West Quincy en Missouri, era un lugar donde la gente miraba el agua con preocupación. Al otro lado del puente estaba Quincy, perteneciente al estado de Illinois. En medio de los dos, un dique intentaba aguantar los miles de litros de agua que no cesaban de caer del cielo. Durante días los vecinos, voluntarios y equipos de rescate trabajaron sin parar para reforzarlo. Hasta que el 16 de julio, justo cuando el río parecía dar un respiro, el dique se rompió. El agua cubrió 57 km2 y arrasó el pueblo, dejando la ciudad sin comunicación, cientos de personas sin hogar y negocios destrozados.

En medio de todo ese desorden apareció James Scott. Tenía 24 años y había trabajado en el dique como voluntario. Cuando llegaron las cámaras, contó lo que habían sido los últimos días: los puntos débiles del dique, cómo cargaban los sacos de arena, y el esfuerzo de toda la comunidad.

Un policía llamado Neal Baker, vio la entrevista en televisión y sintió que algo no cuadraba. Neal conocía a James desde hacía años, lo había arrestado en varias ocasiones por robar y provocar incendios. “Se me encendieron las alarmas mientras le escuchaba”. Mientras tanto, los investigadores encontraron algo que no encajaba con el suceso: alguien había movido varios sacos de arena.
Cuando James fue interrogado, negó haber provocado incidente alguno. Su versión era que había visto un punto débil y trató de hacer algo, pero el dique se derrumbó. “historia heroica sobre cómo intentó salvar el dique, pero lo hacía con una extraña satisfacción” declaró uno de los oficiales.
Finalmente confesó: él había roto el dique para que su esposa Susie quedara atrapada al otro lado del río al cortar las carreteras. Quería salir con sus amigos.
En el juicio varios testigos declararon que lo habían oído hablar de lo mucho que le beneficiaría si el dique se rompiera. Uno de ellos afirmó que” Scott quería dejar a su esposa atrapada en Misuri para poder divertirse sin ella”.

El caso se disparó en los medios. La historia de un tipo que había inundado un pueblo entero solo para tener una aventura era demasiado escandalosa como para no salir en todos los periódicos del país.
El jurado lo halló culpable de “causar una catástrofe” y fue sentenciado a cadena perpetua.
Y así es como se grabó la imagen de James Scott: no la del hombre cubierto de barro, sino la del saboteador que hundió un pueblo entero por una mezcla de estupidez y egoísmo.
