos. Los atacantes consiguieron activar y prolongar los ciclos de descongelación, una función completamente normal que sirve para eliminar la escarcha acumulada en los equipos. La maquinaria permaneció calentándose durante horas. Hubo pérdidas millonarias, daños materiales e incluso algunos incendios.

Tres semanas después, durante la madrugada del 2 de noviembre, se reprodujo en buena parte de Europa. En Bélgica se registraron incidentes en establecimientos de Carrefour, Delhaize, Intermarché y otras cadenas. En Suecia, 23 tiendas de ICA resultaron afectadas. En Irlanda, la cadena SuperValu comunicó problemas en 13 supermercados.

Un balda de edulcorantes en un supermercado
Numerosos productos han tenido que ser retirados al perder la cadena de frío

La amenaza también ha llegado a la Península Ibérica. En Portugal, siete establecimientos Intermarché sufrieron alteraciones en sus sistemas de refrigeración y tres perdieron mercancía. La empresa apunta a un posible ataque contra un proveedor externo responsable de gestionar las instalaciones.

La Comisión Europea convocó el martes reuniones con Europol y representantes de los Estados miembros. El comisario de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen, considera que los incidentes constituyen un intento deliberado de perturbar la cadena de suministro alimentario y socavar la confianza de los consumidores. Bruselas, sin embargo, todavía no ha determinado quién está detrás ni si todos los ataques forman parte de una misma operación.

La vulnerabilidad de las contraseñas

¿Cómo puede alguien introducirse en un frigorífico desde el otro extremo del mundo? La explicación está en una tecnología que, paradójicamente, fue concebida para mejorar su funcionamiento. “Muchos sistemas de refrigeración comerciales están conectados a Internet. Gracias a ello, los técnicos pueden supervisar las temperaturas, detectar averías, modificar parámetros y realizar tareas de mantenimiento sin desplazarse físicamente a los establecimientos. Es una ventaja económica y operativa considerable. Pero también puede convertirse en una puerta de entrada”, detalla Gallego.

“Desde el punto de vista de la ingeniería, los avances son magníficos, pero ¿nadie se preocupa de las barreras para protegerlos?», se pregunta. Su diagnóstico apunta a “una higiene digital escasa”: dispositivos con contraseñas débiles, configuraciones inseguras, programas desactualizados o interfaces de administración directamente expuestas a Internet.

En agosto, dos meses antes de los ataques, investigadores de la empresa de ciberseguridad Claroty ya habían identificado vulnerabilidades en controladores de refrigeración de Danfoss y miles de interfaces de gestión accesibles públicamente. La agencia francesa de ciberseguridad, ANSSI, ha confirmado compromisos en dispositivos de Danfoss, Copeland y Dixell, algunos de ellos antiguos o sin las actualizaciones necesarias.

Aquí convergen las tecnologías de la información, conocidas como TI o IT, y las tecnologías operacionales, denominadas OT. Las primeras gestionan datos, aplicaciones y redes informáticas. Las segundas controlan procesos físicos, desde la temperatura de una cámara frigorífica hasta el funcionamiento de una instalación industrial. Estos mundos, que permanecían separados, ahora comparten conexiones, sistemas y vulnerabilidades.

“No hemos aprendido”, lamenta Gallego al recordar los ataques que ya se produjeron contra cámaras de vigilancia conectadas. El problema, explica, es que cada nueva incorporación al universo digital amplía la superficie potencial de ataque. Hoy son frigoríficos; mañana podrían ser sistemas de climatización, instalaciones energéticas, automóviles conectados o infraestructuras industriales.

Cientos de personas formaron largas colas en los mostradores de facturación y muchos otros permanecieron a la espera de noticias de sus vuelos este sábado en el aeropuerto de Bruselas, tras el ciberataque ocurrido durante la noche del viernes contra su proveedor de servicios de facturación y embarque.
EFE/Paula Andrés

La amenaza no consiste únicamente en robar información. Consiste en utilizar la tecnología para producir consecuencias en el mundo físico. Y cuando se altera la conservación de alimentos, el daño deja de ser exclusivamente informático para convertirse también en económico, operativo y potencialmente sanitario.

El Banksy de los ciberataques

Existe otro elemento que desconcierta especialmente al experto: el silencio de los responsables. “Los ataques informáticos suelen perseguir objetivos conocidos. Unos buscan dinero mediante extorsiones, otros sustraen información para venderla y algunos responden a intereses geopolíticos. También hay grupos que reivindican sus acciones para ganar notoriedad”.

Aquí, por ahora, no ha aparecido ninguna exigencia económica, ninguna reivindicación ni una firma. Este silencio nos lleva en el mundo del arte a Banksy. Como el artista callejero británico, cuya identidad despierta todo tipo de especulaciones, los autores de estos sabotajes permanecen ocultos mientras sus intervenciones adquieren una enorme repercusión pública. La diferencia es que aquí no queda una provocación artística que pueda subastarse, sino congeladores vacíos y alimentos destruidos.

Obra de Bansky

¿Pretenden enviar un mensaje? Para Gallego, podría tratarse de una demostración de fuerza, una forma de advertir de que los sistemas no están suficientemente protegidos. En cualquier caso, estaríamos ante una operación de bandera falsa para ocultar la procedencia de los ciberataques. “El autor puede estar actuando desde cualquier lugar del mundo. Puede incluso estar en Malasia y conseguir que parezca que está en Portugal”, explica. La investigaciónanálisis técnico y una reconstrucción de las evidencias que puede prolongarse durante meses.

Gallego tampoco descarta que la inteligencia artificial pueda facilitar determinadas operaciones maliciosas. Sin embargo, en estos incidentes asegura que ha habido una voluntad humana. Las investigaciones apuntan, de momento, a la explotación de debilidades conocidas y sistemas insuficientemente protegidos.

La asignatura pendiente de España

¿Podría ocurrir lo mismo en España? La respuesta técnica es afirmativa. Fuentes de la distribución alimentaria española han explicado esta semana que aquí resulta poco habitual externalizar el control remoto de las instalaciones frigoríficas mediante sistemas centralizados de terceros. Esa descentralización reduce el riesgo de que la vulneración de un único proveedor afecte simultáneamente a numerosos establecimientos, pero no lo elimina. El analista de seguridad Marcelino Madrigal ha localizado más de 300 equipos de refrigeración y climatización accesibles desde Internet en España. Su presencia demuestra que existen dispositivos potencialmente expuestos que necesitan una revisión de seguridad.

Gallego señala, además, una debilidad normativa. España figura entre los tres Estados miembros de la Unión Europea que, a 2 de noviembre, todavía no habían completado la transposición de la directiva NIS2, junto con Francia e Irlanda. La norma refuerza las obligaciones de prevención, vigilancia, gestión de riesgos y notificación de incidentes en sectores considerados críticos o relevantes.
En julio de 2026, la Comisión Europea decidió llevar a España ante el Tribunal de Justicia de la UE por el retraso, junto con otros tres países que entonces seguían pendientes.

Cómo prevenir el siguiente ataque

La agencia francesa de ciberseguridad aconseja retirar de Internet las interfaces de administración de los equipos, limitar el acceso remoto a redes protegidas o conexiones VPN, instalar las actualizaciones disponibles y sustituir las contraseñas predeterminadas. También es imprescindible comprobar la configuración de los ciclos de descongelación, revisar las alarmas, identificar qué proveedores pueden acceder a los dispositivos y sustituir los equipos que han llegado al final de su vida útil y ya no reciben parches de seguridad.

¿Quién debe garantizar la seguridad? ¿El fabricante del controlador, la empresa que instala la refrigeración, el proveedor encargado del mantenimiento o el supermercado que utiliza el equipo? Gallego recurre a una imagen medieval para describir la necesidad de defensa. “Los castillos se construían con murallas, fosos y bastiones porque nadie concebía dejar abierta su puerta principal”. En ciberseguridad, ese proceso de reforzar sistemas recibe el nombre de bastionado. Europa ha levantado una enorme infraestructura digital alrededor de su vida cotidiana, pero no ha construido las murallas correspondientes.

Lo que acaba de suceder en Europa es, sobre todo, un aviso de que la seguridad de los objetos cotidianos forma parte de la seguridad colectiva. Como resume Gallego, “proteger es parte de la sociedad”.