España se prepara para un nuevo episodio de temperaturas extremas apenas unos días después de cerrar uno de los meses de junio más calurosos registrados. Desde este fin de semana, una potente dorsal anticiclónica se instalará sobre la Península y favorecerá la formación de un domo de calor capaz de mantener el aire recalentado durante varias jornadas.
La situación provocará máximas superiores a los 35 grados en gran parte del territorio y valores que podrán alcanzar los 40 o 42 grados en los principales valles del interior. Los modelos más intensos no descartan registros puntuales todavía más elevados en el suroeste, especialmente en el valle del Guadalquivir, aunque estas cifras deberán concretarse conforme se acerque el momento de mayor calor.
El episodio no afectará únicamente a las horas centrales. Las noches volverán a ser tropicales o tórridas en numerosas localidades, con mínimas que en algunos puntos del sur, el Mediterráneo y Canarias podrían permanecer por encima de los 25 grados.
Qué es un domo de calor y por qué convierte España en un horno
El llamado domo de calor no es una cúpula física que encierre el aire, sino una forma gráfica de describir una configuración atmosférica dominada por altas presiones muy persistentes. En las capas altas aparece una dorsal, una especie de lengua de aire cálido que se extiende hacia el norte y dificulta la llegada de masas más frescas.
En el interior del anticiclón, el aire desciende lentamente hacia la superficie mediante un proceso conocido como subsidencia. Al bajar, aumenta la presión que soporta y se comprime. Esa compresión hace que se caliente y pierda humedad, reduciendo además la formación de nubes que podrían frenar la radiación solar.
El resultado se parece al funcionamiento de una tapa colocada sobre una cazuela. El aire caliente permanece durante más tiempo sobre la misma región y continúa recalentándose cada día. El suelo recibe muchas horas de sol, acumula energía y devuelve parte de ese calor a la atmósfera, reforzando el episodio.
Por este motivo, no siempre es necesaria una llegada directa de aire abrasador desde el norte de África. La propia configuración atmosférica puede recalentar una masa de aire situada previamente sobre la Península y activar lo que algunos meteorólogos denominan el “horno ibérico”.
Cuándo comenzará el episodio y qué zonas sufrirán más

El ascenso térmico empezará a notarse con claridad desde el viernes, aunque será durante el fin de semana cuando el domo de calor alcance una mayor intensidad. La dorsal permanecerá prácticamente estacionaria y prolongará las temperaturas anómalamente elevadas durante los primeros días de la próxima semana.
Las zonas más afectadas serán previsiblemente el valle del Guadalquivir, las vegas del Guadiana, Huelva y otros sectores del interior de Andalucía y Extremadura. En estas áreas, las máximas se moverán alrededor de los 40 o 42 grados, sin descartar valores localmente superiores si la nubosidad y el polvo en suspensión no limitan el calentamiento.
También se superarán ampliamente los 35 grados en Castilla-La Mancha, la Comunidad de Madrid, el interior de la Comunidad Valenciana, Aragón y determinados puntos de Castilla y León. El calor será menos intenso en las costas, las zonas montañosas y algunos sectores del extremo norte, aunque incluso el Cantábrico podría experimentar un ascenso notable.
Canarias merece una atención especial. Algunas islas podrían registrar temperaturas cercanas o superiores a los 40 grados, especialmente en medianías orientadas al sur y al oeste, donde el relieve puede incrementar todavía más el calentamiento.
Las noches tórridas serán uno de los principales riesgos
El problema del domo de calor no estará únicamente en las máximas diurnas. La persistencia del aire cálido y la elevada temperatura acumulada en edificios, calles y superficies impedirá que el ambiente se refresque durante la madrugada.
En distintas localidades del sur peninsular, la costa mediterránea y Canarias, los termómetros podrían no bajar de los 25 grados. Son las denominadas noches tórridas, especialmente peligrosas porque dificultan el descanso y prolongan el estrés térmico sobre el organismo.
Las personas mayores, los niños pequeños, los enfermos crónicos y quienes trabajan al aire libre vuelven a ser los grupos más vulnerables. Beber agua con frecuencia, evitar el ejercicio intenso durante las horas centrales y mantener las viviendas protegidas de la radiación directa serán medidas especialmente importantes.
Calor extremo, incendios y tormentas secas

La estabilidad no impedirá por completo la aparición de tormentas. El paso de pequeñas ondas atmosféricas y el fuerte calentamiento de la superficie pueden generar núcleos aislados desde el domingo, principalmente en áreas montañosas y puntos del interior.
Algunas de estas tormentas dejarán poca precipitación, pero podrán ir acompañadas de abundante aparato eléctrico y fuertes rachas de viento. La combinación de vegetación seca, temperaturas extremas, rayos y vendavales elevará considerablemente el riesgo de incendios forestales.
Todavía es pronto para confirmar si el episodio cumplirá todos los criterios oficiales de una ola de calor. Para ello deben superarse determinados umbrales térmicos durante al menos tres días y en una extensión significativa del territorio. Lo que ya parece claro es que el domo de calor devolverá a España a un ambiente abrasador, con escaso alivio nocturno y sin apenas descanso entre un episodio extremo y el siguiente.

