Entrevista

El Camino de Santiago como herramienta educativa: “Si te detienes, eso es mágico”

Hablamos con María Díaz de la Cebosa, presidenta en España de la Fundación Robert & Ethel Kennedy Human Rights. Cada año cambia durante unos días las aulas por la ruta jacobea

María Díaz de la Cebosa, filántropa y presidenta de
María Díaz de la Cebosa, filántropa y presidenta de la Fundación Robert & Ethel Kennedy Human Rights

A María Díaz de la Cebosa se le ocurrió que una buena manera de educar a los jóvenes del siglo XXI podía ser ponerles una mochila a la espalda y echarlos a andar. Desde 2017 lleva al Camino de Santiago a chicos españoles, estadounidenses y de otros países, algunos procedentes de familias con pocos recursos o de situaciones difíciles. Durante unos días se enfrentan a kilómetros que a veces se hacen interminables, cansancio y ampollas. También hay ratos en los que no pasa gran cosa, pero de eso se trata.

“Si tomas conciencia y te detienes mientras haces el Camino de Santiago, si te preocupas por el entorno, por quién quieres ser y qué quieres hacer, eso es mágico. Los jóvenes se integran en la naturaleza y en lo humano, se encuentran consigo mismos y con su espiritualidad”, nos dice en una entrevista con Artículo 14.

Cercana a la familia Kennedy

Díaz de la Cebosa, filántropa, preside CIS University, una institución universitaria estadounidense establecida en Madrid, y lleva buena parte de su vida entre España y Estados Unidos. En 1995 cofundó Cruzada por los Niños y posteriormente creó la International Studies Foundation. Desde 2015 es también presidenta en España la Robert & Ethel Kennedy Human Rights Foundation. La organización se presentó oficialmente en Madrid en 2019 con Kerry Kennedy, hija de Robert y Ethel y sobrina de John F. Kennedy.

Kerry Kennedy y María Díaz de la Cebosa

Kerry tenía nueve años cuando asesinaron a su padre en Los Ángeles, en junio de 1968. De adulta escogió los derechos humanos como centro de su vida profesional y confió en Díaz de la Cebosa para impulsar en España Speak Truth to Power, el programa educativo nacido del libro en el que reunió las historias de decenas de defensores de los derechos humanos.

María ayudó a introducirlo en colegios y universidades españolas. Esa colaboración le ha permitido conocer a los Kennedy más allá leyenda familiar de Camelot, las fotografías de Jackie o los veranos en Hyannis Port. Es la parte menos vistosa de un apellido que lleva décadas ligado a causas sociales.

En 2016 se estrenó en Madrid Voces desde la oscuridad, basado en Speak Truth to Power, con testimonios de personas que habían arriesgado su libertad y, en algunos casos, su vida. Cuando habla de los Kennedy, Díaz de la Cebosa se detiene especialmente en Ethel. Tenía 40 años, diez hijos y esperaba el undécimo cuando asesinaron a Robert Kennedy. “Lo que he podido descubrir de la familia Kennedy es la generosidad de Ethel, que ha entregado su vida al legado de Robert Kennedy”, explica.

Ethel murió en 2024, a los 96 años. “El gran objetivo de la familia es que ese legado sirva para mejorar el mundo en materia de derechos humanos”. Ese Robert es también el que le interesa a ella. El político que recorrió algunas de las zonas más pobres de Estados Unidos, se implicó en la lucha por los derechos civiles y convirtió la desigualdad en uno de los asuntos centrales de su discurso.

“Querer todo para hoy genera ansiedad”

Después de tantos años trabajando con estudiantes, Díaz de la Cebosa se resiste a aceptar la idea de una generación perdida que se desprende del último informe PISA. “Es una generación muy informada, pero le falta cultura del pensamiento crítico. Todo es rápido y todo se quiere para hoy, y eso genera ansiedad”.

La información está disponible como nunca antes. Lo difícil, según dice, es decidir qué hacer con ella, hacerse una pregunta propia o soportar durante un rato no tener una respuesta inmediata. “Hay que pedirle al alumno que haga una pausa, que aprenda a prestar atención, a leer, a escuchar y a preguntar. No pasa nada por equivocarse”.

María Díaz de la Cebosa

El programa del Camino comenzó en 2017 sin más planteamiento que caminar. Algunos de los primeros jóvenes que participaron han vuelto a escribirle años después. Uno ingresó en el Ejército y le contó que todavía recurría a lo aprendido durante aquellos días cuando necesitaba fortaleza. Otra chica llegó este año atravesando una mala época y empezó a escribir un blog durante el Camino. Iba contando lo que quería cambiar mientras avanzaba. Díaz de la Cebosa desconfía de una educación concebida únicamente para engordar currículos. “El dinero no es el objetivo, es un resultado de lo que hayas hecho. El objetivo nunca debe ser material”.

Qué admira de los americanos

Creció en una familia de seis hermanos. Su padre era ingeniero de Caminos y matemático, con un interés especial por la cultura y la enseñanza. De su madre recuerda, sobre todo, la entrega. Con seis hijos en casa, esa entrega era pura logística.

Su relación con Estados Unidos acabaría marcando buena parte de su trayectoria profesional. Miami ha reconocido en varias ocasiones su trabajo educativo y social y, después de tantos años con un pie en cada país, tiene bastante claro qué admira de cada uno.
De los estadounidenses se quedaría con “su sentido práctico y el orgullo de pertenencia a su país”. A ellos les recomendaría mirar hacia “nuestra creatividad y ese saber vivir el día a día, ese disfrute de la vida que define nuestra forma de celebrar la existencia”.

Hay, sin embargo, algo que le preocupa más allá de las diferencias entre países o generaciones es la tendencia a acostumbrarse. Ver una injusticia tantas veces que termina formando parte de lo cotidiano. “La amenaza que más me preocupa es la inmovilidad. Muchas veces no nos activamos ante la injusticia. Se habla de derechos humanos sin entender que esos derechos conllevan una obligación”.
Después de tantos años intentando que los jóvenes miren alrededor, les pide que reconozcan ese momento en que hay que dejar de seguir de largo y decir: “Hasta aquí”.

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