Salvo excepciones, los medios de comunicación siguen contado el mundo con los papeles ya repartidos. Ellos lideran, deciden, ejecutan, salvan, cambian y explican; ellas acompañan, inspiran o sufren las consecuencias. No es una norma escrita, pero sí una inercia. La mujer aparece como víctima, musa, madre sacrificada o figura ambiciosa (que no deja de ser una forma elegante de sospecha). En el mejor de los casos, protagoniza historias donde su físico ocupa más espacio que sus ideas, como si su existencia pública necesitara siempre una validación visual.
Da igual que sea política, científica o deportista, en algún momento aparecerá el detalle sobre su vestido, su peinado o su edad, un dato que en los hombres suele ser ocasional. Esta asimetría es la que el Global Media Monitoring Project (GMMP) lleva más de treinta años analizando. “La fotografía que devuelven hoy los medios de comunicación en España dista de reflejar la realidad social a la que dicen servir. Tres décadas después de que este proyecto internacional comenzara a evaluar la representación de género en las noticias, los avances se han ralentizado hasta casi detenerse”, explica la profesora e investigadora de la Universidad de Málaga Teresa Vera Balanza, coordinadora de la sexta edición del informe.

De los datos que ofrece, hay uno especialmente contundente: solo el 29% de las personas que aparecen como sujetos informativos en las noticias son mujeres. “La cifra no solo evidencia desigualdad, sino que confirma un estancamiento preocupante que pone en cuestión el compromiso democrático de los medios”.
Reyes y peones
Si los medios fuesen un tablero de ajedrez, ellos serían los estrategas y las piezas clave. Ellas ocuparían un lugar más ornamental que decisivo. “No porque no existan mujeres liderando, investigando, creando o gobernando, sino porque, cuando lo hacen, no siempre se sabe cómo integrarlas sin recurrir a moldes conocidos”, matiza Vera Balanza. Surgen entonces los atajos, como humanizarlas desde lo personal (“¿cómo concilia?”) o suavizarlas desde lo estético.
El estudio, elaborado a partir del análisis de 467 informaciones de 33 medios (prensa, televisión, radio y diarios digitales) y más de 1.400 sujetos informativos, permite observar con precisión no solo cuánto aparecen las mujeres, sino cómo lo hacen. Y ahí el diagnóstico se vuelve más complejo porque la desigualdad no es únicamente cuantitativa, sino también cualitativa.
Jerarquía temática
“Uno de los aspectos más reveladores del informe es el desequilibrio en las temáticas informativas. La economía domina la agenda mediática, con un 36% de presencia en prensa y televisión, seguida por la política y los contenidos sociales y legales”, detalla la investigadora. La presencia femenina, por el contrario, sigue siendo limitada y, en muchos casos, sesgada. Especialmente llamativa es la escasa cobertura de la violencia contra las mujeres, que apenas representa el 1% de las noticias analizadas, un dato que contrasta con la relevancia social del problema.
La presencia de la mujer queda encuadrada, por tanto, en marcos muy concretos. De hecho, el 40% aparece en informaciones sobre violencia de género y el 41% en contenidos vinculados a celebridades. “Su visibilidad -resume Vera-queda muy lejos de la diversidad real de roles que desempeñan en la sociedad”.
Pocas, y además estereotipadas
La investigación confirma que las mujeres no solo aparecen menos, sino que lo hacen bajo patrones tradicionales. Menos de un tercio de las fuentes informativas son mujeres, con diferencias según el medio: alrededor del 40% en televisión, pero apenas un 22% en radio y un 27% en prensa y medios digitales.
Más significativo aún es el tipo de roles que se les asigna. El 88% de las mujeres que aparecen en las noticias son identificadas como amas de casa y un 73% está vinculado a profesiones relacionadas con los cuidados, la salud o la asistencia. El 58% desempeña trabajos administrativos. Su presencia como expertas o voces autorizadas sigue siendo limitada, pese a que un 32% de sus intervenciones se enmarcan formalmente en ese rol.
Además, los referentes femeninos proyectados desde los medios tienden a alejarse de lo cotidiano. El 57% de las mujeres representadas son celebridades y el 50% están vinculadas a la realeza. “Este enfoque – apunta la profesora malagueña- contribuye a construir una imagen distorsionada. Las mujeres aparecen o bien como figuras excepcionales o bien encasilladas en roles tradicionales, pero rara vez como protagonistas de la vida pública en condiciones de igualdad”.

Redacciones desiguales
El desequilibrio no se limita a los contenidos; también se reproduce dentro de las propias redacciones. Según el informe, las mujeres representan de media el 35% de los profesionales de los medios, aunque con diferencias significativas según el soporte. Son mayoría en televisión (57%), pero su presencia desciende al 26% en los medios digitales.
Cuando se incluyen tareas de presentación y locución, los porcentajes femeninos aumentan hasta el 73% en televisión. Significa que las mujeres tienen mayor visibilidad en roles asociados a la imagen y la comunicación directa con la audiencia, pero no necesariamente en posiciones de decisión o producción de contenidos.
El análisis por secciones refleja la persistencia de estereotipos. Las mujeres tienden a cubrir informaciones sobre celebridades, mientras que los hombres dominan áreas como el deporte. “Aunque se observan avances puntuales, como una mayor presencia femenina en temas económicos o políticos, siguen siendo insuficientes para transformar un sector muy desigual”.
El informe delata también una diferencia generacional relevante. El 86% de las profesionales mujeres se concentra entre los 31 y 50 años, mientras que los hombres presentan trayectorias más largas y continuadas, extendiéndose hasta edades cercanas a la jubilación.
Una de las conclusiones más preocupantes, según advierte su coordinadora, es la ausencia de una tendencia clara de mejora. “En algunos casos, incluso se detecta un retroceso respecto a ediciones anteriores. Los medios digitales, que en 2020 parecían avanzar hacia una mayor inclusión, han reducido la presencia femenina en esta última medición”.
Qué nos estamos perdiendo
Además, las informaciones con enfoque explícito de igualdad de género siguen siendo minoritarias. No alcanzan el 10% del total. Esto refuerza la idea de que la perspectiva de género no está integrada de forma transversal en la práctica periodística. Solo aparece de manera puntual y marginal.
La conclusión para la profesora a Vera es clara: “Los medios no están acompañando los cambios sociales al ritmo necesario. Se está desaprovechando la capacidad de numerosas fuentes expertas y, en cierta medida, se incumple el mandato democrático de representar a la sociedad en su diversidad”.
El análisis invita a ir más allá del recuento. “No se trata solo de cuántas mujeres aparecen, sino de qué papel desempeñan. Las mujeres están, pero no ocupan en la misma medida los espacios de legitimidad, competencia y poder. Treinta años después del inicio del GMMP, la igualdad en los medios sigue siendo una asignatura pendiente.
